31/08/2021
Tal vez la historia ha sido un poco injusta al contarnos sobre Trajano, el primer emperador hispano y no italiano que tuvo el imperio romano. El hecho de que su lugar de nacimiento no haya sido el territorio del gobierno que durante décadas había estado en el poder, lo llevó a tener muchos enemigos en el senado, lo que dificultó significativamente su administración.
Nerva fue su predecesor, pero al ser demasiado viejo cuando asumió el rol y al no tener hijos que lo sucedieran, adoptó al hijo de uno de sus mas grandes amigos y comandantes del territorio hispano, Marco Ulpio Trajano, del cual esperaba que tuviera los mismos dones de liderazgo que su padre.
Pasados los años, Nerva murió y un joven Trajano asumió el poder en medio de envidias y molestias por parte del senado. En sus primeros años, restableció el orden que había desde la época de Domiciano y construyó icónicas estructuras. Sin embargo, su éxito y popularidad empezó a ser relevante varios años después, con la conquista de uno de los reinos bárbaros que más se había opuesto al dominio romano, la Dacia, en el año 102 d.C.
Pasado el tiempo, en el 113 d.C. y con el apoyo de la mayoría de la población romana, Trajano decide vencer las leyendas pasadas de la legión perdida de Craso y atacar la Partía. Aunque en esta campaña enfermó gravemente, llego hasta la ciudad de Susa, logrando así la mayor expansión del imperio romano en toda su historia.
Aprovechando su debilidad, su sobrino Adriano conspira con la esposa del emperador para envenenarlo ya que el deseo de su tío era dejar como emperador a Lucio Quieto, un gran líder militar que lo acompañó en todas sus campañas. Tras su muerte, Adriano aniquila todos los legionarios fieles a trajano, incluido Lucio Quieto y asume el rol del nuevo emperador del imperio mas grande que el mundo haya visto.