10/07/2026
Hay días en que los talleres se llenan. Hay otros en que se inscriben solo dos personas… o incluso una.
Y aun así, siempre los hago.
Porque aprendí que detrás de cada inscripción hay una historia. A veces alguien necesita un espacio para conversar. Otras veces necesita desconectarse, concentrarse, hacer algo con las manos o simplemente regalarse un momento para sí. Hay mamás que buscan un rato de calma para sus hijas, niñas que llevan semanas esperando venir, personas que solo necesitan estar en un lugar donde se sientan bien.
Siempre hay una razón valiosa detrás de esa decisión.
Hoy se inscribió una sola niñita, y quería venir sí o sí a pintar conmigo.
Mientras pintábamos, me di cuenta de que esta vez la razón era distinta.
No era solo Maggie quien necesitaba ese taller.
Era yo.
Ella, sin saberlo, me regaló tiempo. Tiempo para sentarme a pintar, para bajar el ritmo, para hacer una pausa que hace mucho necesitaba.
Conversamos, reímos, pintamos sin apuro… y el tiempo pasó volando.
Al despedirnos sentí que las dos nos íbamos con el corazón llenito.
Y una vez más recordé que en La Casita nunca se trata de cuántas personas vienen.
Se trata de quiénes llegan… y de todo lo bonito que puede pasar cuando nos encontramos.