30/07/2026
Cuesta cambiar lo viejo por lo nuevo.
La taquigrafía se remonta a los antiguos romanos. Se enseñó en las escuelas hasta mediados del siglo XX. En los juzgados —por imposición ideológica— fue la herramienta principal para los registros hasta el secuestro del bebé Lindbergh en 1932 (denominado el juicio del siglo): el mundo quería saber rápidamente lo que estaba pasando; obviamente, no podían hacer mucho con la taquigrafía. La fuerza social introdujo el texto mecanografiado, pese a que esta tecnología ya existía muchos años antes.
La escritura a mano en la escuela también evoluciona. Lamentablemente, su historia es similar a la de la taquigrafía. La letra manuscrita o ligada alcanzó su apogeo en la Revolución Industrial con metodologías rigurosas como el estilo Spencerian y el método Palmer.
Pero, en 1900, Europa evidenció una desconexión cognitiva: a los niños se les exigía leer libros impresos con letras separadas, pero se les enseñaba a escribir utilizando formas cursivas ligadas. La solución fue introducir la letra de imprenta. Hoy, a más de una madre de familia no parece molestarle que su hijo domine primeramente la letra imprenta y que la manuscrita sea solo una opción.
Con la actual revolución digital, las computadoras y los teléfonos están haciendo desaparecer la necesidad humana de escribir a mano. Sin embargo, educadores, psicólogos y familias tecnofóbicas exigen disminuir e incluso prohibir el uso de los teclados en la escuela del siglo XXI. Los detractores de la tecnología aducen que escribir a mano es mentalmente superior al teclado. Cabe recordarles que el hecho de que una habilidad se desarrolle para adaptarse al entorno no significa que la habilidad permanezca estática para siempre. Las habilidades y las necesidades evolucionan juntas. Cuando requeríamos escribir a mano lo hicimos hasta alcanzar el máximo potencial; ese mundo ya no es necesario hoy. Dominar el teclado es una competencia de nuestra época y puede que, en un futuro próximo, también desaparezca y la escritura pase a ser controlada por la mente y la voz.
Aprender a evolucionar es nuestro mensaje.