07/08/2026
Fragmento de la Clase Nro 43 del Curso de Leyes Noajidas del Rabino Ariel Groisman El Respeto a la Vida Humana y su Integridad Parte 6.
Acceso al Audio del Resumen de la Clase en YouTube: https://youtu.be/WwT0pdL3q-0
El lashón hará ocurre cuando una persona dice algo que es cierto pero despectivo sobre otra persona, algo que la hace quedar mal. A pesar de que no está mintiendo, ni injuriando, esa información se utiliza de una manera que provoca daño mediante la humillación o el desprestigio. Es decir, puede tratarse de cualquier declaración informativa o despectiva que pueda causar un daño físico, económico o social, directo o indirecto, a otra persona, o que le causaría angustia o sufrimiento si supiera que esas palabras fueron dichas sobre ella y escuchadas por otros. Esto es independientemente de que se diga en presencia o en ausencia de la persona de la que se está hablando.
La gravedad no está solamente en las palabras pronunciadas, sino también en la intención de quien habla y en el daño que pueden producir.
El lashon hará también puede manifestarse mediante una entonación maliciosa, una insinuación, una actitud de disfrute al contar las dificultades o desgracias de otra persona, o mediante la intención de exponer algo que debería permanecer privado.
Esto es una prohibición que trae consecuencias muy graves para la persona. Esta norma es una de las prohibiciones que se derivan de la Prohibición del As*****to y Dañar la Integridad de las Personas.
En esos casos, la persona está dañando la dignidad del otro, revelando información que no le pertenece y exponiéndolo frente a los demás. Es como si públicamente le quitara la ropa, una protección que toda persona tiene derecho a conservar; su privacidad y su honor. Por eso, esta prohibición tiene una enorme gravedad dentro de la Torá, así como también consecuencias muy serias, tanto en este mundo como en el juicio Divino.
01/08/2026
Fragmentos del resumen transcripción del Curso de Leyes Noajidas Clase Nro. 42 - Respeto a la Vida Humana y su Integridad 5ta Parte del Rabino Ariel Groisman
Acceso al Audio completo del resumen transcripción de la clase en YouTube: https://youtu.be/zDgEANwCQDk
La Torá nos enseña que el daño hacia otro ser humano no comienza únicamente con una agresión física. También podemos herir, destruir y causar sufrimiento mediante algo aparentemente invisible: nuestras palabras.
Una persona puede sanar de una herida física, pero una humillación, una difamación o una palabra pronunciada en el momento equivocado puede permanecer durante años en la memoria, en la reputación y en la dignidad de quien la recibió.
Como enseña el Talmud: “Quien avergüenza a su compañero en público es como si derramara sangre” (Bava Metzia 58b), porque la vergüenza no es algo imaginario; produce un daño real en la persona, en sus emociones y en su dignidad.
La Torá también nos enseña que el ser humano es llamado “Medaber” (el ser parlante) porque la capacidad de hablar es una característica única que lo distingue dentro de la creación.
La palabra refleja un poder especial recibido de D-os. Con ella podemos enseñar, bendecir, consolar, fortalecer, orientar y elevar a otros. Pero esa misma herramienta puede convertirse en un instrumento de destrucción cuando se utiliza para humillar, difamar, avergonzar o causar sufrimiento.
Por eso, tener la capacidad de hablar no es solamente un privilegio; es una enorme responsabilidad.
Muchas veces las personas consideran que un comentario pequeño no tiene importancia: “Solo lo conté porque era gracioso”. “Solo repetí lo que escuché”. “Solo era un comentario”.
Pero la Torá nos enseña que el chisme es como el fuego. Una pequeña llama puede parecer insignificante, pero si no se controla puede extenderse, destruir hogares, romper amistades, afectar negocios y dañar la reputación de una persona.
Una palabra puede salir de nuestra boca en un instante, pero sus consecuencias pueden permanecer durante años.
Por eso la pregunta no debe ser solamente: “¿Lo que estoy diciendo es verdad?” También debemos preguntarnos: ¿Es necesario decirlo? ¿Ayuda a alguien? ¿Estoy construyendo o estoy destruyendo?
