La actual fábrica social implanta la explotación y ganancia -base y timón de este buque- en la conducta de cada ser humano. Crea necesidades ficticias, instaura el consumo y la competencia, y somete toda idea y relación social a la necesidad de valorizar el valor; destruyendo todo resquicio de apoyo mutuo e incentivando el individualismo y relaciones sociales basadas en el interés personal, sembrando desde lo micro su germen de explotación. Por ello, cada persona al nacer está plenamente predeterminada por este entramado social; su forma de pensar, actuar, relacionarse y responder a su entorno ésta sometido a las necesidades del engranaje mundial, lo cual hace una dualidad: el sistema socio-económico crea a las personas, y a su vez, las personas al encontrarse inmersos en esta sociedad enferma, reproducen y fortalecen el actual orden; sirviendo como elemento de defensa del capitalismo. Cada día, inmersos en la maquinaría social, sentimos la carencia de un desarrollo individual y colectivo lo cual sumado con las actuales crisis –ambientales, humanitarias y económicas, normales del capitalismo- muestra la necesaria destrucción de esta realidad y búsqueda de una transformación social. Esta necesidad de cambio, no es algo ineluctable (un suceso que antes o después debe suceder), sino una posibilidad; necesidad de lo posible. “El dinero en esta sociedad es necesario. Una vida sin dinero es posible. Para hacer experiencia de esto es necesario destruir esta sociedad”. Comprendemos que la necesaria transformación debe recorrer todos los ámbitos; destruyendo la carencia de sentido de la vida impuesta y mostrando la banalidad de la ideología dominante y de los bienes materiales que ésta difunde. Y solo se podrá desarrollar si trastornamos tiempo y espacio, e imaginamos nuevas relaciones sociales. Teniendo presente que nuestros deseos están sometidos al yugo de lo que conocemos, consideramos necesario generar espacios que sirvan como medios de difusión y crítica a esta realidad de miseria y opresión; espacios donde se ahonde en la necesidad de una revolución total y real del mundo. Por lo anterior, el Centro Cultural Barrio Gaitán es un espacio autogestionado que sirve de medio para la generación de actividades que propenden por la difusión de nuestra negación como explotados. Donde se establece otro tipo de relaciones basadas en el apoyo mutuo y reconocimiento, destruyendo toda relación coercitiva e incentivando al desarrollo individual y colectivo que solo la lucha directa contra toda idea e institución autoritaria genera. Y es por esto, que el deseo de cambiar cuanto antes la vida no sólo lo comprendemos, sino que es uno de los criterios con el cual buscamos a nuestros compañerxs. “La voluntad de vivir las propias ideas y crear la teoría a partir de la propia vida no es ciertamente la búsqueda de ejemplaridades (y de su revés paternalista y jerárquico), sino antes el rechazo de toda ideología, incluida la del placer.”