08/03/2026
Este fin de semana, en la montaña, encendimos una vela.
Una llama pequeña…
llena de significado.
Esa llama representaba la luz que cada mujer lleva dentro.
Una luz que no compite,
una luz que no se apaga,
una luz que cuando se enciende… también enciende a las demás.
El retiro comenzó en calma.
Respiración.
Silencio.
Equilibrio.
Presencia.
Y la vida, inesperadamente, nos puso una prueba.
Apareció la sombra.
Apareció el dolor.
Apareció la agresión.
Por un momento todo se quebró.
Y yo, que había convocado este círculo,
me encontré en el lugar más vulnerable.
Pero entonces ocurrió algo profundo.
Las mujeres que estaban allí
no se alejaron.
No soltaron el espacio.
No dejaron que la llama se apagara.
Se acercaron.
Sostuvieron.
Acompañaron.
Y en ese momento comprendí algo que no se enseña en ningún retiro,
pero que la vida revela cuando más lo necesitamos:
cuando una mujer cae, las otras no la dejan sola.
La rodean.
La sostienen.
La protegen.
La luz verdadera no es la que brilla cuando todo está en calma.
La luz verdadera es la que permanece encendida cuando el viento sopla fuerte.
Este fin de semana, coincidiendo con el Día de la Mujer,
recordamos algo muy profundo:
la luz de una mujer es maravillosa,
Y más aún, la luz de un círculo de mujeres es sagrada.
Gracias por sostener la llama.
Gracias por no soltar la luz.
✨
Sattva Yoga – Carolina Bigas