15/11/2020
LA EDUCACIÓN EN LA INCERTIDUMBRE
En una carta escrita al Director del Diario Universidad de Chile el Martes 21 de julio de 2020 se puede leer una reflexión en torno a la educación en contexto de pandemia y el rol de las y los profesores, la carta dice: “Edgar Morin nos señalaba hace ya 20 años que uno de los conocimientos de la nueva educación es asumir y comprender el principio de incertidumbre. La identidad profesional docente no es estática, no es reciclable como nuestros programas, no se forja en el vacío sino en contextos concretos de experiencia y relación: se fragua, en definitiva, en el juego de unas transacciones sociales y biográficas que están sometidas a cambio y evolución”. Como señala el mismo Morin: “aunque conservemos y descubramos nuevos archipiélagos de certidumbre, debemos saber que navegamos en un océano de incertidumbre”.
Hoy vivimos una triple crisis que multiplica la incertidumbre en la sociedad y por ende en el sistema educacional. La crisis de la pandemia, la crisis económica y la crisis de las instituciones políticas. La docencia está en crisis a nivel global. Debido a las malas condiciones de trabajo, estrés, mala paga y carga laboral excesiva, cada vez es mayor el porcentaje de maestros que renuncian a nivel mundial.
En Chile, según el investigador Juan Pablo Valenzuela, del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile (CIAE), cerca del 40 % de los maestros abandonan las aulas en los primeros cinco años (incluyendo a aquellos que enseñan en escuelas privadas).
Como dato, en la década del 2000, se integraron a las aulas del país 126 mil profesores nuevos, lo que representa una tasa de aumento de entre 7% y 8% anual. Sin embargo, el 40% ya no estaba ejerciendo la profesión para el año 2009. En su investigación, Valenzuela descubrió que de los profesores que comenzaron a trabajar en el año 2000, el 22 % había abandonado la profesión para 2002. Para 2009, el porcentaje de renuncias se elevó a 56 %. Y en los años siguientes estas cifras continuaron aumentando: de los docentes que ingresaron en 2004 el 23 % ya había abandonado las aulas para 2006. De los que entraron en 2007, un tercio renunció para 2009. Esta situación se atribuye a las malas condiciones laborales y el agotamiento emocional. Y así sucesivamente hasta el día de hoy. En los últimos años, debido a los requisitos de la acreditación, han disminuido los programas que forman docentes, desapareciendo aquellos impartidos por Institutos Profesionales y de forma on-line o “a distancia”, lo que ha llevado a que la cantidad de profesores que ingresan al sistema sea menor, provocando en el caso de algunas especialidades que exista déficit de docentes (ciencias básicas, por ejemplo). No obstante, Chile sigue estando entre los países del mundo donde el abandono de docentes es más alto.
En el marco de la actual pandemia una Encuesta de la Fundación Chile alertó que al menos 141 mil docentes están agotados tras cinco meses de educación a distancia, en medio de la pandemia. Otra medición, de Educación 2020, afirma que el 81% de los apoderados no enviaría a sus hijos al colegio hasta que exista una vacuna
En mayor o menor medida, esa ha sido la realidad de los 248 mil profesores que tiene el país, que hoy sufren un agotamiento dramático entre otras condiciones por la incertidumbre frente a su futuro. El resultado es alarmante: el 57% de los profesores tiene un desgaste extremo, con una sensación de fatiga crónica, y otro 20% está en peligro de caer en lo mismo. El cansancio es mucho mayor que en otros sectores laborales, donde el agotamiento total alcanza al 28% de los trabajadores. Si se extrapola este sondeo a la realidad nacional, se concluye que el desgaste extremo afecta a 141 mil docentes.
El estudio muestra que, a esta altura del año, solo el 6% de los maestros siente total compromiso y pasión por su labor. Además, la mayoría de los profesores dice que su colegio no le ha entregado herramientas para desarrollar la educación a distancia, aunque el 65% cree que sí tiene las competencias para hacerlo.
La inestabilidad y la incertidumbre es parte consustancial al sistema capitalista. Como sabemos, todo proceso histórico tiene sus transformaciones en lo político, social, cultural, etc. Por supuesto, la Educación no queda exenta de esto, si tomamos en cuenta que el sistema educativo es un claro reflejo de la sociedad y de sus contradicciones.
La educación en el capitalismo siempre se ha encontrado en manos de la burguesía, con el objetivo de seguir preservando el sistema y reproduciendo la ideología dominante.
Ahora bien, si la inseguridad y la incertidumbre es parte constitutiva de la sociedad en que vivimos y será así mientras dure el capitalismo, ¿Cuál debe ser nuestra respuesta? ¿Lograrán unas cuantas reformas del sistema educacional resolver los problemas de fondo en el que vivimos? ¿Dónde radica el núcleo del problema? ¿Cuál debe ser la función del profesorado consiente?
Marx y Engels observaron: “Las ideas de la clase dominante son, en cada época, las ideas dominantes: es decir, la clase que es la fuerza material dominante de la sociedad es al mismo tiempo su fuerza intelectual dominante. La clase que tiene los medios de producción material a su disposición, en consecuencia, también controla los medios de producción mental, de modo que las ideas de aquellos que carecen de los medios de producción mental están sujetas en su totalidad a ella. Las ideas dominantes no son más que la idea de la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes; relaciones materiales dominantes, captadas como ideas: de ahí las relaciones que hicieron de la clase única la dominante, por tanto, las ideas de su dominio". (Ideología alemana, Marx y Engels).
En las sociedades de clases, por tanto, las clases dominantes buscan conscientemente regular la producción y distribución de ideas. La educación como método de transmisión de estas ideas se desarrolla únicamente dentro de los límites de los intereses de las clases dominantes. Sin embargo, a medida que los antagonismos de clase se desarrollan, se agudizan y se expresan en la lucha de las clases antagónicas, estos también encuentran expresión en el ámbito de las ideas y la conciencia.
Con el desarrollo de las fuerzas productivas se hace necesario que la burguesía imparta alfabetización, habilidades técnicas y conocimientos a los trabajadores. Si bien la expansión de la educación más allá de los confines de la clase dominante es necesaria para el desarrollo del capitalismo, esto no significa que se elimine el propósito de clase en la educación. Continúa mientras la sociedad esté dividida en clases.
La educación también es vista como un elemento de control social capitalista. La siguiente cita, antigua pero plenamente vigente, del reverendo George Washington Hosmer, quien lideró una lucha por la educación pública en la década de 1840, resume el papel de la educación tal como lo concibe la clase dominante. Dijo: “Miles de entre nosotros no han soñado con el efecto de la educación popular: se han quejado de sus costos, no previeron que disminuirá la vagancia y el pauperismo y el crimen, que será un antídoto para las turbas; y prevenir la necesidad de un ejército permanente para mantener a nuestra propia gente en orden. Cada pueblo puede hacer su propia elección, 'pagar a los maestros o reclutar sargentos', apoyar a las escuelas o al alguacil y vigilantes”. Está muy claro la educación actual debe ser un sustituto del garrote para mantener pacificada a la clase oprimida.
Si estamos de acuerdo con lo anterior el camino para alcanzar una educación al servicio de las grandes mayorías no es el de reformas, parches o vendas al sistema, sino el de contribuir a generar una conciencia rebelde en el pueblo para transformar radicalmente esta sociedad.