17/05/2026
Romanos 8:2-4 NVI
[2] pues por medio de él la ley del Espíritu de vida te ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. [3] En efecto, la Ley no pudo liberarnos porque la carne anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en una condición semejante a la de los pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la carne, [4] a fin de que la justa demanda de la Ley se cumpliera en nosotros, que no vivimos según la carne, sino según el Espíritu.