Brit Olam Bolivia

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Comunidad de estudio de cultura de paz, de Torá, de leyes noájidas, de vocación de servicio social

14/06/2026

La verdad es que muchas veces no entendemos la fuerza espiritual del dar.
No se trata solamente de entregar una moneda para calmar la conciencia. Se trata de mirar a una persona que necesita alimentarse y preguntarnos: “¿Puedo darle algo que realmente le ayude? ¿Puedo cubrirle al menos una comida? ¿Puedo darle no sólo lo que me sobra, sino algo que tenga valor para él y también significado para mí?”
El dinero no es solamente papel o números en una cuenta. El dinero es una energía poderosa que el Eterno pone en nuestras manos para administrarla correctamente. Con dinero nos alimentamos, vestimos a nuestra familia, compramos medicinas, nos movemos, construimos, celebramos y sostenemos la vida.
Por eso, cuando una persona da Tzedaká (ayuda monetaria) con sinceridad, eleva su dinero. Lo convierte en vida, alimento, abrigo, esperanza y mérito espiritual.
Si el Eterno puso delante de ti a una persona necesitada, mueve tú tu corazón a misericordia, no ignores ese momento. Esa persona no llegó a ti por casualidad. El Creador te está dando la oportunidad de transformar tu dinero en justicia.
Da lo que puedas, pero da un monto que tenga significado para ti. Que lo sientas. No des sólo lo que no te importa perder. Da algo que al otro realmente le haga falta.
No midas al necesitado desde la peor versión de ti mismo. No todos los que piden quieren aprovecharse. Muchos sólo están esperando que alguien los mire con misericordia y dignidad. Entiende que para cualquier persona pedir duele.
Porque cuando das bien, no sólo entregas dinero. Entregas vida. Entregas energía. Entregas alegría. Entregas sostén. Y al mismo tiempo, algo dentro de ti empieza a cambiar.
Tu alma se vuelve más sensible. Tu corazón se vuelve más amplio. Tu mirada se vuelve más humana. Y la alegría entra en tu interior, porque sabes que hiciste algo correcto, justo y agradable ante el Eterno.
Y cuando des, no des sólo con la mano. Da también con la boca. Acompaña tu ayuda con palabras que levanten:
“Ánimo. Que el Eterno lo bendiga. La mano del Creador no lo abandona. Confíe en Él, háblele, porque Él escucha.”
La Tzedaká no empobrece al alma. La engrandece.
El que ayuda al necesitado ahorra en el Cielo y recoge intereses en esta tierra.

14/06/2026

Parashat Koraj y el Mundial. Rab David Shalem Director de Habla Hispana del Centro Noajida Mundial BRIT OLAM con sede en Jerusalén ISRAEL. ​ ​

14/06/2026

Parashat shelaj leja: mirar al cielo. Rab David Shalem Director de Habla Hispana del Centro Noajida Mundial BRIT OLAM con sede en Jerusalén ISRAEL. ​ ​

