11/04/2022
🙃 Cuando veíamos a la Familia Ingalls en la tele, podíamos ver como, en la escuela, todos los chicos se sentaban mirando para adelante. Y tenía sentido, ya que la Sta Beadle, la maestra, era la única fuente de conocimiento. Había que mirarla y escucharla para aprender.
Con la transformación de la comunicación y la llegada de la tecnología, el aula, como espacio de aprendizaje, ¡quedó obsoleto!
¿Quién dijo que para aprender hay que estar sentado derecho, incómodo, en silencio y mirando para adelante? Eso ya no va más en este siglo y con estos alumnos.
Seguir sentados mirando para adelante sirve cuando estamos frente a una clase magistral o para un trabajo individual. Pero hoy los chicos aprenden no solo de escuchar al docente, sino de trabajar entre ellos, a través de proyectos, del debate, de la coenseñanza, de investigar, del trabajo colaborativo, del hacer, de las tablets, de videos, de presentaciones, y muchos otros recursos.
Pensemos en un banco de aula. Seguramente lo podés ver en tu mente. Rectangular. Pequeño. En ese espacio reducido, en donde casi solo entra una fotocopia, esperamos que los chicos “piensen a lo grande”. ¡Qué gran paradoja!
Y ni hablar si necesitamos que los chicos trabajen en grupos. ¿Cómo pueden trabajar en grupos, sintiéndose todos incluidos en ese formato tradicional? Y si decidieras mover los bancos, ¿cuánto tiempo se demorarían? ¡Y el ruido que harían! Está claro que el mobiliario pesado, casi atornillado al piso, no alienta el tipo de aprendizaje en donde el alumno es protagonista.
Y por otro lado, no nos olvidemos del movimiento. El movimiento es clave para aprender, sin embargo hemos diseñado aulas para estar sentados 4, 6 u 8 horas.... Lo que me hace pensar si no estaremos enseñando en función de lo que se sabía de educación en el pasado, y no de lo que se sabe hoy de educación...
Los espacios estáticos no colaboran para despertar el interés de los alumnos. El espacio de aprendizaje debería poder estar alineado a las necesidades de los alumnos de hoy y a los recursos ya existentes. Debemos re pensar en el diseño del aula para encontrar espacios de trabajo individual, espacios para trabajo en grupo, rincones de mayor tranquilidad, espacios de creatividad, espacios para hacer (cultura maker), espacios para exponer o escuchar, en fin, diferentes espacios diseñados en función de lo que necesitamos generar.
El aprendizaje es un proceso activo. Aprendemos más haciendo que viendo o escuchando. Solo recordamos el conocimiento que usamos. Es por eso que debemos repensar el diseño del aula. No estoy hablando de decoración- sino de diseño.
Si lo que buscamos es que los alumnos se apropien de su propio aprendizaje, debemos ofrecerles un entorno en donde se sientan cómodos, seguros e incentivados para aprender.
¿Tenés ventanas?. Con marcadores para vidrios los chicos pueden escribir/dibujar, enseñarle a sus compañeros, y vos podés ver cómo procesan el aprendizaje.
En mesas redondas, pueden escribir en grupos (se borra con alcohol- chequeá la superficie antes o forrá en papel afiche) y hacer magníficos mapas mentales, líneas de tiempo, diagramas de Venn, o lo que se te ocurra.
Debemos aprender a captar la atención y los intereses de los alumnos, ayudándolos a adueñarse de su propio aprendizaje, y a aprender de maneras significativas. El aula, como espacio de aprendizaje, es el escenario ideal que debemos preparar para optimizar las oportunidades de enseñanza y aprendizaje.
¿Qué opinan?
Los leo!
Un abrazo,
Laura