27/01/2026
Comparto hoy este carrusel dedicado a Beatriz González, una artista a la que admiro profundamente y que nos dejó recientemente. Mi admiración no es solo por la fuerza de su obra, sino por su forma de concebir el arte como un espacio de pensamiento crítico, de memoria colectiva y de educación.
González no fue únicamente una creadora visual. Fue también una intelectual, curadora y educadora excepcional, convencida de que el arte no debía separarse de los procesos de aprendizaje. En su práctica no existía una frontera clara entre producción artística y producción educativa: ambas formaban parte de un mismo gesto crítico, político y pedagógico.
Su trabajo, atravesado por la historia de Colombia, la cultura popular y las imágenes de los medios de comunicación, nos obliga a mirar de frente la violencia, la muerte y el dolor, pero también a preguntarnos cómo miramos y qué hacemos con esas imágenes. Desde colores planos y una estética deliberadamente antiacadémica, Beatriz González desafió las normas del arte para convertirlo en una forma de crónica histórica y reflexión colectiva.
Este carrusel es una invitación a conocer su obra, pero también a pensar cómo el arte puede entrar en el aula no como adorno, sino como dispositivo de lenguaje, pensamiento y conciencia crítica. Porque cuando el arte incomoda, cuando interpela, cuando no da respuestas fáciles, se convierte en una herramienta educativa poderosa.
Ojalá estas imágenes abran preguntas.
En el aula y fuera de ella.