10/01/2026
Se oye decir que somos un país enfermo. Bueno, un país enfermo que produce el café que muchos privilegiados fuera de nuestra amada patria disfrutan, desconociendo la realidad del campesino que lo siembra. Un país que abre las puertas a cualquier amigo extranjero, de cualquier lado, buscando ofrecerle lo mejor solo para que se lleve una buena imagen de aquí.
Un país enfermo no se levantaría todos los días temprano a arrastrar un carro para vender sus arepas, o en su defecto su tinto, buscando ganarse lo del día o su alimento; y lo hace «guerreando» con tal de ganar ese dinero honradamente. Un país enfermo no daría a luz a las bellas melodías del Pacífico o a la música urbana de ciudades como Bogotá o Medellín. No somos un país enfermo; somos un país que produce, que trabaja día a día y que hace posible que las superpotencias gocen de su economía indestructible.
El mundo ha sido manejado al revés: muchos dependen de nosotros gracias a lo que Dios nos dio. Nuestros valles, ríos, llanos y montañas son de nosotros porque Dios lo quiso así, y ha sido gracias al cuidado que le han dado campesinos, indígenas y también ciudadanos, que se ha abierto la posibilidad de que caras extranjeras vengan y disfruten directamente de este regalo de Dios llamado Colombia.
Hoy día vivimos en un país dividido, y un país dividido es fácil de manipular en un mundo en caída. El respeto y la unión por encima de las diferencias ideológicas son vitales hoy en día. ¿Qué importa si eres de izquierda o derecha, si ante los ojos de Dios y de nuestra madre somos los mismos? Lo importante es buscar esa belleza que como colombianos tenemos en nuestro corazón y saber que todos tenemos familias aquí y en el exterior, y que anhelamos vivir en paz, amor, abundancia y tranquilidad.
Creo que es hora de que cada persona saque lo mejor que tiene adentro y lo pongamos en el día a día, en nuestro ambiente, con nuestros allegados e incluso con las personas diferentes y con las cuales no simpatizamos. Ser lo que somos: buenas personas, pero «a lo bien».
Colombia no es solo droga; Colombia es cumbia, vallenato y merengue. Son tradiciones milenarias que han sostenido la vida desde tiempos inmemoriales; son los rezos de la madre y la abuela todas las mañanas protegiendo a sus hijos; Colombia es el canto llanero arreando vacas y caballos.
Que la unión sea la fuerza por encima de las creencias y que el amor inunde este país llamado Colombia. De izquierda, derecha, blanco, negro, alto, pequeño, cristiano o católico: somos lo mismo, y Dios nos dio este bello territorio para que lo cuidemos y saquemos lo mejor de él. Somos un país bello que mantiene gran parte del mundo; y un país que da plátano, maíz, café, cacao, alegría, cumbia y berraquera para el mundo, no es un país enfermo.