18/01/2021
Te comparto un fragmento de la introducción de un libro muy interesante de David Hawkins "Dejar Ir" Y al leerlo te desafío a que te preguntes como él, dónde estás las respuestas a nuestras preocupaciones, dilemas y sufrimientos?...
"Un día en contemplación, la mente dijo: «¿Qué nos pasa? ¿Por qué no somos
siempre felices? ¿Dónde están las respuestas? ¿Cómo abordar el dilema
humano? ¿Me he vuelto loco o es el mundo el que se ha vuelto loco?».
Parece que la solución a cualquier problema solo trae un breve alivio, puesto
que es la base del problema siguiente.
«¿Es la mente humana una jaula desesperante? ¿Está todo el mundo
confundido? ¿Sabe Dios lo qué está haciendo? ¿Ha mu**to Dios?».
La mente siguió parloteando: «¿Alguien tiene el secreto?».
No te preocupes; todo el mundo está desesperado. Parece que para algunos
está bien. «No puedo ver el porqué de todo este alboroto», dicen. «La vida me
parece sencilla». ¡Tienen tanto miedo que ni siquiera pueden verlo!
¿Y qué pasa con los expertos? Su confusión es más sofisticada, envuelta en
una jerga impresionante y en elaborados constructos mentales. Tienen sistemas
de creencias predeterminados, dentro de los cuales intentan aplastarnos.
Parece que funcionan por un tiempo y luego volvemos al estado original.
Antes, solíamos contar con las instituciones sociales, pero ya ha pasado su
momento; ya nadie confía en ellas. Ahora hay más organismos de control que
instituciones. Los hospitales son controlados por múltiples agencias. Nadie tiene
tiempo para los pacientes, que se pierden en la confusión. Miremos los pasillos.
No hay médicos ni enfermeras. Se encuentran en las oficinas haciendo el
papeleo. Toda esta escena está deshumanizada.
«Bueno —dices—, tiene que haber algún experto que tenga respuestas».
Cuando tienes molestias, vas al médico o al psiquiatra, a un analista, a un
trabajador social o a un astrólogo. Te haces de una religión, entiendes la
filosofía, vas a seminarios de entrenamiento Erhard (EST, por sus siglas en
inglés) o te das un empujoncito con las EFT (técnicas de liberación emocional).
Equilibras los chakras, pruebas la reflexología, acudes a la acupuntura en la
oreja, a la iridología, a la sanación con luces y cristales.
Meditas, cantas un mantra, tomas té verde, pruebas con los pentecostales,
aspiras fuego y hablas en lenguas. Consigues centrarte, aprendes PNL, trabajas
las visualizaciones, estudias psicología, te unes a un grupo junguiano. Te hacen
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rolfing, pruebas los psicodélicos, la lectura psíquica, corres, haces jazzercicio,
te interesas por la nutrición y el aeróbic, te cuelgas boca abajo, llevas joyas
psíquicas. Consigues mayor intuición, biofeedback, terapia Gestalt.
Visitas a tu homeópata, quiropráctico y naturópata. Pruebas la quinesiología,
descubres tu tipo en el eneagrama, equilibras tus meridianos, te unes a un
grupo de elevación de la conciencia, tomas tranquilizantes. Consigues algunos
chutes de hormonas, pruebas las sales de células, equilibras tus minerales,
ruegas, suplicas e imploras. Aprendes la proyección astral. Te haces
vegetariano. Comes únicamente repollo. Pruebas la macrobiótica, lo orgánico,
no comes OGM. Te reúnes con curanderos nativos americanos, vas a la cabaña
de sudar. Pruebas las hierbas chinas, la moxibustión, el shiatsu, la acupresión,
el feng shui. Vas a India. Encuentras un nuevo gurú. Te quitas la ropa. Nadas en
el Ganges. Miras fijamente el sol. Te afeitas la cabeza. Comes con los dedos, te
vuelves realmente sucio y te duchas con agua fría.
Cantas cantos tribales. Revives vidas pasadas. Pruebas la regresión hipnótica.
Practicas el grito primal. Golpeas las almohadas. Haces la técnica Feldenkrais.
Te unes a un grupo de terapia matrimonial. Vas a la Iglesia de la Unidad.
Escribes afirmaciones. Despliegas tu visión sobre un mural. Pruebas el
renacimiento. Te tiras el I Ching. Tiras las cartas del tarot. Estudias zen. Haces
más cursos y talleres. Lees montones de libros. Haces el análisis transaccional.
Recibes clases de yoga. Entras en el ocultismo. Estudias magia. Trabajas con
un kahuna. Haces un viaje chamánico. Te sientas debajo de una pirámide. Lees
a Nostradamus. Te preparas para lo peor.
Vas a un retiro. Ayunas. Tomas aminoácidos. Consigues un generador de iones
negativos. Te unes a una escuela de misterios. Aprendes el apretón de manos
secreto. Pruebas la tonificación. Pruebas la terapia del color. Pruebas las cintas
subliminales. Tomas enzimas cerebrales, antidepresivos, remedios florales. Vas
a balnearios de salud. Cocinas con ingredientes exóticos. Buscas extrañas
rarezas fermentadas de lugares lejanos. Vas al Tíbet. Vas a la caza de hombres
santos. Juntas las manos en un círculo y te mareas. Renuncias al s**o y a ir al
cine. Vistes túnicas amarillas. Te unes a una secta.
Pruebas las infinitas variedades de psicoterapia. Tomas medicamentos
milagrosos. Te suscribes a un montón de revistas. Pruebas la dieta Pritikin.
Comes solo pomelo. Te leen la palma de la mano. Piensas como los de la nueva
era. Mejorar la ecología. Salvar el planeta. Te leen el aura. Llevas un cristal.
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Obtienes una interpretación astrológica sideral hindú. Visitas a una médium. Vas
a terapia sexual. Pruebas el s**o tántrico. Recibes la bendición de algún baba.
Te unes a un grupo de anónimos. Viajas a Lourdes. Te sumerges en aguas
termales. Te unes al movimiento de Arica. Usas sandalias terapéuticas. Te
enclaustras. Inspiras más prana y exhalas la rancia negatividad. Pruebas la
acupuntura con agujas de oro. Le echas un vistazo a la vesícula biliar de las
serpientes. Intentas la respiración de los chakras. Te limpian el aura. Meditas en
Keops, la gran pirámide de Egipto.
Vosotros que habéis intentado todo esto, ¿qué decís? ¡Oh, humanidad! ¡Eres
una criatura maravillosa! ¡Trágica, cómica y, sin embargo, tan noble! ¡Tanto
coraje para seguir buscando! ¿Qué nos impulsa a seguir buscando una
respuesta? ¿El sufrimiento? Oh, sí. ¿La esperanza? Por supuesto. Pero hay
algo más que eso.
Intuitivamente, sabemos que en algún lugar hay una respuesta definitiva.
Tropezamos en caminos oscuros, en callejones sin salida, somos explotados y
llevados, estamos desilusionados y hartos, y seguimos intentándolo.
¿Dónde está nuestro punto ciego? ¿Por qué no podemos encontrar la
respuesta?
No entendemos el problema; por eso no podemos encontrar la respuesta.
Tal vez sea ultrasencilla, y es por eso que no podemos verla.
Tal vez la solución no esté «allí fuera» ..." Y está dentro de nosotros, te ofrezco acompañarte en esa búsqueda. Agendá tu sesión de coaching ontológico ahora mismo # +5491126572401 WP (Argentina)