Pasos De Paz Pedagogías De Paz

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SOMOS Un grupo interdisciplinario unido por la inquietud y la necesidad de abrir espacios de diálogo y reflexión alrededor de experiencias de pa

Recuperamos la fe en la condición humana, le apostamos a la fuerza de lo invisible, mediante relatos, fragmentos de vida y reflexiones que permiten el desentrañamiento de los miedos, a la sensibilización frente al dolor de los otros; lo hacemos apoyándonos en la presencia de la voz de aquellos que le dan sentido a nuestra existencia. Pasos de Paz Pedagogías de Paz cree en el despertar del poten

Photos from Pasos De Paz Pedagogías De Paz's post 24/10/2022
07/06/2022

Carta Nº11

Hola Rector.

Aprovecho que está comenzando a nevar, que el calor de la casa es un buen anfitrión y que tengo mucho para contarle.

Eve, es una pequeña de enormes ojos negros que miran siempre desde abajo. No levanta su cara, no mira de frente, no sostiene la mirada, parece avergonzada. Permanece siempre en una mesa alejada del grupo, con una maestra - exclusiva para ella- que le habla en voz muy baja para no interrumpir la clase en la que ella, no participa.

Con los días, entiendo que Eve tiene dificultades para aprender y que la escuela le ofrece apoyo. Le permiten ocupar un espacio dentro del mismo salón. Ella mira a sus compañeros y a la maestra del grupo, con una mirada entre nostálgica y hostil.

Un día, nuestras miradas se encuentran y con un gesto, la invito a sentarse junto a mi, en el mismo círculo de sus compañeros. Ella, entiende mi invitación y en un acto de rebeldía se levanta de su silla, deja a su asombrada maestra y se vincula al grupo, sentándose a mi lado.

Tal vez mi carácter de invitada cohíbe a sus maestros para hacerla regresar. Eve permanece todo el día – y los días siguientes- conmigo, y asiste por primera vez a todas las clases. Participa en música, en deporte, en arte, y ante sus asombrados maestros, se muestra cada vez más segura, participativa y sonriente.

Sus compañeros la reconocen y se acercan más a ella, pero la niña prefiere estar en la aparente seguridad que le brinda mi cercanía.

Con los días, asume un nuevo rol, se convierte en mi maestra y comienza a enseñarme palabras en inglés, me pide con frecuencia que las repita después de mostrarme objetos y espacios del colegio, que ella me indica con sus dedos pequeños.

Durante el primer recreo, noté su torpeza motriz, torpeza que se fue disipando con ejercicios que hacíamos las dos. Los maestros cuchicheaban a nuestro paso y cuando nos veían jugar. Aprendió a recibir un balón, sin cubrirse la cara, a saltar en un pie y con los pies juntos, participó en las rondas sencillas que proponía el maestro de música, y le permitieron usar pinceles. La duración de estas clases, - arte, música- es de veinte minutos; me quedé pensando que, en nuestro colegio, allá en Colombia, estas clases cobraron tal importancia para la vida de los niños y maestros, que en los horarios se encontraban dos bloques de trabajo de dos horas académicas cada uno, para el arte, para la música, y para el cuerpo.

Finalmente aprendimos las dos, -Eve y yo- la una de la otra, la otra de la una. Reconocimos nuestras carencias y jugamos a superarlas, ella notó que yo no entendía el inglés y se identificó conmigo. Yo también tenía carencias, y era como ella.

Cuando me despido de ese colegio, pasado un mes, le pido a todos los dioses, que los maestros le permitan a Eve continuar participando con su grupo de compañeros, porque ella y yo sabemos que puede, que debe y que necesita hacerlo.

Comienzo a extrañarlos mucho

Un abrazo
Esperanza Chía

29/05/2022

Carta Nº 10

Buenos días rector.

Hoy quiero contarte de mi llegada y parte de la experiencia vivida, en otra ciudad de la extensa Canadá.
La ciudad es pequeña pero, en ella se encuentran centros comerciales, paisajes hermosos y en ésta,
– como en todas las ciudades - es notoria la pobreza que no era visible en los anteriores sitios. Parece ser un problema de las ciudades.
Hoy he visitado dos colegios. Uno de niños pequeños y otro de adolescentes. Estaré en calidad de observadora en algunas clases. Los maestros lo saben y me permitirán elegir.

