27/02/2018
Chiquilines, les escribo para agradecerles todos los buenos momentos juntos, la experiencias, las risas, las p***s, los enojos y sobretodo esas instancias en las que me sorprendí de sus comentarios criticando el mundo que los rodea y proponiendo soluciones.
Espero que sigan así, caminando hacia un futuro que les aseguro será difícil, pero satisfactorio cuando logren cumplir lo que se propongan, no inmediatamente, sino que despacito, de a poquito, escalón tras escalón.
Ustedes me enseñaron a que, si la enseñanza se hace sin amor, no resulta, no vale la pena. Ahora, en este año, los caminos impredecibles de la vida me llevaron a hacer clases a otro colegio, por lo que esta carta es también una especie de despedida, o un hasta pronto.
Ojalá nunca olviden las cosas que traté de enseñarles. Y no me refiero solo a las figuras literarias, la correcta ortografía ni cómo comprender un texto, sino que cómo podemos usar todo eso para ser libres en nuestro pensamiento. No se permitan la ignorancia, porque el conocimiento es poder. No sé permitan usar ese poder para pasar a llevar a otros sino que úsenlo para combatir las injusticias con ustedes mismos y con el prójimo.
Y lo más importante, usen el saber para autoconocerse y encontrar lo que les llene, lo que les complemente, lo que los haga sentirse satisfechos. Digan lo que digan los demás, sigan sus sueños.
Esta página quedará abierta por si alguna vez necesitan una ayudita. Me despido con mucho cariño llevándome un montón de buenos recuerdos que guardaré en el bolsillo de mi camisa, bien cerquita del corazón.
Hasta pronto.
Profe Julio.