27/05/2020
El trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo
Muchas veces los problemas de conducta de los niños, niñas y adolescentes, son considerados como algo temporal o son minimizados, pues no causan deterioro significativo en la familia o en su educación, pero hay un porcentaje que sí desarrolla el trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo que abordaremos.
La característica principal es una irritabilidad crónica, grave y persistente. Esta irritabilidad grave tiene dos manifestaciones, la primera son los periodos de cólera frecuentes. Estos ocurren típicamente en respuesta a la frustración y pueden ser verbales o conductuales (agresividad contra objetos, uno mismo y otras personas). Deben ocurrir frecuentemente tres o más veces a la semana en al menos un año y en al menos en dos ambientes como en casa y en el colegio y además deben ser inapropiados para el grado de desarrollo. La segunda manifestación de irritabilidad grave consiste en un estado de ánimo persistentemente irritable o de enfado crónico entre los graves accesos de cólera. Este estado de ánimo irritable o enfadado deber ser característico del niño, debe estar presente la mayor parte del día, casi a diario, y debe ser apreciable por otras personas del entorno del niño.
El comienzo del trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo debe producirse antes de los diez años de edad y el diagnóstico no debería aplicarse a niños menores de seis años. No se sabe con certeza si esta afección se presenta únicamente en esta limitada banda de edades. Aproximadamente, la mitad de los niños con irritabilidad grave crónica va a continuar cumpliendo los criterios para el trastorno un año después del diagnóstico. El trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo es más frecuente que el trastorno bipolar antes de la adolescencia y los síntomas de este trastorno, por lo general, son menos frecuentes conforme el niño evoluciona hacia la edad adulta.
Los niños que acuden a la consulta con características del trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo son sobre todo varones.
Las consecuencias son la irritabilidad grave crónica que se asocia a una alteración importante de la familia del niño y de las relaciones con los compañeros, así como también del rendimiento académico. También existe la baja tolerancia a la frustración, estos niños tienen por lo general dificultades para progresar adecuadamente en el colegio, son a menudo incapaces de participar en las actividades que normalmente disfrutan los niños, su vida familiar se altera gravemente a causa de sus crisis e irritabilidad y tienen problemas para hacer o conservar amigos. Son frecuentes las conductas peligrosas, la ideación o los intentos de suicidio y la agresividad intensa.
Es importante la identificación temprana del entorno familiar y educativo, la atención, diagnóstico y tratamiento, por especialistas en salud mental (Psicología, psiquiatría, neurología), pues como se explicó anteriormente el deterioro es significativo para el niño, niña y adolescente.
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