En el colegio de niños elijo acompañar a un grupo de segundo de primaria porque puedo comparar lo que ocurre al interior de las clases de los niños canadienses inscritos en el mismo grado de escolaridad, con los niños colombianos de esas edades a los que conozco muy bien.

El curso tiene aproximadamente 28 estudiantes entre niños y niñas. La maestra me presenta y les cuenta que no hablo ingles. Todos se sientan alrededor de unas mesas circulares en donde hay cabida para seis niños.

En un pupitre individual casi junto a la puerta de salida, está una niña - después me entero que se llama Eve- y a su lado, una maestra que le habla casi al oído. Otra maestra, la principal, se dirige a todo el grupo y les enseña la construcción de oraciones.

Me siento junto a los niños en una pequeña silla y al momento, se acerca a mí, un niño rubio con grandes ojos verdes que le hacen ver especialmente dulce.

Se presenta, me dice su nombre “Devon” Al final de la jornada, me toma de la mano y me invita a un sitio fuera del colegio. No entiendo bien de que se trata, pero lo sigo. Atravesamos una carrilera del tren, el niño se detiene e intenta hacerme entender cómo viaja el tren. Me muestra plantas, me habla de ellas, su sonrisa es encantadora. Creo que siente que debe protegerme y yo, me siento querida por un niño maravilloso.

Al fin llegamos al sitio prometido. Es un almacén enorme en donde se puede encontrar desde un botón, hasta una cama.

Entra sonriendo, saluda a todos los empleados uno a uno y me presenta como su maestra de Colombia. Alguien le pregunta de qué, soy maestra. él, me mira y responde: de Math. Pero les aclara, que yo no hablo inglés, entonces los empleados no me hacen preguntas.
El me cuenta, que les ayuda, que recoge cajas de cartón dentro del almacén, que ordena lo que ellos dicen y a cambio, le dan galletas y leche. Me guía hasta la sección de mujeres y ahí se despide de mí para regresar a casa.

Durante todas sus clases, se sienta a mi lado y yo, siento que me protege. Se ha convertido en mi ángel. Un ángel pecoso de ojos verdes y una sonrisa permanente que le ilumina el rostro.

No me deja sola, salvo cuando estoy con algún adulto o con su compañera de salón Eve.

Luego te cuento sobre Eve.

Un abrazo cálido

28/04/2022

Carta número 9

Querido y recordado Rector.

En mi nuevo hogar, una casa de madera rústica, hermosa, llena de calor tanto humano como artificial, pude compartir con una pareja bastante especial.

Ella, una maestra de música retirada. El, un señor de edad avanzada que camina lento, arrastra un poco los pies y no habla mucho. Él, hace de cazador de venados. Su esposa, antes maestra, ahora permanece en casa. Cocina, recicla y en varios momentos del día, se sienta al piano y toca alguna melodía corta, en la que se puede leer su estado de ánimo. Algunas suenan alegres, poderosas y otras llenas de melancolía.

Un día, el señor me hace una señal de invitación para que lo acompañe. El desea que yo conozca algo que está fuera de su casa en una especie de bodega. El invierno está comenzando y la bodega situada lejos de la casa, se ve fría, húmeda y oscura.

Cuando estamos dentro, enciende una luz muy brillante que convierte en sombras y duplica lo que enseguida reconozco con asombro.

Me muestra con orgullo hermosas y majestuosas cabezas que algún día pertenecieron a ejemplares de venados. Sus cuerpos han sido reemplazados por una tabla plana que sostiene cada una de las cabezas. Sus cornamentas son ramificaciones gigantes, y en sus ojos parecen quedar grabadas las ultimas imágenes.

Para el señor, son trofeos. Me los enseña uno a uno con orgullo, casi con altivez. Pienso al ver estos trofeos, que debieron ser animales majestuosos que cayeron ante la mirada feliz de su cazador.

Ante mi mutismo y desasosiego, la señora me busca luego, para contarme que, en esa comarca llena de bosques, se tienen establecidas unas normas para la cacería. Cada familia tiene derecho a un venado en el año y su esposo es el cazador oficial.

