09/08/2025
80 AÑOS DE LA MAS GRANDE BESTIALIDAD HUMANA.
El 4 de enero se 2010 muere a la edad de 93 años Tsutomo Yamaguchi, uno de los mas de cuatrocientos mil hibakushas que dejó la mas grande muestra de bestialidad que ha registrado la historia y que dió origen a la constante y latente posibilidad de que el ser humano desaparezca de la faz del universo gracias al peor invento que la inteligencia haya creado…la bomba atómica.
Se llama hibakushas a los sobrevivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y que por su condición de haber recibido radiación o quemaduras de la bomba son discriminados y revictimizados, pero que gracias a ellos conocimos los horrores que las inocentes personas vivenciaron esos infernales lunes 6 y jueves 9 de agosto de 1945 cuando el indolente e inhumano presidente Harry Truman ordenara el bombardeo, y fueron ellos, los hibakushas los que contaron al mundo que ese lunes 6 de agosto vieron como desde el cielo venía el peor de los in****nos que ha vivido la humanidad, ellos contaron como a seiscientos metros antes de tocar el piso, el aire se incendió y se observó una destellante luz blanca fruto de la explosión mas gigantesca que se haya visto hasta nuestros días y como en milésimas de segundo ellos mirando desde altas colinas y a kilómetros de distancia vieron que todo lo existente desaparecía en una llamarada de colores que de blanco pasó a amarillo, naranja, rojo negro y luego se invisibilizó de una polvareda que subió hacia los cielos formando un gigante hongo de escombros hecho el mas fino polvo y fueron ellos quienes minutos después de este estallido vieron a los sobrevivientes que estando a kilómetros del epicentro de la explosión como corrian desnudos, sin ropa y sin piel y como caían con sus ojos fuera de sus orbitas o desmembrados y cómo los que estaban mas retirados buscando fuentes de agua para aliviar sus quemaduras y como cuando se tiraban dentro de ellas mas se quemaban pues la temperatura del agua era más caliente que la del ambiente pues el millón de grados centígrados que había liberado la bomba, había derretido las construcciones, el acero, el hormigón y hasta la arena del piso y por lo tanto todo lo que se tocaba hasta el piso que derretía las suelas de los zapatos quemaba, quemaba hasta mas no poder, y fueron ellos, los hibakushas quienes contaron al mundo que quienes estaban lejos muy lejos de donde cayó la bomba corrían desesperados como locos hacia ninguna parte y hacia todas partes porque no entendían que había pasado y porqué sentían que se estaban quemando de adentro hacia afuera y no entendían por qué algunos de ellos caían mu***os revolcándoze en medio de los mas grandes dolores pues efectivamente sus hígados sus pulmones y todas sus entrañas se quemaban como en un horno microondas de adentro hacia afuera a causa de la radiación. Y también fueron ellos, los hibakushas quienes contaron al mundo como 3horas después de que el Enola Gay que fue el avión que soltó la bomba y dos aviones B29 que lo escoltaban se iban dejando atrás toda esa carga emocional de dolor y muerte, no se hallaron para ver como se desprendió sobre Hirishima una lluvia con grandes gotas negras como el petroleo que irritaban y seguían quemando las heridas de quienes eran presa del dolor aumentado por la acides de esa lluvia, locos del dolor por no tener donde refugiarse pues toda construcción existente había desaparecido y tener que esperar y aguantar por varios días el dolor pues no hubo atención medica por que la bomba explotó justo encima del hospital y las comunicaciones dejaron de existir cuando se dió la explosión pues pulverizo y derritió equipos y la noticia de que la ciudad había desaparecido sólo se supo por rumores de ciudades vecinas que a pesar de la distancia escucharon la explosión y vieron el mortal hongo atómico cuando subía con sus remolinos amarillos naranjas y rojos que habían visto, pero que su lógica hacía que algo fuera de este mundo había pasado y enviaran aviones de reconocimiento para afirmar lo que ya se sospechaba y que los pilotos atónitos y mu***os del dolor confirmaran lo que los pilotos que enviaron la bomba habían visto, confirmaran el espectáculo dantesco, el in****no que abajo se vivía, las cenizas, incendios, hierros retorcidos, cuerpos cercenados, carbonizados o derretidos, personas revolcándose en un fango negro que por su acides derretía su cuerpo entre mas se revolcaban del dolor, personas que como zombis corrían y gritaban de dolor seres, que no sabían lo que pasaba ni mucho menos lo que había que hacer.
Muchos años después los hibakushas supieron que lo que habían vivido y lo que habían visto fue la explosión de la primera bomba atómica en esta humanidad, sabrían que se llamaba litle boy o en español niño pequeño y que el horror que Hiroshima vivió ese lunes seis de agosto a las 8 y 15 minutos de la mañana se repetiría el jueves nueve de agosto a las once y un minuto y cuarenta y tres segundos cuando se lanzó la segunda bomba llamada fast man (hombre gordo) sobre la ciudad de Nagasaki sumando otros cuarenta mil mu***os mas a los setenta mil que habían caido en Hiroshima, y que este sólo sería el inicio de una cadena de otros 140.000 mu***os que a futuro y hoy 73 años después siguen cobrando su estela de dolor y muerte como causa de la radiación que quienes para su época aunque lejanos al lugar de los acontecimientos sin saber la recibieron y que son ellos, los mas de 400.000 hirakushas los que aun viven y nos recuerdan que no hace mucho el ser humano demostró por qué es capaz de crear el instrumento de su propio dolor y destrucción y que con el arsenal nuclear que se tiene hoy, hay capacidad para acabar no solo una sino mas de 40 veces la vida sobre el planeta y son ellos, los hirakushas quienes nos invitan a reflexionar porque una guerra mundial es posible así como es posible desparecer toda señal vital en la tierra y quienes nos hacen reflexionar para que juntos alcemos nuestras voces y digamos todos que como seres superiores y provistos de inteligencia gritemos que nunca, pero nunca desearemos y nunca vamos a querer que esto se repita y que nunca y por siempre nuestras generaciones recuerden el peor de los in****nos que por esos días se vivió en un planeta llamado tierra.
Luis Servando González.