13/06/2026

Fragmentos del Resumen del Curso de Leyes Noájidas Nro. 32 del Rabino Ariel Groisman – El Normas Sobre el Respeto a los Seres Vivos Parte 2
Acceso al Audio del Resumen: https://youtu.be/Tbu6fe9JAHw
El color verde del Arcoíris representa todos los mandamientos ecológicos. Cada uno de los colores del arcoíris, que es la señal divina del pacto entre D-os y la humanidad, representa una de las siete leyes que la humanidad debe observar para preservar y desarrollar la tierra.
A partir de que Noaj salió del Arca después del Diluvio, D-os renovó el pacto con la humanidad entregando un precepto más al ser humano. Con ese precepto permitió el sacrificio de animales para el consumo, pero estableció la prohibición de “no comer carne con su vida”, lo cual significa no consumir una parte de un animal que aún está con vida.
El análisis y la profundización de esta ley nos muestra que también implica no hacer sufrir innecesariamente a los seres vivos, además de tener respeto por la adecuada utilización de los recursos naturales.
La Toráh, a través del pacto noájida, otorga derechos a los animales y establece sanción para la persona que haga sufrir innecesariamente a un animal. Lo que es seguro es que esta idea de derecho animal y de respeto a la naturaleza ya ha sido asumida en muchas naciones.
El triunfo de las leyes noájidas es que mucha gente las observa sin saber que su origen es el pacto de D-os con la humanidad: el Pacto del Arcoíris. En términos generales, las sociedades actuales se están orientando hacia la luz de la Toráh sin saberlo.
Lo que no se debe hacer es sacrificar al animal de un modo en el que intencionalmente se lo haga sufrir. Se debe buscar la forma más rápida posible para que muera, evitando toda crueldad innecesaria.
Ya explicamos que antes del Diluvio, hace aproximadamente cuatro mil ciento treinta años, por la perversidad de la humanidad, la vida de los seres humanos en general no tenía valor para los habitantes perversos. La gente era vendida como esclava.
Los más débiles y vulnerables de la sociedad, como los ancianos, los niños y las mujeres, eran vendidos como esclavos e incluso como carne, ya que practicaban canibalismo.
La carne humana nunca fue permitida para consumo, ni para la primera generación humana desde Adam hasta Noaj, ni para la civilización posterior a Noaj. La Toráh no advierte específicamente sobre comer parte de un ser humano vivo porque jamás fue permitido consumir carne humana: ni de un ser humano vivo, ni mu**to, ni una parte de él, ni nada de él.
No todo sufrimiento animal está prohibido. Mientras sea el mínimo necesario y esté al servicio de una necesidad humana real, está permitido. Lo que está prohibido es la crueldad animal: hacer sufrir al animal por diversión, por morbo, por desidia o sin ningún provecho legítimo.
La ley de la Toráh fue la primera legislación humana que dio derechos a los animales hace más de tres mil años, y antes de eso ya estaban reconocidos en el pacto noájida de hace más de cuatro mil años. Los derechos de los animales, que muchas naciones reconocieron recién en los últimos tiempos, la Toráh ya los había tratado desde antiguo.
La prohibición de la Toráh de no hacer sufrir innecesariamente a un animal incluye a todos los seres vivos del mundo animal: animales terrestres, rastreros, acuáticos o voladores. No se puede tomar criaturas a las que D-os les dio vida y lastimarlas en vano.
Que el Eterno nos ayude a vivir con conciencia, respeto y responsabilidad frente a Su creación: cuidando a los seres vivos, evitando la crueldad, usando los recursos con sabiduría y recordando que el mundo no nos pertenece para destruirlo, sino para preservarlo y desarrollarlo conforme al Pacto del Arcoíris.