Las familias le buscan y le autorizan cazar el venado que les corresponde. Una vez mu**to el ejemplar, - en esa bodega de la que acabo de salir casi huyendo- se le quita la piel y la carne. Estas, se entregan a la familia de turno. Grandes refrigeradores contienen la carne para agregarla a su alimentación en el fuerte invierno canadiense.

El señor recibe además del pago, una parte de la carne, a veces la piel y en ocasiones la cabeza de los animales que ha logrado cazar. La comarca no es muy grande no esta sobrepoblada y siento que la cadena alimenticia, aunque dolorosa, se respeta.

Le escribiré luego.
Un abrazo
Esperanza Chia

21/03/2022

Carta número 8

Señor rector.

Hoy he dejado Truro. Siento que se ha quedado un pedacito de mi, con la pareja que me acogió en esa casa lejana, en las afueras del pueblo. Ahí vi el paso del otoño, lo vi en el paisaje, en el cambio de la ropa, en el aire, en la luz.

Vi como los árboles adquirieron diferentes tonalidades de color en sus hojas, pasando del verde intenso, al naranja, amarillo, ocre, café… hasta que un día cansados de cambiar el color de sus trajes, deciden aprovechar el viento para dejar caer sus hojas y formar nuevos tapetes en el piso.

Sin hojas, desnudos, ya no cubrirán ni protegerán. Están listos para centrar su fuerza, su vida, sus memorias, su origen, en los gruesos tallos o en las delgadas ramas que permanecen en ellos. Están preparados para un largo sueño. Así, los encuentra la nieve, los cubre con pijamas blancas hasta que llegue el momento de despertar nuevamente.

Entre los árboles, corren los animales pequeños que presienten la llegada del frío. Ardillas, conejos, liebres, pájaros de todos los tamaños que deben emigrar o buscar refugio y comida…

Un puerco espín se defiende del perro que me ha acompañado siempre y que ahora decide juguetearle, le lanza unas púas que se incrustan en su cabeza. No puedo sacarlas. Mas tarde en casa, le ayudaron con un alicate especial y usando toda la fuerza, para sacar cada espina gigante que se fue adentrando poco a poco en su piel y que le causaba enorme dolor.

Viajaremos a otra ciudad en Cape Breton. Nos recogerá una chica tan bella como adorable. Allí, conoceremos a las familias que nos acogerán por un mes más. Nos esperan reunidas en una sola casa. Nosotros somos el motivo para conocerse, para ofrecerse apoyo, para compartir. Al anochecer, cada uno se dirige al que será su nuevo hogar por un mes, con sus nuevos amigos. recoger una chica tan bella como adorable. Allí conocimos a las familias que nos acogerán por un mes más. Nos esperan reunidas en una sola casa. Nosotros somos el motivo para conocerse, para ofrecerse apoyo, para compartir. Al anochecer, cada uno se dirige al que será su nuevo hogar, con sus nuevos amigos.

Una maestra universitaria será mi nueva guía, mi apoyo en estas lejanas y un tanto extrañas tierras. Ella es maestra en la universidad de Cape Breton. Vive en un apartamento. No es común que haya apartamentos en estos sitios y los pocos que hay, están hechos con materiales liviano como la madera. Así es el edificio en donde viviré. Otro viaje comienza...

Esperanza Chia Gómez

13/03/2022

Nadie nos quita lo que somos.
No somos lo que tenemos.
El amor por el otro por mi otro, eso que no creo ser; pero que también soy.
Y que nos duele y que no queremos ver lo ofrezco paz en el corazón.
Ana Lucía Martinez

05/03/2022

Carta número 7

Señor Rector, de nuevo yo.

Mis cartas, aunque no las envíe -porque temo agobiarlo- solamente tienen como objetivo compartirle lo que veo en este sistema educativo tan parecido, pero tan diferente a nuestras búsquedas.
Primero quiero comentarle que me he enterado de las dificultades por las que atraviesa en este momento el colegio. Pero estoy segura, que saldremos fortalecidos porque Ud. sabe convertir los problemas -por grandes que sean- en puntos de apertura para nuevos comienzos.