La difamación puede comenzar incluso con una simple sospecha. Una persona puede ver solamente una parte de la realidad, interpretar equivocadamente una situación y transmitirla como si fuera un hecho.
Una frase sin pruebas puede afectar el trabajo de alguien, su familia, su economía y su dignidad. Cuando una información falsa se difunde, la persona afectada muchas veces debe pasar mucho tiempo intentando reparar algo que fue destruido en segundos.
Los Sabios enseñan que quien avergüenza a otro en público comete una falta de enorme gravedad, porque reparar una herida causada mediante la palabra puede ser muy difícil. Una vez que la palabra salió, no podemos detenerla. No podemos recuperar una frase que ya fue pronunciada.
No sabemos cuántas personas la escucharán, cuánto tiempo será repetida ni qué consecuencias tendrá en la vida de otra persona. Por eso debemos aprender a dominar nuestra lengua antes de que nuestra lengua nos domine a nosotros.
Pero cuidar la palabra no significa solamente evitar hablar mal de otros. También significa no convertirnos en personas que reciben, alimentan y permiten el chisme.
Muchas veces quien quiere difamar busca justamente a alguien dispuesto a escuchar. Si nadie estuviera dispuesto a recibir esa información, muchas conversaciones dañinas simplemente no tendrían lugar. Por eso proteger nuestros oídos también es parte de proteger nuestra alma.
La Torá también nos enseña a cuidar la identidad y la dignidad de cada persona. Incluso los apodos pueden convertirse en una forma de daño cuando reducen a alguien a una característica física, un defecto o una situación vergonzosa.
Cada persona tiene un nombre porque cada persona tiene un valor propio. No debemos transformar a un ser humano en una etiqueta.
La Torá nos recuerda que cada individuo fue creado a imagen de D-os. Pero la enseñanza de la Torá no termina mostrando solamente el peligro de la palabra. También nos enseña su enorme poder positivo.
Una palabra de aliento puede cambiar el día de una persona. Una bendición puede fortalecer. Una enseñanza puede transformar una vida. Una frase pronunciada con amor puede ayudar a alguien a levantarse cuando está atravesando una dificultad.
La misma herramienta que puede convertirse en fuego destructivo también puede convertirse en luz. Por eso cada día tenemos una elección: ¿Usaremos nuestra boca para herir o para construir?
El Código Noájida nos enseña que la espiritualidad no se demuestra solamente en grandes acciones, sino también en las pequeñas decisiones cotidianas: cómo hablamos, cómo tratamos a otros y qué permitimos escuchar.
Antes de pronunciar una palabra debemos recordar que nuestras palabras tienen peso espiritual. Porque una palabra puede ser una chispa que inicia un incendio… o puede ser una luz que ilumina el camino de otra persona.
23/07/2026
Fragmentos de la transcripción / resumen de la Clase Nro. 41 del Curso de Leyes Noajidas del Rabino Ariel Groisman.
Acceso a la transcripción / resumen completa en Audio YouTube: https://youtu.be/iYBQ4r1Wyoc
La Torá nos enseña que la responsabilidad del ser humano no comienza solamente cuando ocurre un daño. También comienza antes: en la prevención.
El versículo de Levítico 19:16 dice: “No permanecerás indiferente ante la sangre de tu prójimo. Yo soy Hashem”.
Esto significa que no podemos permanecer inactivos cuando la vida de otro está en peligro, pero también nos enseña que no debemos generar situaciones donde nuestra propia vida o la vida de otros pueda quedar expuesta innecesariamente.
La vida es un regalo del Eterno y no una propiedad absoluta del ser humano. Así como no puedo dañar al prójimo, tampoco puedo poner mi propia vida en peligro de manera irresponsable.
Pero esta responsabilidad va mucho más allá de nuestras acciones personales. La Torá nos enseña que el que coloca un elemento potencialmente peligroso en la propiedad pública, como son las calles y espacios compartidos, es quien tiene la responsabilidad de cuidarlo para que no cause daño.
No es responsabilidad del transeúnte evitar que un perro ajeno lo ataque; es responsabilidad del propietario asegurarse de que su animal no cause daño.
