25/01/2025
La Mentira, El Arte de la Política
(O cómo desaparecer sin dejar rastro)
El aire en la Biblioteca Nacional era denso, polvoriento, cargado de un silencio antiguo. Las estanterías altísimas, de madera oscura y agrietada, guardaban volúmenes de historia olvidada, enciclopedias políticas y discursos de hombres mu***os.
Fue allí, en una esquina escondida, donde Efraín Suárez —un joven ambicioso, un don nadie aún— encontró el pequeño libro encuadernado en cuero desgastado.
"La Mentira, El Arte de la Política"
El título le hizo sonreír. Lo hojeó con dedos ansiosos, el olor a páginas viejas llenando sus pulmones. El autor, un tal M.F.C., explicaba que la mentira era la clave del poder.
—Los grandes políticos no gobiernan con la verdad. Gobernar es mentir. Mentir con astucia, con gracia. Mentir con precisión.
Las páginas estaban llenas de ejemplos de líderes que habían dicho cincuenta mil mentiras y seguían en el poder. Otro que prometió acabar con la corrupción y se volvió el más corrupto de todos. Otro que dijo que no habría guerra y lanzó bombas sobre ciudades dormidas.
Efraín cerró el libro. Una corriente eléctrica le recorrió la espalda.
—Esto… esto es oro puro.
Esa noche, en su pequeña habitación alquilada con vista a una calle ruidosa y caótica, Efraín se devoró el libro. No solo lo leyó. Lo absorbió.
Y así comenzó su ascenso.
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Las Risas y el Oro
La ciudad ardía de luz, música y dinero fácil.
Efraín, ahora alcalde de un municipio en expansión, vivía en una mansión con piscina, con whisky de 200 dólares en su mano derecha y un puro encendido en la izquierda.
La mentira lo había hecho rico.
—¡Que el pueblo coma promesas! —decía entre carcajadas en cenas exclusivas con empresarios y constructores.
Sus amigos lo celebraban, brindaban por su astucia. El dinero fluía. Sus familiares tenían puestos en la alcaldía. Sus aliados recibían contratos jugosos. La prensa lo pintaba como un reformador.
Las calles de la ciudad eran un espectáculo de colores y bullicio. Vendedores ambulantes gritaban sus ofertas, los bares rebosaban de música, los mercados apestaban a fruta madura y carne fresca.
El engaño estaba en el aire como un perfume dulce y embriagador.
Cuando le preguntaban por las obras prometidas, él sonreía con una seguridad imbatible:
—¡Ya vienen!
Y la gente lo creía. Porque mentía con carisma, con una sonrisa, con la voz de un salvador.
Así ascendió. De alcalde a ministro. De ministro a candidato a diputado.
Hasta que Link Leak apareció.
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El Nombre Ma***to
El informe fue un golpe directo al corazón.
Link Leak publicó documentos, audios, facturas, conversaciones filtradas.
Efraín había prometido hospitales que nunca se construyeron.
Efraín había dicho que el dinero del pueblo estaba en buenas manos, cuando esas manos eran las suyas.
Efraín había inventado datos, había fabricado crisis, había jugado con la fe de la gente.
Y entonces la gente recordó.
El aire en la ciudad se volvió denso, caliente, peligroso. Las calles, que antes vibraban con música y risas, ahora murmuraban su nombre con odio.
Efraín Suárez: el mentiroso.
Y él, desesperado, recordó el libro.
—¡El libro tenía un capítulo sobre esto! ¡Cómo sobrevivir cuando te acusan!
Tenía que leerlo de nuevo. Necesitaba la clave para salir de esta.
Así que volvió a la biblioteca.
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El Libro que Nunca Existió
El aire en la Biblioteca Nacional seguía igual de polvoriento, pero ahora le resultaba sofocante.
Caminó con prisa. Llegó a la sección exacta donde lo encontró años atrás. Las estanterías seguían allí. Pero el libro no.
—Debe estar aquí…
Buscó.
Rebuscó.
Ordenó que lo buscaran.
Pero el libro no estaba en ningún lado.
Los bibliotecarios revisaron los registros. Nada. Ninguna mención de "La Mentira, El Arte de la Política".
—No existe ningún libro con ese título, señor.
—¡Lo leí aquí hace años!
Los empleados lo miraban con desconcierto. Algunos con burla.
El pánico lo golpeó.
¿Cómo podía desaparecer un libro así? ¿Cómo podía haberlo leído si nunca estuvo aquí?
¿Y si…?
No. No.
No podía pensar en eso ahora. Tenía que escapar.
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La Bacteria y el Cuerpo
La ciudad lo rechazó. Las puertas que antes se abrían, se cerraron con estruendo.
Los empresarios que antes lo rodeaban cambiaron de número.
Los periodistas que antes lo protegían dejaron de responder.
Los aliados que antes lo aplaudían ahora le negaban el saludo.
Las calles estaban cargadas de un murmullo espeso.
Cuando intentó dar su discurso de despedida, nadie lo escuchó.
Cuando intentó explicar sus acciones, nadie le creyó.
Cuando intentó huir a su pueblo natal, nadie lo dejó.
Las personas lo reconocieron en la plaza. Y comenzaron a recordar.
—Nos prometiste agua potable.
—Nos prometiste carreteras.
—Nos prometiste empleo.
—Nos prometiste salud.
Y la risa comenzó. Primero, una risa suelta. Luego, un grupo riéndose. Luego, la plaza entera riéndose.
—¡Nos prometiste tanto!
Y la risa se convirtió en manos.
Y las manos en golpes.
Y los golpes en sangre.
Cuando su cuerpo quedó inmóvil sobre la tierra caliente y polvorienta, las carcajadas aún resonaban.
No había juicio.
No hubo veredicto.
No hubo defensa.
Solo una limpieza natural, como cuando un cuerpo se deshace de una infección.
La gente volvió a sus vidas. El calor siguió. La música regresó.
Y el nombre de Efraín Suárez se desvaneció.
Como un libro que nunca existió.
Texto y foto tomado de la red.