Nacido en 1897, jovial y alegre, Guillermo Zañartu, trabaja en el aeródromo de el Bosque, en Santiago, a pocos días de abandonar el lugar, solicitó permiso para efectuar un vuelo de despedida en un bioplano, procediendo los mecánicos a revisarlo, hasta quedar en condiciones de buen funcionamiento. Guardiamarina Zañartu conversó con sus compañeros hasta el momento de dirigirse al bioplano, invitand
o al teniente de ejercito Marcial Espejo, su mejor amigo, para que fuera como pasajero en este vuelo. Recién salia de los limites del aeródromo cuando, al iniciar un pronunciado viraje a la derecha, se le vio encender violentamente hasta desaparecer detrás de unos árboles; una columna de humo, precedida de una detonación, indicó la tragedia. El Guardiamarina Zañartu, que había logrado salir ileso del aparato, regresó corriendo hacia él y se perdió entre las llamas en su afán de salvar al teniente Espejo, quien se encontraba sin conocimiento por el fuerte golpe. Tras inútiles esfuerzos, el valiente marino reapareció entre los escombros en llamas, esta vez, semidesnudo, desconfigurado y con el cuerpo convertido en una sola llaga. "Hay que ser hombre hasta el último"- exclamaba. Rodeado por su familia y amigos, sin expresar ni una sola queja, Zañartu muere a las 16:45 después de cinco horas de terrible agonía, convirtiéndose en uno de los primeros mártires de la Aviación Naval. Desde 1979 nuestro colegio lleva el nombre de este héroe insigne.