Los tiempos nuevos traen aires de cambio, no sólo en cuanto a nuestra manera de vivir y entender el mundo, sino también nuestra manera de sentirlo. La crianza de los niños se vuelve un tema de debate, tanto dentro de las familias como en los centros educativos. Incluso, las políticas gubernamentales se renuevan permanentemente para buscar encauzar esta vital necesidad que tenemos como sociedad. Hoy, la propuesta es dedicar unos minutos para reflexionar sobre un aspecto de esta cuestión: el cuidado del desarrollo de los niños en sus primeros años. Como padres y educadores debemos hacernos una pregunta central: ¿Qué necesitan los pequeños durante esta primera etapa de su existencia? Queremos compartir, a modo de opinión, parte de lo que como docentes de nivel inicial encontramos en el camino, en la búsqueda de una visión más integral de la educación. La vida infantil se halla supeditada a la imitación, mediante la cual el niño bebe todo lo que ve en su entorno y lo derrama en la acción, corporalmente. Él es todo órgano sensorio, y lo que perciben sus sentidos impregna todo su organismo fundando así la base de su futura adultes. Por ello es importante que los adultos que “educamos”, (docentes, padres, abuelos y demás) seamos dignos de imitar, realizando las cosas de cada día con gratitud y alegría para sembrar en ellos estos valores fundamentales. Si se le permite crecer en un medio natural, saludable y artístico, sus sentidos se desarrollarán normalmente por sí solos, lo cual hace indispensable que los ámbitos que se dediquen a la contención de la infancia, estén impregnados de calor hogareño para que el pequeño tenga la sensación de seguir aún en casa. Bajo estas condiciones, queda en libertad para aprender por sí mismo, porque de esta manera la vida por sí sola se vuelve educativa para él. Es en el devenir diario, con el cambio de las estaciones y las diferentes tareas y actividades que corresponden a cada una, que aprende a conectarse con su entorno, apoyando su aprendizaje en el hacer. Así se cultiva la sana autoestima ya que ésta se construye cuando el niño es capaz de relacionarse con su medio ambiente y sentir que el mundo a su alrededor es bello.