11/01/2021
Ayer se cumplieron 10 años desde que María Elena Walsh nos dejara. Tras de sí queda una valiosa y extensa obra. Talentosa, multifacética y prolífica, María Elena Walsh es de las primeras voces de amplia difusión que abrieron las puertas para ir a jugar con la literatura en las infancias, un oasis frente a la literatura de las aulas completamente subsidiaria al "modelo" de niña o niño que cierta escuela quería promover.
Ella fue bocanada de aire y música.
Inolvidables:
"El Reino del Revés."
"Canción del jardinero". Fui nuez en un acto del jardín de infantes, qué inane!!! , se puede pensar. La letra dice :
"... aprendí que una nuez
Es arrugada y viejita
Pero que puede ofrecer
Mucha mucha mucha miel..."
Podrá ser inane ser nuez en un acto escolar y no hacer nada más que desfilar cuando suena tu parte. Pero ese recuerdo está asociado a mi padre realizando una esfera perfecta de alambre (porque era mecánico e inventor) y yo entraba en ese mundo redondo de nuez que él hizo para mí. De los últimos recuerdos buenos que tengo de él. Mí madre había forrado con papel crepé marrón la esfera y desde allí adentro la luz era cálida y era mía.
"Manuelita".
"El país de Nomeacuerdo". Con está canción yo me imaginaba una rayuela y saltaba. A mis 6 años me preguntaba cómo es que me pierdo?, "...doy tres pasitos y me pierdo...", me quedaba tambaleando en un solo pie hasta que al fin apoyaba los dos juntos en un solo cuadrado de las baldosas amarillas (o grises ) y bordó de la casa de mí tía Alicia, que me cuidaba en las siestas de verano.
Cada época de mi vida estuvo acompañada por alguna obra de ella, cómo no agradecer?
"Don Frequete" y "La Pla pla" fueron mis favoritos en los años que tuvimos el grupo Los Cantacuentos recorriendo escuelas y plazas de la Comunidad de Madrid.
"Balada para la tierra de uno", fue una gran compañía cuando descubrí que tenía una tonada argentina-rioplatense en mi forma de hablar, claro que no era "el idioma de infancia " de la autora (que se refiere al inglés de su hogar) pero era el mío, mi identidad oral, que se iba perdiendo para poder hacerme entender con mis alumnites españoles.
Ahí se vuelve a ver la carga que le otorga el lector y su subjetividad a la obra de cada autor.
Desde distintos lugares me sigue acompañando, con la ironía y la crítica, con la nostalgia de ir y volver y con sus metáforas.
Gracias María Elena Walsh!