13/06/2026

Fragmentos del Resumen del Curso de Leyes Noájidas Nro. 31 del Rabino Ariel Groisman – Normas Sobre el Respeto a los Seres Vivos Parte 1
Acceso al Resumen del Curso en Audio: https://youtu.be/L6Z2CCZeo9E
El Eterno no dejó al ser humano hurgando en la oscuridad. Le dio una Torá de luz para alumbrarse, con un manual de instrucciones precisas sobre cómo vivir una vida significativa, poderosa, con abundancia, con alegría, agradando al Creador, agradando al semejante y viviendo una vida correcta.
El Principio de Respeto a los Seres Vivos incluye el respeto a los animales, a los vegetales y a todos los recursos naturales. Es ley noájida respetarlos y no derrocharlos. Este precepto enseña hasta qué punto podemos utilizar un animal para nuestro beneficio y en qué punto eso está prohibido.
En Génesis 2:15 está escrito que D-os tomó al hombre y lo estableció en el huerto de Edén “para cultivarlo y preservarlo”. Simbólicamente, esto significa que cada ser humano es como un jardinero de D-os, con la función de desarrollar el jardín del Eterno, que es todo el planeta Tierra.
El jardinero no puede tener el planeta Tierra descuidado, desaliñado, improductivo, sin belleza ni armonía. Debe cuidar prolijamente el jardín para que sea un lugar bello, un lugar de paz, un lugar donde todas las especies puedan coexistir. Ese es el objetivo de la creación, alcanzado a través de la práctica de los mandamientos divinos para el ser humano.
A través de la práctica de los mandamientos universales, D-os quiere que seamos jardineros en Su jardín. Es decir, que desarrollemos la humanidad, la sociedad, el mundo, nuestra persona y nuestra familia, y que protejamos todo eso para que no sea dañado.
D-os le permite al ser humano consumir carne, pero no carne de un animal que todavía está vivo. Para consumir carne, primero hay que matar al animal y luego comerlo. No está permitido quitarle una parte mientras sigue vivo, mantenerlo con vida, y después volver a quitarle otra parte para comerla.
El permiso que da la Torá al noájida es que puede consumir de todo. Si algún animal resulta repulsivo para tu cultura, ese es un asunto independiente y no tenés por qué consumirlo. Pero las leyes noájidas son atemporales, para todas las culturas, para todo momento y para todo lugar.
La ley que aplica al pueblo judío no es la misma que aplica a los noájidas. Son dos sistemas legales diferentes. Por eso es tan importante estudiar el Código de Leyes Noájidas, para no confundir mandamientos judíos con mandamientos universales.
El permiso de la Torá al ser humano es matar animales para consumirlos, pero no es un deber de la Torá que el ser humano coma carne animal. Lo que sí es un deber es reconocer la preponderancia de la vida humana sobre la vida del animal, hasta el punto de que D-os, que es el más misericordioso de todos, permite matar animales para consumo humano.
Lo que sí tenemos prohibido es hacer sufrir innecesariamente a cualquier animal. Causar un sufrimiento mínimo al matar un animal para aquello que el ser humano necesita está permitido. Lo que la Torá prohíbe es hacer sufrir al animal por morbo, por mero gusto o por “deporte”. Eso está absolutamente prohibido.
Resumiendo: está prohibido consumir el miembro de un animal vivo, hacer sufrir innecesariamente a un animal o humanizar a un animal. El animal debe ser cuidado y amado como animal, no como ser humano. La Torá nos enseña a respetar a cada criatura según su lugar, su función y su propósito dentro de la creación.
Que el Eterno nos ayude a vivir como verdaderos jardineros de Su creación: cuidando la vida, respetando a los seres vivos, evitando el sufrimiento innecesario y usando los recursos del mundo con responsabilidad, conciencia y gratitud.

13/06/2026

“Nuestro trabajo (en este mundo) no es lograr llegar al cielo (enfocado en tus méritos ) sino bajar el cielo a este mundo (enfocado en practicar acciones de bondad).”
Llegar al cielo no es el propósito, sino la consecuencia de enfocarnos en los tres pilares del mundo.
Hacer actos de bondad
La plegaria al Eterno
El estudio de la sabiduría en su palabra (Tora Oral y Escrita)

