04/09/2026
Como cuando dejaste Potosí hace como 30 años con una maletita que tenía dos mudadas, una chompa que después descubriste que en Santa Cruz no servía pa nada y unos cuantos pesos que tu mamá te había metido en el bolsillo antes de subir a la flota y vos le dijiste “ya voy volver cuando junte algo mamita”, porque tampoco estabas viniendo a conquistar el mundo ni a cumplir ningún sueño hollywoodense, estabas viniendo a laburar nomás porque te habian contado que allá abajo había una ciudad donde siempre faltaban manos, llegaste después de no sé cuántas horas de viaje, abriste la puerta de la flota y lo primero que sentiste fue ese calor que te hizo pensar, "donde c4rajo me vine a meter? jajaj”, pero ya estabas ahi pues y había que meterle. Entonces agarraste lo que apareció, cargaste cosas, vendiste cosas, ayudaste donde había que ayudar y un día terminaste con un carrito verde, unos termos de leche, unos vasos de plastoform y un lugarcito en la Plaza 24 de Septiembre, pensando que era mientras tanto nomás hasta que salga algo mejor. Pero pasan 2 años, pasan 5, pasan 10, pasan 20 y una madrugada estás contando los quintos, mirando la catedral iluminada y te das cuenta que conocés esa plaza mejor que tu propia casa porque viste pasar media vida cruceña por delante tuyo. Viste jóvenes que venían agarrados de la mano y años después volvieron con sus hijos, viste borrachos jurando que mañana cambiaban de vida, viste divorcios, reconciliaciones, estudiantes amanecidos, cambas que perdieron el trabajo, cambas que consiguieron, unos periodistas, taxistas, policías, músicos, vendedores, señoras que salen de misa, maleantes que se hacen los sonsos, turistas que no saben dónde están y ese mismo viejo que llega todos los jueves y ya ni te dice qué quiere porque vos sabés que toma café con leche y dos cucharadas de azúcar.
Y en algún momento, sin que nadie lo decretara, ni te entregara un carnet, ni te hiciera un examen de cambaneidad, vos también comenzaste a ser parte de todo eso porque la gente ya no decia “voy comprar café", decia “voy donde el casero de la plaza” y vos que habías llegado pensando que Santa Cruz era solo el lugar donde se podía hacer unos pesos, comenzaste a pvtear el surazo, a decir puej, a saber cuándo septiembre ya se siente distinto, a alegrarte cuando florecen los tajibos, a sentir extraño cuando pasás varios días sin ver la plaza. Y un día alguien te pregunta de dónde sos y vos decís Potosí, claro, con orgullo, porque allá está tu infancia, tu familia, tus mu***os, tus recuerdos y nadie tiene por qué arrancarse una tierra del pecho para querer otra. Pero después te preguntan “¿y Santa Cruz qué es para vos?” y ahí ya cuesta responder porque ¿cómo explicás que una ciudad donde no naciste terminó siendo el lugar donde criaste tus hijos, donde te hiciste viejo, donde aprendiste el nombre de cientos de desconocidos, donde trabajaste cuando estabas cansado, donde te levantaste cuando estabas jodido, donde alguien que no conocías te dijo “casero, mañana le pago” y volvió al día siguiente a pagarte, donde miles de personas durante años agarraron un vasito caliente de tus manos sin saber que con esas mismas manos vos estabas construyendo tu propia historia acá? Y creo que por eso me da risa cuando queremos resumir lo camba solamente a apellido, a sangre, a haber nacido acá, porque Santa Cruz también está hecha de tipos como vos pues, gente que llegó de otro lado con una maletita pensando que venía a trabajar un rato y terminó dejando aquí la juventud, la espalda, las canas, los hijos, los amigos, los domingos, las navidades y media vida entera.
La cultura de una ciudad no son solamente las cosas que están en un museo, también es saber que a las 5 de la tarde, en la plaza, hay un señor vendiendo café con leche en un carrito verde y que si estás con sueño o con el corazón roto o queres sentarte a conversar con alguien, podés acercarte y decirle “casero un cortadito porfa” y ese detalle tan pequeño, tan boludo, tan cotidiano, se repitió tantas miles de veces que ya se volvió parte de Santa Cruz.
Y capaz vos nunca salgas en un libro ni nadie haga una estatua con tu nombre, ni falta que hace, porque durante años viste amanecer esta ciudad antes que casi todos nosotros y mientras Santa Cruz dormía vos ya estabas calentando la leche. Entonces capaz viniste de Potosí buscando una oportunidad y Santa Cruz te la dio, pero después vos también le devolviste algo a Santa Cruz: le diste años de trabajo, le diste una costumbre, le diste un personaje, le diste una parte chiquitinga de su identidad. Y ahora, después de tanto tiempo, si algún pelotudo quiere preguntarte si sos suficientemente camba o no, capaz ni vale la pena discutirle nomás, servile su café, decile “cuidado, está caliente joven” y seguí mirando la plaza porque hay gente que nace en Santa Cruz y hay otra que tarda veinte años en darse cuenta que Santa Cruz también nació un poquito dentro de ellos.