Llevo dos días en un nuevo colegio y ya han dejado huella en mi.
Cuando conocí al Director General, -o Principal como le llaman acá- me llevó por unos cuantos salones a donde me presentaba ante chicos y profesores, como la maestra de español, que al día siguiente les enseñaría algunas palabras, con las cuales podrían dar la bienvenida a un grupo de niñas colombianas que, desde Medellín, arribarán a Canadá en el mes de Octubre.

Así que, sin saber inglés les dije mi nombre en ese idioma y el resto en español. Fue un poco contradictorio y gracioso.

Creo que soy una verdadera maestra cuando tengo frente a mí, a un grupo de chicos porque en ese momento y solamente en ese momento, sale de mi interior una fuerza desconocida que me ayuda a trasmitirles mi pasión y el mundo se reduce a ese instante sin que me importe si soy observadora u objeto de observación… solos, los chicos y yo.

Esa mañana me presenté ante varios grupos de quinto sexto y séptimo anunciándoles que, pronto estaría con ellos. Al día siguiente me hicieron entrega de un horario de trabajo y me llevé una sorpresa cuando vi los minutos que debía permanecer en cada salón. El horario preparado para mí, era increíble, comenzaba a las 9 y terminaba a las 2:30 de la tarde, con un receso de 10 minutos a media mañana y un espacio de treinta minutos para almorzar. Debía atender aproximadamente a doce grupos, con períodos de 20 minutos cada uno en la mañana y 15 minutos en los grupos de la tarde.
Fue una maratón agotadora y divertida. Recordé nuestros bloques de dos horas de trabajo y lo mucho que sufrimos al comienzo, cuando todos estábamos acostumbrados a los 45 minutos de clase.
Recuerdo que se unieron dos espacios de 45 minutos y también, la angustia de los maestros al pensar en cómo, se podía soportar a esos chicos por espacio de 90 minutos.
También viene a mi memoria, lo mucho que se disfrutó después y los negocios que hacíamos entre todos, para permanecer más tiempo con los chicos, terminando de componer una canción, un poema, un cuadro, una caminata... eran horas en las que podíamos construir, escribir, leer, hablar, discutir y avanzar, construir y dialogar, pensar y buscar soluciones. ¡Un verdadero aprendizaje! ¡

Así que nada podía hacer en 20 minutos. Cuando comenzaba a coger fuerza el ejercicio preparado, el tiempo se agotaba y todo quedaba inconcluso. La actitud de algunas maestras fue beatífica pues mi bajo nivel de inglés era tan notorio, que una de ellas, se dio a la tarea de interpretarles todo cuanto decía y proponía y por supuesto no siempre lograba entender. Otras se alejaban con cierta prudencia y el ejercicio fluía.

Pase la mañana corriendo y recorriendo. Cuando llegó la hora del almuerzo ya tenia muchos chicos que me saludaban en el pasillo con un ¡hola! Algunos intentaban hablar conmigo y apenas podía responder, pero podía entender que tenían familia en México o amigos que hablaban el español, o que habían viajado a países de habla hispana. Al finalizar el día, en un momento, sentí que perdía mi fuerza, pero la fuerza de los niños me levantó.

Mañana escribiré nuevamente.

Esperanza Chía Gómez

25/01/2022

Carta número 6

Señor Rector.

Buenos días.

Hace días que no envío cartas, aunque las escribo a diario. Me detiene el saber que allí, entre el tiempo que nunca es suficiente, las mil y una cosas por hacer y lo que se vive desde cada pequeño mundo, no permiten leer apaciblemente. Esta carta, tampoco será enviada, pero… quedará escrita.

He llegado a un pueblo nuevo, a una nueva familia y por supuesto, a una nueva escuela para mi. El invierno es fuerte, la temperatura comienza a bajar de forma incontrolada. En las casas, se ha guardado parte del mobiliario, ropa, zapatos… los han puesto a dormir por el mismo tiempo en que dormirán los árboles viejos. Del verano y del otoño ya queda poco, se han despedido, todo está cambiando, la ropa, el olor de las casas, el color, el sabor de las comidas, hasta las llantas de los carros se han cambiado.