08/06/2026

FRAGMENTOS DEL RESUMEN DEL CURSO Nro. 28 de la Clase de Leyes Noájidas del Rabino Ariel Groisman - El respeto al Creador Parte 3
Acceso al Audio del Resumen: https://youtu.be/UpwFg5b9-kc
El Curso de Leyes Noájidas es el manual de instrucciones del Eterno para todos los seres humanos. Es muy importante este aprendizaje para poder conducirnos de acuerdo con la voluntad del Eterno y recibir Sus recompensas en este mundo, en el Mundo Venidero y en la resurrección de los difuntos, en la época del Mesías.
Uno de los principios noájidas es expresar temor reverencial y respeto al Eterno. Esto implica no ofender ni blasfemar al Creador con nuestras actitudes, palabras y acciones. El respeto al Nombre del Creador no es una idea abstracta, sino una conducta concreta que debe reflejarse en cómo hablamos, cómo escribimos y cómo actuamos.
La Toráh está vigente para cada momento y lugar. Por eso no estudiamos solamente ideas espirituales, sino normas prácticas para vivir hoy: cómo respetar el Nombre del Eterno, cómo manejar libros o escritos sagrados, cómo cuidar nuestras palabras y cómo conducirnos con conciencia delante del Creador.
Cada persona noájida tiene el deber, como ser humano racional, de cumplir su palabra y no transgredirla. Por eso, como existe el deber de cumplir lo que uno dice, es un gran beneficio evitar al máximo jurar y prometer. Con eso la persona se salva de muchas dificultades.
En el lenguaje del Talmud hay una enseñanza muy fuerte: “Enséñale a tu lengua a decir: no sé”. Si te preguntan: “¿Te comprometes a algo?”, podés decir: “No sé, lo voy a ver, lo voy a pensar”. Porque si decís que sí, la palabra de un ser humano tiene poder, tiene mucho poder.
El ser humano fue creado a imagen y semejanza divina. D-os creó el mundo con la palabra, y D-os dialoga con el ser humano a través de todo el Tanaj. Por eso, cuando una persona da su palabra en compromiso, tiene que cumplirla. La palabra no es algo vacío; tiene fuerza, responsabilidad y consecuencias.
Una persona que está en desgracia, angustia o adversidad puede prometer a D-os algo para que el mérito de esa buena decisión la ayude a salvarse. Pero esa promesa debe tener un impacto real: una acción de tzedaká, de ayuda al prójimo, de estudio de Toráh, de plegaria constante o de fortalecimiento espiritual. No cualquier promesa sin sentido.
No tiene sentido prometer: “D-os, salvame de esta enfermedad y voy a caminar sesenta kilómetros”, si eso no produce ningún beneficio real. Si una persona promete algo al Eterno, tiene que ser una decisión concreta, significativa, con impacto en la sociedad o en su vínculo con D-os.
Cuando estás desesperado, no debes hacer una promesa que no tienes posibilidades reales de cumplir. Prometé algo normal, razonable y aplicable. Las promesas hechas desde la angustia deben ser medidas, concretas y sostenibles, porque D-os es fiel y la persona también tiene que ser fiel con D-os.
La promesa y la plegaria no vienen a reemplazar lo que tenés que hacer. Vienen a darte una fuerza extra para hacer lo que tenés que hacer, y principalmente para sostener esa decisión cuando ya no tengas motivación, cuando te enfríes. Por eso, quien promete tiene que prometer cosas reales.
Muchas veces lo mejor es enemigo de lo bueno. Uno quiere lo mejor, pero en ese momento no está en condiciones de lograrlo. Entonces es mejor hacer lo bueno y avanzar. Después, cuando uno esté más fortalecido, quizás pueda llegar a lo mejor. En el camino noájida, el crecimiento debe ser real, medido y sostenible.
Que el Eterno nos ayude a cuidar nuestra palabra, respetar Su Nombre, evitar promesas innecesarias y vivir con responsabilidad delante de Él. Que cada compromiso que asumamos sea real, posible y dirigido a traer más luz, más Toráh y más bien al mundo.

08/06/2026
08/06/2026

Los Trece Principios de Fe de Maimónides son la base del monoteísmo absoluto de la Torá. Quien busca servir al Eterno en verdad debe conocerlos y afirmarlos: creer en el D-os Creador de todo lo que existe, Uno y Único, sin división, sin asociación y sin forma corporal; el D-os de Israel, el D-os de la Torá Escrita y de la Torá Oral, el único D-os verdadero.

