08/03/2026
Mi historia es bonita porque es mía, no porque haya sido color de rosa o fácil. Todo lo contrario.
Una de mis luchas es más silenciosa pero muy concreta: impulsar a niñas en matemática cuando estoy directamente con ellas.
No es un discurso que tengo ni con lo que me presento en todas partes, porque no se entiende, es abstracto, es aún invisibilizado, a la gente le da lo mismo, a quienes financian también. Sólo hago desde mi propia experiencia junto a la evidencia, con mis propios fondos. Ya no espero apoyo, de hecho, tengo sólo el de mi familia y un par de amigas, pero eso no me detiene, sigo.
Mi otra lucha es hacer espacio donde no lo hay, tratando de tomar el poder sin pedir permiso, para después crear puentes y, finalmente, brindar ese espacio a otras mujeres.
En mi caso, no se trata sólo de incomodar. Sí, deliberadamente, ser apoyo, inspiración y motivación para las y los más vulnerados, la infancia, y para los demás, reflexión, espejo, un terremoto, crítica para que el otro se cuestione y ver si quiere cambiar...
Una vez un estudiante, después de volver de su larga licencia por leucemia (no me conoció cuando llegué a su curso) le dijo a su mamá por mí: "ella es exigente pero cariñosa". Creo que no ha habido una mejor frase para resumirme.