He visto la nieve por primera vez y la he disfrutado con tanta alegría que los dueños de casa sentían mi alegría y mi sorpresa, como algo más bien infantil. Sentir la nieve en mis manos, en mi cara, en lo poco de piel que queda al descubierto, es una experiencia inigualable. Aparecen los primeros muñecos de nieve junto a las casas.

Los adultos sufren la nieve, los niños la disfrutan…improvisan resbaladeros en las pequeñas laderas y sus risas y gritos se pierden en medio del ruido que el viento hace tratando de tumbar, las últimas hojas de los árboles.
Esta mañana he despertado creyendo que la noche aún dormía sobre nuestro sueño, he corrido las cortinas pesadas de la habitación y lo he visto todo cubierto de un manto blanco, que me recuerda las postales que llegaban a casa por la navidad.

Los niños canadienses me han preguntado si en mi país hay invierno y les he dicho que, en Colombia se viven todas las estaciones a veces en un solo día. Recordaba con esta respuesta, como nos vestimos antes de salir de casa.

En las mañanas, salimos hacia el trabajo provistos de chaquetas bufandas y a veces guantes. Cuando el astro se planta alto y perdemos nuestra sombra, nos despojamos de casi todo, bajo el fuerte abrazo que nos enrojece la piel. Cuando el sol comienza a despedirse, a perder su poder, es posible que aparezcan los paraguas y las botas de lluvia, buscando mantener la ropa seca y los pies tibios. Al final del día, regresamos a casa con la misma ropa con que habíamos salido, porque el frío cómplice del cansancio, se vuelve a sentir y nos acobarda la piel.

Para los niños, el solo pensar que no hay estaciones, lo sienten aburrido, para los adultos es maravilloso solo de imaginarlo. Pero todo esta previsto para los cambios de estación.

Cuando las tempestades de nieve cubren techos calles, avenidas y edificios - que por estos lugares son pocos y no pasan de cinco pisos- se suelen tener palas, para abrirse camino al salir de casa. Y para las avenidas, existen carros especiales que van regando sal en el piso para que ésta, derrita la nieve y se facilite el que las llantas rueden. Ahora entiendo por qué, no existen carros viejos en estos lugares. La sal de los inviernos tiende a podrir las partes bajas de los carros y a la vuelta de cinco inviernos se tornan casi inservibles. Un abrazo.
Esperanza Chía G

12/01/2022

Carta número 5

Señor Rector
Buenas noches

Hoy estuve en la biblioteca del nuevo colegio y encontré entre otros, el tan mencionado Beowulf en tres ediciones diferentes, la más antigua de 1954 y la más reciente de 1973.
Encontré algunos ejemplares de poesía Rusa, China, Africana y Force of Circunstance by Simone de Beauvoir en una edición grande de Penguin books.

Todos los libros tienen un sello que dice Please Return to library- la verdad no creo que se desaparezcan muchos- uno de los pocos libros ilustrados hermosamente se llama The man who planted trees.

Encontré un pequeño libro de Moliere con seis de sus comedias; a Frank Kafka en edición de 1958 con la obra completa en 400 páginas y lo mejor fue cuando descubrí a Thomas Mann y un libro de Brecht, muchos libros de Joyce, - no su obra- en donde él, es el centro de estudio de otros autores.
Igual ocurre con Virginia Wolf, Tolkien, un tomo de la Iliada desde 1980 y una biografía de Homero. Pero también descubrí que no eran las obras de estos últimos, eran escritores y críticos de las obras

Todos los libros que se relacionan con Canadá están marcados con un sticker que es una bandera del país altamente reconocida y respetada. En este nuevo colegio, antes de comenzar las clases, los niños se colocan la mano derecha sobre el corazón - igual que los jugadores de fútbol - y saludan a la bandera que siempre está en cada salón - en donde no ondea mucho -

Las biografías tienen sticker verde con la imagen de un libro y una B en el centro de ese libro. La mayoría no han sido abiertos en muchos días y esto se puede sentir cuando la nariz se resiente, pues están clausurados por el polvo.

He recorrido anaqueles y solo uno está marcado con la palabra literatura. Por fin encontré a Shakespeare. Mi corazón se acelera cuando pienso que voy a encontrar en alguna biblioteca de éstas, un ejemplar de 100 años de Soledad.