De la misma manera, quien conduce un vehículo por la vía pública tiene la responsabilidad de cuidar que su vehículo no cause daño a otros. Aunque cada persona debe actuar con cuidado, la responsabilidad no es igual cuando existe una diferencia de fuerza, capacidad o potencial de daño.
Un perro puede correr, morder o generar miedo. Un vehículo puede pesar más de una tonelada y desplazarse a gran velocidad. Pero si un objeto se rompe puede repararse o reemplazarse; la vida humana no funciona de esa manera.
Por eso la Torá ordena: “Cuando construyas una casa nueva, harás una baranda alrededor de tu techo, y no pondrás sangre en tu casa…” (Deuteronomio 22:8)
Este principio nos enseña que no alcanza con decir: “yo no hice daño”. Debemos preguntarnos: ¿Existe algo bajo mi responsabilidad que pueda causar daño a otro?
Una conexión eléctrica peligrosa, un medicamento mal guardado, un animal sin control, un objeto cortante abandonado o una conducta negligente pueden convertirse en una amenaza para la vida de otra persona.
Las Leyes Noájidas no son solamente consejos para ser mejores personas; son deberes establecidos por el Creador.
Nos enseñan a mirar más allá de nosotros mismos, de nuestra familia y de nuestro círculo cercano, comprendiendo que vivimos en una sociedad donde nuestras acciones tienen consecuencias sobre los demás.
La pregunta que esta clase nos deja es: No solamente debemos preguntarnos “¿puedo hacer esto?”, sino también: “¿lo que hago protege o pone en riesgo la vida y la tranquilidad de quienes me rodean?”
Porque cuidar al prójimo no es solamente evitar hacer daño; es asumir la responsabilidad de prevenirlo.
22/07/2026
Fragmentos de la transcripción y resumen de la Clase Nro 40 del curso de Leyes Noájidas del Rabino Ariel Groisman El Respeto a la Vida Humana y su Integridad Parte 3
Acceso al Audio del resumen / transcripción: https://youtu.be/AZZj3M9Cb7E
En esta clase profundizamos sobre un principio fundamental del Código Noájida: el respeto a la vida humana y la integridad de la persona.
La Torá nos enseña que existe una diferencia profunda entre justicia y venganza. Cuando una persona es atacada, dañada o sus bienes están en peligro, tiene derecho a defenderse y evitar el daño cuando no existe otra alternativa. Pero la Torá no permite actuar por odio o revancha. La defensa busca detener el mal; la venganza busca devolverlo, y eso no pertenece al camino de la justicia.
El noájida no solamente debe evitar hacer daño, sino también participar en la construcción de justicia. Denunciar un delito no es solamente buscar un beneficio personal; es fortalecer el sistema judicial y colaborar para que exista una sociedad donde la verdad y la justicia puedan prevalecer.
La Torá también establece que dentro del hogar no existe ningún permiso para la violencia. El maltrato físico, verbal, emocional, económico o de cualquier otra forma destruye la dignidad de la persona. Por eso, antes que el amor, una relación debe estar construida sobre un fundamento esencial: el respeto.
La reparación del daño tampoco se limita solamente a una compensación económica. La enseñanza del Rabino Weiner nos recuerda que quien hiere o avergüenza a otro necesita reparar el perjuicio causado, pedir perdón sinceramente y buscar reconciliación. La justicia requiere restituir el daño, pero el crecimiento espiritual requiere también arrepentimiento y perdón.
La Torá nos enseña: “Ojo por ojo, diente por diente”.
Pero la Torá Oral explica que esto no significa venganza física, sino una reparación proporcional al daño causado. Cada lesión debe ser evaluada considerando las consecuencias reales que produce en la vida de la persona, sin olvidar nunca que todos los seres humanos tienen el mismo valor porque fueron creados a imagen de D-os.
La gran enseñanza de esta clase es comprender que la vida y la integridad humana no nos pertenecen de manera absoluta. La vida es un regalo del Creador, y nuestra responsabilidad es protegerla, respetarla y actuar para que el mundo sea un lugar de justicia, responsabilidad y paz.
Que Hashem nos dé sabiduría para diferenciar entre defendernos y vengarnos, entre castigar y odiar, y nos dé la fortaleza para ser colaboradores en la construcción de un mundo más justo, cumpliendo el mandato de la Torá.
