19/01/2021
EL PAÍS O DE LA PARCIALIDAD MEDIÁTICA
Las motivaciones del periódico El País de Cali para atacar la labor del alcalde Jorge Iván Ospina de manera sistemática y premeditada, están lejos de responder a un interés meramente informativo de ejercicio de la libertad de prensa y el control político que deben hacer los medios de comunicación en una democracia.
Se entiende que los medios de comunicación, como empresas privadas y con ánimo de lucro, respondan a los intereses de sus dueños, por lo general castas políticas y económicas, pero ampararse en ser un canal de difusión pública para un ejercicio propagandístico, sembrar odio y, desde sus enfurecidas fauces lanzar una sarta de mentiras día a día, dista mucho de lo que debe representar el llamado cuarto poder. Pero es que las razones de accionistas y directivos del medio en cuestión, son de diversa índole, y que este texto intentará develar.
La primera razón es la sed de venganza que aún sigue viva. Recordemos que, en la campaña a la Alcaldía de Cali del año 2007, el médico arrasó en las urnas a Francisco José Lloreda, exdirector y dueño del medio, algo que nunca ha sido superado por la plutocrática familia, que ante tamaña inversión, no pudo contener el clamor de caleños y caleñas por un gobierno popular.
La segunda razón es que, durante la campaña electoral del 2007, fue donde se desnudó que El País no pagaba el impuesto predial que le correspondía y que evade constantemente esta responsabilidad con la ciudad a pesar de que posan de guardianes de los recursos públicos. La justicia demostró que El País falsificó su ficha catastral para pagar una cifra irrisoria al fisco durante años.
La tercera razón es que El País ha sido aportante efectivo a las campañas de élite de Rodrigo Guerrero y Maurice Armitage, recibiendo millonarios beneficios en contraprestación en negocios de pauta publicitaria. El exalcalde Armitage admitió en su momento que su Gobierno le dio al diario diez mil millones de pesos en pauta publicitaria sólo en sus primeros tres años de mandato; más del 50 por ciento de lo que se le asignó al resto de medios de comunicación.
Al encontrarse en una crítica situación financiera, y en consecuencia acogerse a un proceso de reorganización empresarial (Ley 1116 del 2006), este diario prefirió ser complaciente en términos investigativos con la anterior administración; antes que llegar a perder el oxigeno financiero brindado con el dinero de los caleños y caleñas.
La cuarta razón es que el señor Diego Martínez Lloreda le quedó mal al periódico, pues se comprometió a impedir la elección de Ospina nuevamente como alcalde en el 2019, a través de sus columnas de opinión y cizaña en redes sociales, cosa que no sucedió, con lo cual quedó demostrado su poco o nulo impacto en la opinión pública.
Con estas razones queda demostrado que el interés del otrora principal diario de Cali va más allá de lo periodístico. No es gratuito entonces que estén particularmente enfocados en magnificar la información negativa hacia la actual administración, y omitir de forma descarada las noticias positivas que implican los logros de la administración que lidera el médico Ospina Gómez.
¿Por qué? Porque quieren vender la idea de un falso fracaso para insistir en la apuesta por un candidato de ilustre apellido que ya perdió. Guardan la esperanza de un gobierno amigo que les siga brindando el alivio económico para sostener su moribundo medio de comunicación.
Por ejemplo, la exclusiva dedicación a demostrar que el alcalde Ospina ha celebrado un número determinado de contratos interadministrativos para llevar a cabo diferentes frentes de inversión jamás es contrastada con el indicador de la pasada administración Armitage, que de hecho supera en número y dinero a la actual, pero este dato jamás es reconocido por sobradas razones.
Queda entonces en tela de juicio nuevamente la objetividad periodística de El País, a pesar de que lideró la presidencia de la Sociedad Interamericana de Prensa, de manera conveniente, ahogando todas las denuncias que llegan a esa entidad por su falta de ética y estatura moral para dirigir la opinión pública de la ciudad.
Sólo queda hacer un llamado a la comunidad para que tengamos una actitud más reflexiva frente a lo que nos vende un medio de comunicación, a generar nuestra propia opinión contrastando la información y no tragando entero porque destruir es fácil y dañino. El verdadero reto es construir ciudad, a pesar de los que únicamente quieren engordar sus cuentas en paraísos fiscales.