Ya te contaré. Un abrazo

Esperanza Chía Gómez

29/12/2021

Carta número 4

Buenos días rector¡¡¡

Qué bueno tener problemas que se relacionen con otros y no solamente con el idioma. Acá – en Canadá - no tengo a quien molestar porque nadie me entiende, y yo, no entiendo a nadie. Pero el día que logre hacerme entender ya sabrán de mi. - ¡Tengo tanto para contar¡¡¡¡

En los pasillos de este colegio no se oye nada mientras los chicos y maestros están en clase - me recuerdan el Ecce Homo de Villa de Leyva – y pienso que aprender, también debería ser un acto de aquietamiento, meditación y reflexión silenciosa.

Cuando suena un timbre se ve movimiento total de chicos, que van siempre en dos direcciones contrarias, respetando la derecha y la izquierda y te pueden atropellar si estas mal ubicado. Ellos tienen solamente minutos, para llegar antes de comenzar una nueva clase.
Para cada clase hay un escenario diferente, que está relacionado con el maestro y lo que quiere enseñar, porque aquí, contrario a nuestro sistema, el salón le pertenece al maestro y son los chicos quienes se desplazan para tomar las clases, para ellos, solo hay un Locker y unos pasillos y los alrededores de la escuela.

En estos momentos, estoy tomando clases de inglés y asisto como una estudiante más, junto a chicos mexicanos, brasileros, coreanos, tailandeses, una rusa, y un chino, que no entiende nada de nada y, además, su timidez y dificultad motriz no le facilitan hacer trabajo de clase y menos aún, hacerse entender.

Es un pobre chino, - como se dice en Colombia a los niños- pero no un chino pobre. Comprendo que, si está aquí, es porque tiene dinero. Ayer, no soporté su ausencia dentro de la clase y en mi lenguaje de gestos, le pedí que me ayudara a pegar una especie de cartelera que había elaborado sobre Colombia (en ese momento noté sus dificultades motrices) luego me pregunté: ¿Cómo logré hacerme entender? El, debía hacer la bandera y el escudo de su país. Ante mi intervención, la maestra notó- por primera vez - que podía ser ayudado de mejor forma. Le consiguió un librillo que contenía banderas y escudos, para mostrarle la actividad. Lo importante del caso, es que el chino después de muchos días de clase, pudo hacer algo y por primera vez le vi sonreír.

Los mexicanos y los colombianos se parecen mucho; en clase preguntan y creo que han aprendido más ingles fuera del colegio, que dentro de este.
Sin embargo, en las escuelas, son considerados tontos porque sólo van a Canadá a divertirse y no quieren aprender nada, así que también, se dejan de lado un poco. Ayer hablé con uno de ellos, el más risueño de los chicos mexicanos, y me dijo que no le gustaba la rigidez de los canadienses, siempre tan serios… tan tristes.

Este mensaje llega a su fin por hoy, no deseo robarle más tiempo pues comprendo que lo necesitas para lo urgente y lo importante.

Te envío un enorme abrazo y mis recuerdos para todos. Empiezo a extrañarlos.

Esperanza Chía Gómez

11/11/2021

Carta número 3

Hola Rector¡¡¡

En Canadá, el frio se siente cada día con mayor fuerza. Estoy aún en la primera casa a dónde fui acogida. Siento que la pareja con la que vivo, está tan ansiosa como yo. Afortunadamente la señora habla español y he podido comunicarme con ella un poco más. Le he preguntado tantas cosas, que ella y yo, hemos fortalecido el español. Ella, intentando responderme, yo intentando preguntarle de manera sencilla y adecuada. No es fácil formular buenas preguntas ni hacerse entender por quienes no hablan la misma lengua y sin embargo, necesitan comunicarse.

En el colegio, he asistido en calidad de observadora a dos clases de teatro y una de danza. Le explique a mi chaperona - es maestra en ese colegio- que yo extrañaba -cosa paradójica- el ruido de los salones y que me asustaba el silencio de los suyos, aunque las clases tienen el silencio total que cualquier maestro desearía por 15 minutos. Carecen de risa, de discusiones, discrepancias, empujones y a veces se extrañan los balones que golpean en la ventana en la mitad de la clase, y los comentarios de pasillo, ese aprendizaje vital que se hace fuera del aula.