08/06/2026

FRAGMENTO DEL RESUMEN DE LA CLASE Nro 29 del CURSO DE LEYES NOÁJIDAS del Rabino Ariel Groisman - El Respeto al Creador Parte 4
Acceso al Audio del Resumen: https://youtu.be/UO5RPSAgRTU
D-os no dejó al ser humano en la penumbra, hurgando en la oscuridad. Le dio una Toráh de luz para esclarecer y alumbrar su camino. Le dio instrucciones, un manual eterno para la vida, que abarca todos los aspectos: la relación consigo mismo, con el Eterno, con el prójimo, con la pareja, con los animales, con los recursos naturales y con toda la sociedad.
Las promesas y juramentos que la persona hace tiene la obligación de cumplirlos. Por eso es muy importante, y un gran beneficio para el alma, que la persona adopte directamente la actitud de no jurar y no prometer nada innecesariamente.
Cuando hablamos del tipo de promesas que la persona puede hacer, siempre hablamos de promesas que sean en beneficio de la sociedad o en beneficio de sí misma, en el sentido de su acercamiento a lo Divino, al Creador. Por ejemplo: ayudar a comedores comunitarios, escuelas, hospitales, rezar al Eterno, estudiar Toráh u organizar un grupo de estudio de Toráh.
Una persona puede prometer ante el Eterno corregir su conducta. Si tiene una conducta desviada, adicciones o una conducta desmedida, puede jurar o prometer si eso la ayuda a sostener su corrección. Muchas veces, cuando una persona toma un compromiso determinado, eso la ayuda a sostener el juramento o la promesa.
Lo ideal es que la persona trate de sostener sus decisiones correctas sin necesidad de hacer promesas y juramentos. Pero si igualmente un noájida prometió a D-os hacer algo, como dar tzedaká o realizar acciones de justicia social, entonces debe cumplir su palabra, porque eso es parte de no violar lo que dijo.
La palabra de una persona es sagrada. El versículo dice: “No profanará su palabra”. Cuando la persona se compromete, se compromete a través de su palabra. Cuando dice: “Me comprometo”, “prometo” o “juro”, tiene que acompañar esa palabra con hechos.
Si una persona es convocada a un tribunal de justicia, debe ir y no puede negarse. El noájida no puede permanecer inactivo cuando la vida, la justicia o la libertad del prójimo está en peligro. Si con mi testimonio puedo salvar a un prójimo de la cárcel o de la pena de muerte, o de que el culpable quede impune, debo hacerlo. No puedo guardarme ni desentenderme del testimonio.
Cuando alguien es convocado a jurar en Nombre de D-os, tiene que dejar bien claro que jura delante del Eterno, el D-os del mundo y Creador de la tierra. También puede decir: “Juro ante el D-os de Israel”, porque así queda claro que no se refiere a la idolatría.
Decir solamente la palabra “D-os” no siempre deja claro que uno se refiere al Eterno, porque hay personas que dicen creer en un dios con tres partes. Por eso tenemos que dejar bien claro que hablamos del Eterno, el D-os de Israel, o el Eterno Creador del cielo y de la tierra, para que no haya confusión.
Una persona tiene que negarse a jurar con una Biblia católica o con evangelios. Ningún Estado debería obligarte a jurar por un texto religioso específico. Si sabés que vas a tener que jurar, conviene explicarlo antes en la secretaría correspondiente y llevar tu propio libro, una Toráh o un Tanaj, o jurar ante la Constitución Nacional.
Cuando una persona jura por una idolatría, eso es ficticio. Es como jurar por Tom y Jerry o por Harry Potter. No tiene ningún sentido o entidad. No puedes creerle.
Una persona sí puede jurar por personas o autoridades reales. Por ejemplo: “Juro por el rey”. Porque el poder de un rey es real. También puede jurar por el presidente o por un cuerpo colegiado, como el Parlamento o la Constitución Nacional.
A pesar de que está permitido, el rabino Weiner nos dice en su libro que no es conveniente que la persona asocie en una misma frase el juramento por el Nombre de D-os con otra cosa que no es D-os. Por ejemplo: “Juro por D-os y la patria”.
No se debe confundir lo normal con lo común. Que en muchos países de Latinoamérica sea común ver símbolos religiosos en hospitales, escuelas, juzgados u oficinas públicas, no quiere decir que sea normal. Lo normal en instituciones del Estado tendría que ser que no haya ninguna señal religiosa.
El juramento no es solamente lo que la persona pronuncia con la boca, sino también aquello que acepta o confirma con sus acciones. Si una persona repite una fórmula, responde “amén”, dice “así sea”, levanta la mano, estrecha la mano o asiente según el protocolo y costumbre de su país, eso también se considera juramento.
Está prohibido jurar en vano. “En vano” quiere decir sin sentido, sin necesidad. El juramento es una herramienta de última instancia para certificar tus palabras. Vos sabés que estás diciendo la verdad, pero los demás no te creen, y por eso te obligan a jurar.
También es un juramento en vano aquel en el que la persona jura transgredir un precepto que fue ordenado. La persona no puede jurar en contra de lo que el Código Noájida prohíbe. Ningún contrato que se celebre en contra de la ley es válido, porque lo que le da fuerza al contrato es la ley.
Debemos recordar que lo único que podemos modificar es nuestra propia persona, nuestra conducta y nuestro comportamiento de aquí para adelante. No somos responsables de la humanidad entera; somos responsables de nuestra propia conducta. Si uno descubre transgresiones del pasado, debe hacer teshuvá y enmendar, pero lo principal es lo que decide hacer desde ahora en adelante.
Que el Eterno nos ayude a cuidar nuestra palabra, a no jurar en vano, a cumplir nuestros compromisos y a vivir con responsabilidad delante de Él. Que nuestra boca no sea vacía, sino fiel a la verdad, al respeto del Creador y al Código Noájida.

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