24/03/2025
OYE PROFESOR DEJA A LOS NIÑOS EN PAZ!
Eso es lo que coreamos en inglés en la legendaria canción de Pink Floyd….”Hey! Teacher! Leave them kids alone!
Hace unos días se hizo público un lamentable incidente escolar que tuvo como efecto la hospitalización de una profesora. La alertas apuntaban a una agresión por parte de un estudiante autista. No tardaron en aparecer diversas y muy disímiles reacciones: el gremio docente solidarizando, apoderados atemorizados y escandalizados, familias de estudiantes autistas comentando el origen y abordaje de lo que fue una desregulación. El Colegio de Profesores de Chile a partir de lo ocurrido anunció para mañana una Jornada de Movilización con una provocadora consigna “QUE EDUCAR NO NOS CUESTE LA VIDA” y exponen en su más reciente Circular “serias críticas hacia las políticas y programas de inclusión”: un Decreto 170 obsoleto, una Ley de Autismo sin recursos, una subvención que no alcanza a dar respuesta a la atención al la diversidad, un Proyecto de Ley de Convivencia que duerme en el Senado y apoderados que no se educan en derechos y deberes y que sólo exigen que las escuelas se hagan cargo y no colaboran ni se comprometen con la educación de sus hijos. Todo esto contiene la Circular.
Los dedos me pican, llevo días aguantando estas palabras y si no las s**o la mente y el corazón me reventarán.
A ver…como decirlo sin sonar arrogante: he estado en ambas veredas, dentro y fuera del aula, creo tener algo de camino transitado en estos temas.
Me enteré del llamado a Movilización justamente por profesores de la escuela de mis hijos mientras terminaba una actividad de conmemoración por el Día Mundial del Síndrome de Down organizada por el Programa de Integración Escolar (PIE). Conversamos casi exclusivamente sobre la vida de Máximo y su condición, las pocas veces en que se abordó la INTERACCIÓN Y LA CONVIVENCIA como núcleos de una genuina inclusión fue porque yo misma decidí salirme del libreto.
Partamos por algo obvio: los conflictos y la violencia se pueden desencadenar en cualquier entorno humano, en cualquier actividad, la docencia es una más. Si hemos de hablar de violencia en las aulas seamos responsables, honestos y sensatos. Hagamos una revisión histórica, un análisis a profundidad, sin cabos sueltos y sin argüir que son las políticas y programas de inclusión las responsables de que educar pueda llegar “a costar la vida del profesorado”.
A mi madre los profesores le daban con la regla en la mano si erraba en las tablas de multiplicar. Mi profesor de lengua y literatura me dejó en vergüenza delante de toda la clase por no saber recitar algún poema de Pablo Neruda, “¿pero si usted viene de Chile?” decía, “Cómo no va a saber”. Mi memoria, por respeto vital y en gracia y perdón hacia algunos profesores que me educaron, ha borrado un sinnúmero de vivencias violentas: burlas, sarcasmos, sobreexposición, exigencias injustificadas, ceños fruncidos, gritos, portazos, expulsiones del aula y más. No fui una “niña problema”, todo lo contrario, era quizá la estudiante que todo profe de la época consideraba como ejemplar: atenta, tranquila, silenciosa, diligente, participativa cuando había que participar y sobre todo… con buen rendimiento. Lo que viví lo vi a través de los ojos de mis compañeras y compañeros. En esa época no habían diagnósticos, no habían etiquetas neurológicas, ni mucho menos intentos por incluir y acompañar a aquellos estudiantes a quienes les costaba aprender o les costaba “estar tranquilos”. Y es que…..¿cómo se pretende que las infancias estén 40 minutos “tranquilas”, sentadas en filas, mirando las nucas de los compañeros, con una fome pizarra a lo lejos y un profesor que no para de hablar? En mi época escolar no habían estudiantes con Síndrome de Down, ni uno sólo en los 12 juegos. Tampoco tuve compañeros autistas, ninguno. Sólo existían los aplicados y los flojos. Los populares, los normales y los “raritos”….. y era este último grupo el que englobaba lo que hoy son las neurodivergencias. En aquella época estaba tan normalizado “lo normal” que nadie cuestionaba nada, nadie cuestionaba la violencia intrínseca en el acto de educar, educar sin sentido y a la fuerza. “El que aprende aprende y el que no, no.” “La letra con sangre entra.” “La escuela es el templo del saber”. Ir al colegio daba lata, aprender no gustaba. Yo era una excepción, ya lo dije. A la mayoría de mis compañeras y compañeros no les gustaba estudiar, les aburría, odiaban el colegio. Así tal cual, lo odiaban. ¿Qué cosa gustaba de ir al templo del saber? Conversar con amistades, alimentarse, hacer algo de deporte y disipar en el recreo, ver transcurrir la niñez y la adolescencia….con todo lo que eso implica. Para otros, el colegio era un sitio de protección ante las carencias afectivas y materiales del hogar, y ante la violencia……sí, dije violencia. También violencia. Que vivir no nos cueste la vida.
