20/07/2026
Fragmentos de la transcripción / resumen de la Clase Nro 39 del Curso de Leyes Noájidas del Rabino Ariel Groisman titulada El Respeto a la Vida Humana y su Integridad – Parte 2
Acceso al Audio de la transcripción / resumen del curso: https://youtu.be/amELapXdnmI
Cuando la gente lee el texto de la ley que dice: «No asesinar», inmediatamente piensa que, como no asesina, ya cumplió. Pero no es así como funciona el cumplimiento de las normas sobre el respeto a la vida humana y su integridad.
La Torá nos enseña que esta ley incluye mucho más que quitar una vida. Incluye la prohibición de causar daño físico, heridas y lesiones, pero también incluye el daño emocional al prójimo.
Hoy la sociedad sabe que las lesiones psicológicas pueden dejar traumas que muchas veces son incluso más graves que las lesiones físicas. Pero la Torá ya lo enseñaba desde hace miles de años.
Cuando el versículo habla del derramamiento de sangre, no se refiere solamente a lo que ocurre de manera literal, sino también a aquello que sucede cuando una persona es humillada, avergonzada o deshonrada.
Cuando una persona sufre una humillación pública o privada, su rostro cambia de color: se pone pálido, violáceo o rojo. Eso que sucede también es considerado un derramamiento de sangre.
Lo mismo ocurre cuando una persona es asustada o amenazada. Todo eso está incluido dentro de las derivaciones de la prohibición de as*****to. La Torá nos enseña que respetar la vida humana significa proteger también la dignidad y la integridad emocional de cada persona.
El noájida no puede depender únicamente de jueces y policías para evitar las lesiones, tanto físicas como emocionales. Debe aprender a autorregularse como individuo y como grupo.
Una familia, un grupo de WhatsApp, un grupo de trabajo o una comunidad deben establecer límites claros: no permitir humillaciones, insultos ni maltratos. Muchas situaciones de daño existen porque hay un entorno que las tolera y las legitima.
Cuando estudiamos las leyes de la Torá, vemos que el objetivo principal no es solamente el desarrollo y refinamiento del comportamiento individual, sino la rectificación colectiva.
El ser humano es un ser social, y encuentra su beneficio individual dentro de una sociedad corregida. La Torá no enseña solamente cómo mejorar uno mismo, sino cómo ayudar a corregir el mundo.
Y así como está prohibido lesionar a otros, también está prohibido lesionarse a uno mismo.
La vida y el cuerpo no son una propiedad absoluta de la persona. El cuerpo, que es el recipiente de la vida, y la misma vida nos fueron entregados por Dios.
Así como no puedes herir a otro, tampoco puedes herirte a ti mismo.
No solamente está prohibido causarte heridas en tu propio cuerpo, sino también hacerte sufrir voluntariamente, exponiéndote a humillaciones o degradaciones sin ningún sentido y sin ningún objetivo permitido.
El Talmud enseña: «Quien avergüenza públicamente a su prójimo es como si derramara sangre».
La pregunta que debemos hacernos es: ¿realmente es tan grande la diferencia entre destruir a una persona de una vez o ir destruyéndola lentamente mediante la humillación y la vergüenza?
La Torá nos llama a cuidar no solamente la vida, sino también la dignidad del ser humano.
En estas clases aprendemos que la normativa no es solamente para conocer leyes, sino para prevenir errores y actuar correctamente.
Debemos saber qué hacer y hacerlo; saber qué no debemos hacer y no hacerlo; y aprender cómo evitar situaciones negativas.
No podemos cambiar el pasado, el futuro, las decisiones de otros o aquello que depende de un gobierno. Pero sí podemos trabajar sobre aquello que está en nuestras manos: nuestra propia persona y nuestra propia conducta.
Si podemos conducir nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones de acuerdo con la Torá, podemos darnos por realizados en la vida.
Porque si Dios te puso en el mundo, es para que corrijas el mundo y no para que lo destruyas. Cada persona tiene una misión y un propósito: valorar la vida, cuidar la dignidad humana y ayudar a construir un mundo mejor.