29/06/2026
A veces las palabras no bastan para describir un sufrimiento tan profundo. Hay dolores para los que simplemente no existe un idioma.
Ninguna palabra de consuelo puede llenar el vacío que deja una pérdida como esta.
Me duele el alma, pero hay algo que, en medio de tanta oscuridad, me da un poco de paz: saber que Kimberling no sufrió. Saber que, según los rescatistas y el médico forense, partió en el mismo instante del impacto, sin permanecer atrapada durante días, sin agonía, sin dolor.
Pensar que hubiera podido pasar cinco días bajo los escombros, herida, esperando ser rescatada, era una idea que me desgarraba por dentro. Saber que no fue así alivia un poco mi corazón, aunque jamás aliviará su ausencia.
A veces me pregunto si pude haber hecho más por ella. Si las circunstancias hubieran sido distintas, quizás habría encontrado otra manera de ayudar. Ese pensamiento me acompañará durante mucho tiempo.
Era mi sobrina consentida. Una parte de mi corazón.
Y, como toda tía que ama profundamente, no puedo evitar preguntarme: ¿por qué ella?
Sé que esa pregunta probablemente nunca tendrá respuesta.
Solo me queda agradecer por el tiempo que la vida nos permitió compartir, guardar su sonrisa en mi memoria y amarla para siempre.
No es un adiós, mi niña.
Es un hasta luego.
Te amaré toda la vida. ❤️🕊️