“Tzedek, tzedek tirdof” — Justicia, justicia perseguirás.
20/07/2026
Fragmentos de la transcripción / resumen de la Clase Nro 39 del Curso de Leyes Noájidas del Rabino Ariel Groisman titulada El Respeto a la Vida Humana y su Integridad – Parte 2
Acceso al Audio de la transcripción / resumen del curso: https://youtu.be/amELapXdnmI
Cuando la gente lee el texto de la ley que dice: «No asesinar», inmediatamente piensa que, como no asesina, ya cumplió. Pero no es así como funciona el cumplimiento de las normas sobre el respeto a la vida humana y su integridad.
La Torá nos enseña que esta ley incluye mucho más que quitar una vida. Incluye la prohibición de causar daño físico, heridas y lesiones, pero también incluye el daño emocional al prójimo.
Hoy la sociedad sabe que las lesiones psicológicas pueden dejar traumas que muchas veces son incluso más graves que las lesiones físicas. Pero la Torá ya lo enseñaba desde hace miles de años.
Cuando el versículo habla del derramamiento de sangre, no se refiere solamente a lo que ocurre de manera literal, sino también a aquello que sucede cuando una persona es humillada, avergonzada o deshonrada.
Cuando una persona sufre una humillación pública o privada, su rostro cambia de color: se pone pálido, violáceo o rojo. Eso que sucede también es considerado un derramamiento de sangre.
Lo mismo ocurre cuando una persona es asustada o amenazada. Todo eso está incluido dentro de las derivaciones de la prohibición de as*****to. La Torá nos enseña que respetar la vida humana significa proteger también la dignidad y la integridad emocional de cada persona.
El noájida no puede depender únicamente de jueces y policías para evitar las lesiones, tanto físicas como emocionales. Debe aprender a autorregularse como individuo y como grupo.
Una familia, un grupo de WhatsApp, un grupo de trabajo o una comunidad deben establecer límites claros: no permitir humillaciones, insultos ni maltratos. Muchas situaciones de daño existen porque hay un entorno que las tolera y las legitima.
Cuando estudiamos las leyes de la Torá, vemos que el objetivo principal no es solamente el desarrollo y refinamiento del comportamiento individual, sino la rectificación colectiva.
El ser humano es un ser social, y encuentra su beneficio individual dentro de una sociedad corregida. La Torá no enseña solamente cómo mejorar uno mismo, sino cómo ayudar a corregir el mundo.
Y así como está prohibido lesionar a otros, también está prohibido lesionarse a uno mismo.
La vida y el cuerpo no son una propiedad absoluta de la persona. El cuerpo, que es el recipiente de la vida, y la misma vida nos fueron entregados por Dios.
Así como no puedes herir a otro, tampoco puedes herirte a ti mismo.
No solamente está prohibido causarte heridas en tu propio cuerpo, sino también hacerte sufrir voluntariamente, exponiéndote a humillaciones o degradaciones sin ningún sentido y sin ningún objetivo permitido.
El Talmud enseña: «Quien avergüenza públicamente a su prójimo es como si derramara sangre».
La pregunta que debemos hacernos es: ¿realmente es tan grande la diferencia entre destruir a una persona de una vez o ir destruyéndola lentamente mediante la humillación y la vergüenza?
La Torá nos llama a cuidar no solamente la vida, sino también la dignidad del ser humano.
En estas clases aprendemos que la normativa no es solamente para conocer leyes, sino para prevenir errores y actuar correctamente.
Debemos saber qué hacer y hacerlo; saber qué no debemos hacer y no hacerlo; y aprender cómo evitar situaciones negativas.
No podemos cambiar el pasado, el futuro, las decisiones de otros o aquello que depende de un gobierno. Pero sí podemos trabajar sobre aquello que está en nuestras manos: nuestra propia persona y nuestra propia conducta.
Si podemos conducir nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones de acuerdo con la Torá, podemos darnos por realizados en la vida.
Porque si Dios te puso en el mundo, es para que corrijas el mundo y no para que lo destruyas. Cada persona tiene una misión y un propósito: valorar la vida, cuidar la dignidad humana y ayudar a construir un mundo mejor.