09/09/2021
Jessica Aburto - Rocío Godoy -Paula Miranda - Daniella Vargas
Estudiantes Diplomado en Alfabetización inicial en contextos de diversidad.
Enseñar a leer y escribir en la era digital: ¿Cuál es el rol del docente?
Para enseñar a leer y a escribir es necesario que las y los niños se enfrenten a diversas situaciones donde participen activamente de la lectura y la escritura, aunque aún no las dominen convencionalmente y que sean capaces de conocer qué se comunica en estas situaciones, considerándolos así como lectores y escritores plenos. Por otra parte, es muy importante que nuestros estudiantes participen en prácticas de lectura y escritura desde el nivel inicial para llegar a ser lectores y escritores plenos. El contacto precoz con la cultura escrita les permite apropiarse progresivamente de los distintos aspectos del sistema de escritura y del lenguaje escrito.
Lo antes mencionado representa un desafío, tanto para nosotras como docentes, como para quien aprende a leer y escribir, considerando que en nuestro país según el “Segundo Estudio de Competencias Básicas de la Población Adulta 2013 y Comparación Chile 1998-2013” del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, el 44% de la población adulta son considerados alfabetos funcionales. En este sentido como docentes cumplimos un rol fundamental, al idear intervenciones didácticas que potencien dichos aprendizajes. Ante este escenario y considerando la realidad actual donde leer y escribir no se limita solo al papel y el lápiz, sino que abarca además, una diversidad de soportes tecnológicos, nos preguntamos ¿Cuál es nuestro rol al enseñar a leer y escribir utilizando las TIC?
Según nuestro punto de vista esta pregunta nos parece relevante en esta época, considerando que desde las últimas cuatro décadas, el uso de las TIC ha evidenciado un crecimiento exponencial a nivel mundial, incluyendo el uso de las tecnologías en distintos ámbitos de la vida cotidiana. Nuestro país, y específicamente nuestro sistema educativo, no ha estado ajeno a dicho crecimiento, implementando en el año 1992 el programa Enlaces, cuyo objetivo fue introducir infraestructura y conectividad en las escuelas públicas. No hay duda alguna que la incorporación de estas tecnologías ha sido una revolución en la manera de concebir los procesos de aprendizaje de las y los estudiantes y que por tanto nuestro rol como profesoras y profesores, debe estar a la vanguardia en este sentido y al alero de los requerimientos de la nueva sociedad del conocimiento.
Sin embargo, la incorporación de éstas no es un aporte a la alfabetización, sin que antes como docentes reflexionemos y si es necesario nos replanteemos, sobre qué paradigma posicionamos nuestras prácticas pedagógicas y desde allí, cómo integramos el uso de las tecnologías para que sean un aporte real a la construcción de aprendizajes significativos. Si seguimos entendiendo la lectura solo como la decodificación de un mensaje y la escritura como trazar letras sin un propósito comunicativo real, el uso de las tecnologías en la enseñanza no sería un aporte para nuestras y nuestros estudiantes.
Lo antes planteado nos parece relevante, considerando que lo que menciona Cassany se mantiene en muchas escuelas, “lo digital entra como un instrumento tecnológico, no como un fin en sí mismo: es una asignatura complementaria de “tecnología”, independiente del resto del currículum”. Es por ello que nos resulta importante reflexionar sobre las decisiones que debemos realizar como docentes, por ejemplo, el decidir sobre qué situaciones de alfabetización se pueden realizar a través de las pantallas y cuáles solo pueden ser llevadas a cabo mediante actividades presenciales. El docente debe reflexionar además, sobre cómo las herramientas tecnológicas pueden resultar un facilitador del aprendizaje y se pueden incorporar a nuestras decisiones pedagógicas.
Consideramos que para que esta situación se pueda dar de manera exitosa, las escuelas deben bajar sus barreras y dejar de resistirse al uso de la tecnología, no dejándola fuera del espacio escolar, donde pareciera que no está permitida, incluso connotándola como un elemento disruptivo. Si las y los niños no están en contacto con soportes digitales bajo la guía del docente y las intenciones comunicativas reales que ellos presentan, podrían estar en desmedro de sus pares y por ende dentro de la brecha de desigualdad que se perpetúa hace años en el sistema educativo chileno. Debemos enseñar a “hacer cosas con la tecnología” en el contexto de las intervenciones didácticas, las que siempre deben tener una clara intención y planificación. El recurso TIC no debe usarse solamente como un recurso motivacional o de observación por parte de los estudiantes. Es importante que, como en toda intervención pedagógica desde un paradigma constructivista, las y los estudiantes sean protagonistas de su propio proceso de aprendizaje.
Para finalizar creemos, que como docentes debemos planificar situaciones que atiendan a la diversidad de respuestas que pueden tener nuestros estudiantes, siendo capaces de adecuar nuestras actividades a ello.
El asumir este desafío, nos invita sin duda a reinventarnos como docentes, así como también nuestras prácticas. Este es quizás el nuevo rol del educador en la era digital, que no es más que el que siempre hemos tenido, mediadores del conocimiento y artífices de situaciones que nos acerquen a él. Resistirnos a enseñar a leer y escribir mediante diversos soportes puede perjudicar a nuestros estudiantes y somos nosotros como escuela quienes debemos brindar las oportunidades para esta transformación.