31/07/2026
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Desde el Movimiento Territorial y Cultural Haruwen lo decimos con claridad: cuidar nuestra soberanía empieza por cuidar nuestra tierra. Cada vez que se discute la “inviolabilidad de la propiedad privada” sin hablar de límites, controles y responsabilidades, lo que se está definiendo es quién manda sobre el territorio y para quién se gobierna.
No defendemos la tierra como mercancía, sino como base material de la soberanía, la cultura y la dignidad del pueblo argentino. Por eso rechazamos cualquier reforma que facilite la extranjerización, la concentración y el saqueo de bienes estratégicos. Un país que entrega sus campos, sus ríos, sus bosques y sus zonas productivas a los negocios de unos pocos —muchos de ellos fuera de nuestras fronteras— es un país que renuncia a decidir sobre su futuro.
Nos hablan de “seguridad jurídica” para los grandes capitales, pero la verdadera seguridad que necesitamos es la de las familias que quieren vivir y trabajar en su territorio, la de quienes dependen del agua limpia, de los alimentos, de un ambiente sano. Cuidar nuestra soberanía es asegurar que la tierra esté al servicio de la vida, del trabajo y del proyecto colectivo, no de la especulación y la entrega.
Haruwen nace de una convicción política y territorial: el sur no se entrega, se organiza; la cultura no se usa, se defiende; la soberanía no se declama, se ejerce. Por eso llamamos a toda la sociedad a informarse, debatir y participar. Lo que se discute el 6 de agosto no es un detalle técnico: es si aceptamos que la tierra sea un negocio más o la reconocemos como condición básica para una Argentina soberana.
Ahora nos toca a nosotras y nosotros cuidar nuestra soberanía: decir con fuerza que la tierra no se vende, no se quema, no se desaloja y, sobre todo, no se entrega.