19/02/2024
Insinuar que la deshumanización de los hombres negros se debió exclusivamente a negarles su papel de patriarcas implica que para tener un concepto positivo de sí mismos los hombres negros tenían que subyugar a las mujeres negras, una idea que únicamente sirve para apuntalar un orden social sexista.
A los hombres negros esclavizados se los despojó del estatus de patriarcas que había caracterizado su situación social en África, pero no se les arrebató su masculinidad. Pese a todos los debates populares que afirman que a los hombres negros se los castró figuradamente, a lo largo de la historia de la esclavitud en Estados Unidos a los hombres esclavos se les permitió mantener una cierta semblanza del rol masculino definido por la sociedad.
Tanto en la época colonial como en el mundo contemporáneo, la
masculinidad implicaba poseer atributos como fuerza, virilidad, vigor y capacidad física. Era precisamente esa «masculinidad» del hombre africano lo que primaban los negreros. Los hombres africanos jóvenes, fuertes y sanos eran su principal objetivo, porque precisamente lo que le reportaba mayor rentabilidad por su inversión era la venta de africanos viriles que pudieran emplearse como mano de obra. El hecho de que las personas blancas reconocieran la «masculinidad» del hombre negro queda
demostrado en las tareas asignadas a la mayoría de los esclavos negros.
Ningún registro histórico indica la cantidad de esclavos negros a quienes se obligó a desempeñar papeles por tradición realizados exclusivamente por mujeres. Sí existen, en cambio, evidencias de lo contrario, las cuales documentan el hecho de que muchos africanos esclavizados se negaban a realizar muchas tareas porque las consideraban trabajo «de mujeres».
Si a las mujeres y a los hombres blancos les hubiera obsesionado de verdad la idea de destruir la masculinidad negra, podrían haber castrado físicamente a todos los hombres negros a bordo de los barcos negreros o haberlos obligado a ponerse ropa «femenina» o a desempeñar tareas consideradas «de mujeres». Los amos de esclavos blancos eran ambivalentes en su trato del hombre negro, porque, mientras que por un lado aprovechaban su masculinidad, por el otro institucionalizaron medidas para mantener dicha
masculinidad bajo control.
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