23/04/2026
Un “ahhh”, un “mmm”, una risa o un “más”, son mucho más que sonidos, son llamados, respuestas, intenciones y vínculos en construcción.
Como plantea Bruner (1983), el lenguaje no surge de manera aislada, sino en el encuentro con el otro, a través de las primeras interacciones comunicativas.
En la asamblea, en el juego y en la cotidianidad, sus voces y sonidos se entrelazan, se imitan y se reconocen, dando lugar a los primeros encuentros con el otro.
A través de sonidos, onomatopeyas y primeras palabras, los niños y niñas comienzan a habitar el lenguaje, no solo para nombrar el mundo, sino para encontrarse con quienes los rodean.
Porque en el transito del gesto a la palabra, hay una intención comunicativa, donde la voz es presencia, vínculo y encuentro.
Un “ahhh”, un “mmm”, una risa o un “más”, son mucho más que sonidos, son llamados, respuestas, intenciones y vínculos en construcción.
Como plantea Bruner (1983), el lenguaje no surge de manera aislada, sino en el encuentro con el otro, a través de las primeras interacciones comunicativas.
En la asamblea, en el juego y en la cotidianidad, sus voces y sonidos se entrelazan, se imitan y se reconocen, dando lugar a los primeros encuentros con el otro.
A través de sonidos, onomatopeyas y primeras palabras, los niños y niñas comienzan a habitar el lenguaje, no solo para nombrar el mundo, sino para encontrarse con quienes los rodean.
Porque en el transito del gesto a la palabra, hay una intención comunicativa, donde la voz es presencia, vínculo y encuentro.