24/04/2026
La vereda Puente Peláez está ubicada en la cimas de las montañas de la Cordillera Central de Los Andes que formaron parte del llamado “Partido de La Miel”. Comienza a ser poblada gracias a los colonos que van llegando a tierras guarceñas y que se desplazan por el camino que atravesaba la vereda y que iba hacia el río Cauca.
La finca La Isabel fue de suma importancia en la historia veredal ya que el propietario de ésta, don Antonio José Peláez, hizo un puente sobre el río La Miel que fue denominado: Puente Peláez en honor a don Antonio y del que nace el nombre de la vereda. Esta finca es vendida en el año de 1918 por 2.600 (pesos oro) al señor Cipriano Peláez proveniente de Fredonia.
Entre los primeros vecinos de la Finca La Isabel se encontraban Nicanor Mejía, Blas Mejía, Mariano Montoya, Pedro Pablo Mejía, Matías Vallejo, Julio Cadavid, Antonio Mejía, Ángel Mejía, Martín Domingo Henao, Luis María Cadavid, Romelia Vélez de Cadavid, Pedro Jaramillo y posteriormente el líder Alvarito Villada. (Por ser tan numerosas las familias de Puente Peláez al final anexaré un listado de las principales familias, las descritas anteriormente, fueron los pioneros y más recordados habitantes del lugar).
Quienes llegaban a El Retiro se maravillaban con el paraje de Puente Peláez, muchos vieron estas tierras fértiles y propicias para hacer fincas de recreo, de producción agrícola y ganadera. La vereda tiene una extensión de 1.223 hectáreas y para el año 2006 contaba con aproximadamente 240 habitantes.
Entre las fincas más recordadas en la vereda se encuentran: El Sinú, La Cancana, La Montañita, El Silencio (que es un reserva natural ubicada en los límites con la vereda La Luz), La Florida, Las Tapias, La Manchurria, Alto del Sol y La Botero, que fue un sitio importante, ya que cuando la vía veredal se amplió, permitió el ingreso de vehículos hasta este lugar donde los habitantes de las veredas Puente Peláez, Nazareth y La Luz, entre otras, llevaban los productos o mercancías, convirtiéndose éste, en un sitio o punto referente de la vereda. Son muy conmemorados los días en que los campesinos iban hasta el pueblo “a pie limpio” a llevar papa y otros productos para la venta.
Cuando alguien se enfermaba, lo sacaban en camillas artesanales hechas de guadua o maderos. Los ataúdes los amarraban a las guaduas cuando moría alguien y lo sacaban en hombros. En las noches se alumbraban los caminos con aceite de higuerilla (la higuerilla es una planta que ha servido para la iluminación), o con velas de cebo, que eran introducidas dentro de los antiguos tarros de galletas, hechos en lata, que se agujereaban para permitir que la luz escapara por las aberturas. A los temperantes o viajeros ocasionales se les cargaba en silletas a la espalda con una cincha en la cabeza, con esto se recuerda al gran Sinforiano quién fue uno de los últimos cargueros.
Hoy en día los caballos son un aliado importante de los habitantes de Puente Peláez, hasta el punto que las cabalgatas son de las mayores actividades recreativas y comerciales de la región.
Fragmento del Artículo Historia de la vereda Puente Pelaéz de Andrés Gómez Patiño.
(Este y otros artículos más en la Edición 11 de la Revista Los Guarceños)