- ¿Te cuento algo? ¡Nicolás me pega ¡me contó un día, un niño muy pequeño y se refería a su hermano adolescente que había sido alumno mío. ¿Te golpea? ¡No es posible ¡- le conteste con cara de furia fingida- pues lo voy a llamar, lo voy a regañar… el niño ante mi teatralidad me toma la mano y me dice suavemente - Pero tranquila Esperancita, el me pega pasito-

En lo poco que he podido observar, los maestros se sienten orgullosos de ese silencio, de la aceptación de lo dicho, del resultado, de lo esperado, … de su trabajo. Se les ve felices con sus buenos alumnos, orgullosos de que hayan aprendido lo enseñado… sin preguntar. Aquellos niños que no responden en la misma medida, al mismo rasero, se les aísla del grupo (con ellos se conforma otro) para que puedan nivelarse y un maestro se dedica a
desarrollar actividades que respondan mínimamente a lo exigido.

Nosotros, nos enorgullecemos de lo contrario. Creo que este mundo esta al revés, pero prefiero el lado que me ha tocado. No puedo dejar de comparar lo que hacemos con lo que veo hacer. No puedo dejar de recordar a nuestros niños que han sido diagnosticados, con todo tipo de déficits escolares y de vida -, sordos, autistas, ciegos, en silla de ruedas, con muletas… -sentados entre los compañeros, quienes se han convertido en sus guías, apoyos, en sus amigos.
Una inclusión que nos ha costado. Padres que siempre tienen miedo a que sus hijos se atrasen -como ellos mismos lo manifiestan- miedo a ser contagiados. Maestros asustados frente a la diferencia. Frente a la clase que debe ser pensada de varias maneras para un mismo grupo. Maestros que solamente frente a la necesidad, hemos tenido que investigar, proponer, ensayar compartir e incluir en nuestros sueños a esos niños que no reaccionan ni actúan igual. Maestros que hemos visto el enorme valor de tener grupos conformados por niños diferentes. Es un valor que se traduce más en lo humano que en lo académico. Qué buen equipo pedagógico se ha conformado bajo su guía.

Señor rector le escribo después.
Un abrazo

10/10/2021

Carta numero 2

Hola rector.

Nuevamente yo. Sé, que el tiempo es corto y que será un milagro que me leas, pero igual seguiré escribiéndole y contándole mis apreciaciones en estas lejanas y un poco extrañas tierras. Extrañas, no porque sean diferentes, más bien, porque quienes las habitan, marcan la diferencia.

Ayer al salir del colegio, quise cruzar la calle. Debo reconocer primero, que las calles estaban tan impecables que no tuve más remedio que recordar las nuestras en Bogotá, y aunque resulte odioso comparar, pensé, que nosotros no amamos nuestras ciudades. Pensé. ¿Por qué teniendo tantos recipientes para la basura en cada cuadra, en cada esquina, las calles siempre están sucias? Y recordé lo que siempre decías a los chicos. “El colegio no estará más limpio porque se limpie más, sino, porque se ensucie menos.”

Cruzar la calle, fue una experiencia gratificante porque los conductores me hicieron sentir, que yo era valiosa y que mi vida, era más valiosa que sus autos o su prisa. Me detuve en la esquina y busqué el semáforo mientras los carros se iban deteniendo uno a uno. No me atrevía a pasar, pero esperaba tal vez una orden divina para hacerlo y entonces, el conductor de un carro sacó su brazo por la ventana, y me indicó gentilmente que podía cruzar.
Crucé… y tan pronto alcancé la otra calle, todos los carros avanzaron. Pensé que yo era un semáforo en Canadá, que yo era la luz verde capaz de detenerlos y deseé con todas las ganas, que ésto, fuera posible algún día en mi ciudad.

Luego le escribo
Buen día.

Respuesta:

Que alegría saber de ti el colegio, lleno de problemas, es decir, todo normal. Salgo corriendo para un encuentro con los chicos. ¿Cómo vas? Háblame como la lluvia y déjame escuchar.
Un abrazo
Esperanza Chia

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