30/05/2022
De la identificación.
"Concepto psicoanálítico
de identificación.
La obra de Freud está atravesada por la problemática de la Identificación, de ahí que nos veamos precisados de presentar al lector estas páginas
acerca de dicho concepto psicoanalítico.
Para comenzar, recordemos las dos acepciones que tiene la palabra “identificación” en el lenguaje corriente. Se la utiliza en su primera acepción
para decir que encontramos o reconocemos una cosa. Por ejemplo, un experto en pintura identifica, es decir reconoce, el origen de un cuadro. Asimismo el empleo de la sigla OVNI para indicar que hemos creído ver en el cielo un “objeto volador
no identificado”. La segunda acepción es la que nos interesa más en psicoanálisis, y corresponde a la forma reflexiva del verbo “identificar”, es decir
“identificarse”. Diremos que un sujeto se identifica con alguien o con algo cuando se confunde con él o con esa cosa, cuando se dirige al otro para asimilarlo y asimilarse a él hasta hacerse idéntico a él; siendo el ejemplo más impactante el del mimetismo. Un animal como el camaleón se vuelve semejante —en apariencia— a su medio circundante.
Para escapar a sus predadores se confunde, es decir se identifica, con las rocas o los vegetales que lo rodean. O bien, este otro ejemplo de un pez cuyo parecido con las piedras y corales que lo rodean es de tal magnitud, que sólo recientemente pudo ser
descubierto por los zoólogos. Quisiera remarcar que identificarse con es una acción, un acto, el movimiento activo de un sujeto que quiere volverse idéntico a otro diferente de él.
Llegamos así al psicoanálisis. ¡Pues bien!: el concepto psicoanalítico de identificación corresponde a esta segunda definición según la cual
“identificarse” es un movimiento hacia el otro, una necesidad de absorberlo, de comerlo y hasta de devorarlo. Ahora bien, una persona tiene dos maneras diferentes de identificarse con alguien o con algo. Tomemos el caso más simple, el de un hijo
que se identifica con su padre. Puede hacerlo de dos maneras. La primera es un deseo consciente de ser como su padre; así sucede con el varón de siete años que sueña con ser tan fuerte como su papá y que trata de imitarlo en todo. Esta es
también la actitud de los “fans” que se empeñan en asemejarse a su ídolo en la manera de hablar, en la vestimenta o el peinado. Obsérvese que esta identificación con una star puede dar lugar a la
creación de un club de “fans”, e incluso al nacimiento de una verdadera comunidad, de una verdadera familia organizada en tomo a una identificación colectiva con una única figura ideal. Pero, se trate de un niño que quiere ser como su padre o
del joven que quiere parecerse a su cantante preferido, estamos en presencia de un deseo consciente de ser como el otro.
Sin embargo, hay una segunda manera de identificarse con otro, en la que el proceso no es consciente. Ciertamente, nos vemos arrastrados por el
mismo movimiento activo de ir hacia el otro para
asimilarlo y dejamos asimilar por él, pero se trata de un impulso espontáneo e irreflexivo de identificación. “Quiero ser el otro y quiero ser en el otro,
pero no tengo conciencia de este deseo.” En psicoanálisis, a este deseo no lo llamamos así, ni tampoco envidia, sino deseo. Más exactamente: deseo inconsciente de ser el otro. Este deseo inconsciente puede ser llamado también “identificación inconsciente”. Tomando el ejemplo del hijo y del padre,
diremos que el hijo se identifica inconscientemente con su padre. Siendo así, ¿con qué parte del padre se identifica el hijo? El hijo puede identificarse, es decir incorporar dos aspectos distintos del padre:
en primer término puede identificarse con los rasgos visibles de su padre, adoptar su porte, reproducir sus mímicas y a veces, una vez adulto, ejercer la profesión paterna. En todos estos ejemplos el hijo se parece a su padre sin habérselo propuesto y sin tener conciencia de ello. Diremos entonces que el
hijo se ha identificado inconscientemente con los
rasgos visibles del padre. Lejos de ser una imitación consciente, la semejanza resulta de una identificación inconsciente.
Ahora bien, el sujeto puede identificarse además —siempre sin saberlo— no ya con tal o cual particularidad exterior y visible del otro, sino con
emociones, sentimientos, afectos-, deseos y hasta
fantasmas sepultados en la vida interior de ese otro. Tan sepultados que, en ocasiones, el otro ignora albergar estas emociones, deseos o fantasmas. Y se da el caso de que el sujeto —en nuestro ejemplo, el hijo— se identifica inconscientemente
con sentimientos, deseos y fantasmas que el propio padre desconoce. Quisiera repetir esta idea porque hace al nodulo del concepto psicoanalítico
de identificación. Si me piden ustedes una definición de la identificación desde el punto de vista analítico, les diré que la identificación es el movimiento activo e inconsciente de un sujeto, es decir el deseo inconsciente de un sujeto de apropiarse de los sentimientos y los fantasmas inconscientes del
otro. Esta definición, que tal vez les parezca demasiado abstracta, traduce bien sin embargo las turbulencias y vivas agitaciones de las fuerzas
íntimas que circulan entre dos seres y los aproximan sin que ellos lo sepan. Un hijo, por ejemplo, puede identificarse de manera tan inconsciente e
intensa con la falta que su padre cometió alguna vez o creyó cometer, que se sentirá culpable como si él mismo la hubiera cometido. Tomemos otro
ejemplo, el del hijo de un agricultor que comunica
a su padre la decisión de abandonar definitivamente el campo para hacerse marino. En medio de su pesar, el padre recuerda súbitamente haber
soñado también él, de joven, con navegar y unir su destino al mar. Sin sospecharlo, un hijo puede
realizar treinta años después un viejo deseo olvidado de su padre.
Quisiera concluir mediante dos observaciones que son tal vez lo esencial de lo que tenía que
decirles. Han comprendido ustedes seguramente
que hablar de la identificación de una persona con otra equivale pura y simplemente a hablar del amor. Porque yo no puedo identificarme con otro si
este otro no es mi elegido. O, para decirlo más exactamente: identificarme con el otro, asimilarlo y dejarme asimilar por él es, ni más ni menos, amarlo. La identificación es la palabra que nombra el proceso del amor.
Pero la identificación designa también un proceso tan esencial como el del amor: el proceso de
formación del yo. Me explicaré planteando un último interrogante. ¿Quién somos, desde el punto de vista de nuestro psiquismo? ¿Qué es el yo? Quiero decir, ¿de qué sustancia está hecho nuestro
yo? Pues bien, la respuesta del psicoanálisis es muy clara: estamos hechos de todas las improntas que dejan en nosotros los seres y las cosas que
amamos intensamente o que hemos amado intensamente y que, en ocasiones, hemos perdido. Es decir, los seres y las cosas con los que nos hemos
identificado. Entonces, ¿quién soy yo? Yo soy la memoria viva de los seres a quienes amo hoy y de los que amé antaño y luego perdí. La identificación es lo que me hace amar y ser lo que soy."
Juan David Nasio. "El placer de leer a Freud". (Imagén: Freud y sus padres)