26/05/2026
Te vi como se mira el mar cuando cae la tarde,
sin saber que en esa quietud
uno aprende a perderse.
Eras la luz sencilla de las cosas que no vuelven,
la risa que se me quedaba en las manos
sin saber dónde guardarla.
Yo te hablaba como quien arroja semillas al viento,
sin saber si la tierra escucha
o si el silencio responde.
Y tú pasabas…
como pasan los días que no preguntan,
como pasa la lluvia
sin pedir permiso al corazón.
No supiste
que en tu nombre secreto
se me desordenaban los inviernos,
que en tus ojos encontraba
un país sin mapas donde quedarme.
Fui aprendiendo a callar tu presencia,
a nombrarte por dentro,
a sostenerte en lo invisible
como se sostiene una estrella que no cae.
Y aunque no hubo caminos compartidos,
ni la misma orilla para los dos,
te llevo en mí
como se lleva el fuego bajo la piel del agua:
sin mostrarlo,
sin que se note,
sin que nadie lo entienda.
Seguirás siendo esa distancia dulce
que no se alcanza,
esa voz que no responde,
ese silencio que aún me mira.
Y en mis ojos…
quedas.