13/11/2020
En esencia, es perturbar el aire para que el cerebro capte melodías, armonías, ritmos y matices, pero para cada quien es un arte con significado particular.
No es para menos: la ciencia ha demostrado con creces que recibir constantes dosis de música tiene efectos positivos en la vida de las personas.
Se ha comprobado hace poco que escuchar música religiosa o gospel mejora la autoestima y la satisfacción de vida de los adultos mayores creyentes, al tiempo que reduce su preocupación en torno a la muerte.
Tener más música en los hospitales podría favorecer la pronta recuperación de los pacientes.
“Recetar” música podría ayudar a aliviar dolores físicos y emocionales, al acelerar su recuperación.
También se ha visto que la música baja el dolor y ansiedad de los pacientes conectados a un ventilador, y que mejora la función del tejido del endotelio en quienes sufren enfermedades cardiovasculares.
Muchos niños con problemas de habla, muchachos en riesgo social y personas con depresión logran, al ritmo de guitarras, tambores y teclados, mejorar su condición.
El proceso de musicoterapia tiene el poder de dar a los pacientes una manera de expresarse, con lo que arroja pistas sobre la manera idónea de intervenir en la situación de forma integral.
La música es un medio, no un fin. No interesa si la persona canta afinada, si sabe o no tocar un instrumento. Simplemente, es un medio para intervenir y solucionar ese motivo de consulta.
Las mismas zonas cerebrales procesan tanto el lenguaje como la música, Por otra parte aprender música mejora las habilidades verbales aun más que el estudio de la fonética.
Muchos abogan por la enseñanza de la música desde edades tempranas para estimular la mente y mejorar el rendimiento académico.
Muchos estudios aseguran que los buenos estudiantes de
piano o música clásica, instrumento estudiado académicamente, los chicos suelen ser excepcionales en la escuela y el colegio.
Una investigación de la Universidad Estatal de Ohio respalda este hecho, pues determinó que la educación musical mejora la lectura y las destrezas matemáticas en los adolescentes.
Además del ejercicio cerebral que implica tocar un instrumento, la práctica