12/06/2024
Si estuviera en Caracas, a esta hora, estaría sentado en mi cubículo en la Cátedra de Histología de la Escuela Vargas, preparando la práctica de esta tarde del Miércoles. Como extraño a mis alumnos, sus sonrisas, sus dibujos. Recuerdo cuando empezaban el Curso, apenas garabateaban, al final...muchos hacían verdaderas obras de arte histológicas, dignos dibujos de una exposición. Muchos estaban a la altura o por encima de las imágenes de Di Fiore. Obvio habían copiones, jeje. Nunca faltaban, pero la gran mayoría dedicaba horas a su trabajo y vaya que sí.
Nunca dejé de premiar un buen trabajo de laboratorio o de felicitar a un buen estudiante del Curso. Me recuerdo que cuándo asumí la Jefatura de Cátedra, la asignatura era uno de los "cocos" de Primer Año de Medicina. Reestructuré el Programa, reduje la excesiva complejidad de los exámenes y dejé la Dirección con la tranquilidad de saber que las cosas eran difrentes. Amaba la Universidad, el contacto con los estudiantes, sus dudas, sus preguntas. Me maravillaba como crecían a lo largo del curso y años después verlos hechos médicos o citotecnólogos.
Cuando llegué en 1986 a la Cátedra de Histología traído desde Sebucán por la Dra. Luz Chompré de Peña (QEPD), jamás imaginé que sería mi Casa hasta 2018 en que tuve que irme a Chile por decisión de mi familia. Si me preguntan si quisiera volver, saben cuál es la respuesta.
Todos los que alguna vez en todos esos años fueron parte de la rutina MÁS BELLA que puede tener un ser humano: Ayudar a transmitir los saberes a las siguientes generaciones. Extraño mi UCV, estraño mi Escuela de Medicina Vargas.
No fuí un tipo genial, no fuí una enciclopedia viviente, pero lo poco que sabía lo entregué con la pasión que pone un pintor al hacer el retrato de su amada o del piloto que puede volar su avión sólo por primera vez. Y sigo siendo yo, el mismo. Sólo que arrancado de su espacio.
Hoy, a 8000 kilómetros de casa y de mi Escuela de Medicina, aún me veo subiendo desde el Mercado de las Flores hacia el Oeste, caminando hacia mi pequeño refugio en ese lugar dónde tantas cosas pasaron y siguen pasando por el bien del conocimiento en Venezuela.
Yo UDISTA, del lugar dónde del Pueblo Venimos y Hacia El Pueblo Vamos, tuve el honor de ser parte por 35 años de la Casa Que Vence a las Sombras y...espero aún poder volver.