El tiempo pasó y el Colegio de Profesores dice tener “serías críticas a las políticas y programas de inclusión”. A ver, si vamos a hacer una crítica….démosle con todo. A la mayoría de estudiantes sigue dándole lata ir al colegio, estudian por obligación, porque es su deber, pocos disfrutan aprender. Eso con los estudiantes neurotípicos…..¿y los estudiantes neurodivergentes? ¿Qué piensan los estudiantes “integrados”, los que tienen la etiqueta NEE? ¿Los que antes no estaban, los antes segregados y aún no incluidos? ¿Y los profes? ¿Qué piensan los profes? Sigue dándoles lata ir al colegio, enseñan por obligación, porque es su deber, pocos disfrutan enseñar. Y obvio…..pega que no se disfruta, agobia. Eso aplica en todo. “Sobrecarga”, dicen. “No nos corresponde esto”, dicen. “Demasiada exigencia”, dicen. “No somos guardería”, dicen. “No estamos preparados”, dicen. Que “los apoderados no se educan en derechos y deberes, que sólo exigen y no se hacen cargo, que no colaboran ni se comprometen con la educación de sus hijos”. Las reclamaciones aparecen sólo cuando nos afectan y esta vez fue el turno del gremio docente. Pero el problema es sistémico….. estamos haciendo aguas por todas partes.
¿Quien nos enseña a convivir? ¿Quien nos enseñar a resolver conflictos? ¿Quien nos enseña a empatizar? ¿Quien nos enseña a entender que la diversidad humana no es motivo para la exclusión y la segregación? ¿Quien nos enseña a comprender que todo conflicto tiene un origen y que es ahí donde debemos enfocar muestra mirada? Cada acción conduce a sus propias consecuencias, seamos conscientes de esto. Tras todo hecho de violencia subyace un problema mayor.
Pareciera que esperamos una inclusión a la medida de la normalidad y del capacitismo. Qué tan cercano a lo “normal” es ese estudiante con “Necesidades Educativas Especiales”. Qué tan capaz es de realizar tal o cual actividad de manera que no sea un cacho para profes, asistentes y para los demás compañeros. Acaso, ¿no nos damos cuenta de que ya es hora de hacer las cosas distinto? ¿Por qué nadie se pregunta el cómo hacerlo? ¿Por qué nadie se pregunta cómo hacerlo ENTRE TODOS? A problema sistémico, solución sistémica. “Cada estudiante no es un ladrillo más para el muro”, “Quizá no necesitamos ninguna educación”, dicen los Pink Floyd.
Que aprender no nos duela, que aprender no nos excluya, que aprender no nos genera traumas. Si queremos aprender bien matemática, ciencia, lenguaje….primero debemos aprender a tratarnos bien, a conocernos, a queremos……ENTRE TODOS.
Cuando en el aula nos conocemos bien, perdemos el temor a ser diferentes….somos así tal cual somos. Eso reduce el mal trato (Buylling), reduce las tensiones. Cuando en el aula nos conocemos bien, conocemos también de antemano los conflictos que podrían ocurrir y así podemos prevenirlos y gestionarlos. Cuando en el aula nos anticipan lo que vamos a hacer, baja la ansiedad, bajan los temores, nos preparamos. Cuando en el aula aprendemos entre todos y de manera cooperativa, no hay por qué competir, no hay por qué hacerlo sólo por una nota, no estamos solos, no hay miedo al error. Cuando el aula deja de ser un rectánculo homogéneo, un tablero de ajedrez, cuando nos movemos y nos reagrupamos de diversas formas, mejora la comunicación, vemos nuestros rostros, conectamos entre todos. Cuando aprendemos a elegir cómo resolver nuestros conflictos….créanme siempre, siempre, siempre elegimos mediar y llegar a acuerdos en paz. Lo viví, lo observé: niñas y niños dispuestos a hacer las cosas de manera diferente, aprender distinto. Fui afortunada por poder probar e intentar validar estrategias para entender que la interacción positiva mejora la convivencia y la convivencia en paz asegura una genuina inclusión. 5 años de aquello, 5 colegios. Accedu Educación Inclusiva se llamaba el prototipo. Cuando quise ir más allá….no tuve oídos en el MINEDUC. Seguro hay muchas otras experiencias que contribuirían, pero la torre de marfil lo bloquea.
Urge una cultura de paz, una cultura bientratante con todas, con todos, con la diversidad, una cultura de la paciencia, del mutuo aprendizaje, del mutuo cuidado.
Como decía el cura de la película Machuca….”van a aprender a respetarse aunque sea lo único que aprendan en este colegio”.