16/08/2021
Cómo nos cuesta comprender está realidad del niño y aplicar.
María Montessori describe la dura situación del niño en casa y en la escuela, tal como la veía hace 100 años.
Lo que pretende con sus métodos es, pues, liberarlos de "la prisión y el desierto" en el que viven:
“Después de su prisión en los hogares donde sus necesidades fueron ignoradas, donde muy poca o ninguna medida fue tomada para los periodos especiales de su desarrollo, después de confinamientos posteriores y negligencias en la escuela preescolar, el niño va a la escuela primaria. La escuela primaria reúne a los peregrinos del desierto, los guarda y los regula para poder enseñarles. Ya en la escuela preescolar el niño ha sido aburrido sin actividades adecuadas y sin suficientes oportunidades para el desarrollo espontáneo. El niño entonces llega a la escuela primaria lleno de defensas y de defectos, como un puerco espín lleno de espinas, habiendo tenido tan poca oportunidad de hacer cosas o de aprender cosas haciendo, es flojo y desmotivado.
(…)
El niño tiene que aprender sin ningún interés en su aprendizaje. Tiene que aprender en contra de sus inclinaciones y comportarse como si fuera forzado a comer cosas que no despiertan su apetito. Se siente como una persona que fuera condenada a labores forzadas. El maestro está obligado a apremiarlo y presionarlo con amenazas, castigos o premios.
Todas estas situaciones, en las mismas raíces de la vida, un odio por el trabajo. Dicho odio y poca inclinación por el trabajo es fomentada y cultivada por el sistema. No es una cosa sencilla erradicar estas asociaciones tempranas. Bajo las circunstancias anteriores, la escuela se convierte en un árido desierto donde el niño no tiene comida adecuada para su apetito, no tiene bebida apropiada para su sed, y en donde se siente oprimido, solo y triste.”
MARÍA MONTESSORI
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