19/09/2026
Paulo Freire, a 105 años
Nació en Recife el 19 de septiembre de 1921 y falleció en São Paulo en 1997. Demostró que enseñar nunca es un acto neutro. Que toda práctica educativa toma partido, incluso cuando declara no hacerlo.
Chile fue decisivo en esa construcción, y eso rara vez se recuerda acá. Freire vivió exiliado en Chile entre noviembre de 1964 y enero de 1969, tras el golpe en Brasil, y trabajó como consultor de la UNESCO en dos instituciones de la reforma agraria: el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) y el Instituto de Capacitación e Investigación en Reforma Agraria (ICIRA). Alfabetizó campesinos, recorrió asentamientos, formó a miles de alfabetizadores chilenos y aquí escribió "Pedagogía del oprimido". De ese mismo trabajo salió "¿Extensión o comunicación?", redactado en 1969 mientras coordinaba el proyecto de extensión del ICIRA: una crítica frontal a la idea de que el técnico llega al campo a "extender" su saber a quienes supuestamente no saben.
Su vigencia para la educación ambiental. El modelo dominante sigue operando como extensión: el experto trae el dato correcto, la comunidad lo recibe, y si no cambia de conducta es porque le faltó información. Freire mostró que ese esquema no solo es ineficaz, es político ya que niega que quien habita un territorio ya produce conocimiento sobre él. El campesino que lee la sequía, la dirigenta que huele la fumigación, el niño que sabe qué árbol desapareció de su calle no son receptores, son interlocutores.
Su aporte de fondo no fue un método sino un desplazamiento: del alumno como recipiente al alumno como sujeto que nombra el mundo. Enseñar deja de ser transmitir contenidos y pasa a ser construir, con otros, una lectura crítica de la realidad que se quiere transformar. En tiempos de crisis ecológica y desigualdad territorial, eso no es nostalgia de los sesenta. Es la única pedagogía que se hace cargo del poder.
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