20/08/2026
Cuando entramos a un espacio creativo y por un momento dejamos afuera el teléfono, las obligaciones, la productividad y las explicaciones; cuando tocamos agua, pigmento, tierra o lana y aparece una imagen que no habíamos planificado, algo en nuestra manera habitual de estar se suspende.
Es un movimiento humano muy antiguo: dejar por un instante una forma de conciencia para permitir que aparezca otra. Una que no necesariamente habla con palabras, sino a través de imágenes, colores, gestos, recuerdos e intuiciones. Como en los sueños, allí puede aparecer información que estaba guardada y que todavía no sabíamos nombrar.
Crear nos permite traer algo de ese territorio invisible hasta la materia. Mirarlo, tocarlo, darle forma. Y quizás, en ese pequeño viaje de lo invisible a lo visible, reconocer algo de nosotros mismos que siempre estuvo ahí, esperando encontrar una forma de aparecer.
Taller para adultas
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