02/03/2017
El canto, yo... y mi otro yo.
¿Te encanta cantar, pero no te animás a tomar clases? ¿Tomabas clases, pero dejaste? ¿Estás estudiando, pero desalentado y no muy seguro de si seguir o no? ¿Qué cosas te decís mientras “lo vas pensando”?
Tenemos una infinidad de razones por las cuales abandonar en la mitad del camino hacia lo que queremos, o desalentarnos fácilmente, o incluso ni siquiera atrevernos a empezar el recorrido. El director de orquesta Ben Zander dice que hay dos personas cuando cantamos, o tocamos el piano, o el violín: la que está tocando o cantando, y la que está justo al lado, invisible y susurrando “no sos bueno para esto!”, “Seguro que te vas a equivocar....”, “Estás perdiendo el tiempo...” y similares delicias. Ese otro que susurra, tiene miedo. Y pone excusas. Pero las excusas son eso: excusas, no razones. Y son argumentos poco válidos y bastante débiles.
“¿Para qué voy a estudiar canto? Soy un desastre cantando, no tengo buena voz...” ¡Y claro! Si tuvieras una voz excelente, educada y perfecta, ¿para qué serviría ir a estudiar canto? Vamos a estudiar precisamente para poder mejorar y sentirnos más a gusto con nuestra voz. ¿Por qué? Porque nos gusta cantar. Porque lo disfrutamos. Y siempre, absolutamente siempre, se puede mejorar. El lugar en el que uno se encuentra es un punto de partida; a partir de ahí, todo camino es ascendente. Y claro, hay gente que tiene naturalmente una voz bella y afinada, pero si no es así, las clases van a ayudarte a desarrollarla.
“Todo el mundo me dice que tengo una voz súper desafinada y que canto horrible”. Acá hay dos puntos importantes a destacar: uno, el que mencioné antes. Para eso son las clases. Dos, ¿quién es ese “todo el mundo”? ¿Toda esa gente entiende de música? ¿Son cantantes, acaso? Normalmente la gente que critica no tiene mucha educación musical, porque la gente que sí la tiene sabe que se trata, justamente, de educación musical. En la música se educa: el oído se entrena y se afina, la voz se desarrolla, la destreza musical se adquiere. Por otra parte..., ¿de verdad vas a hacerle caso a gente que usa su tiempo y su energía para desalentar a otros de sus sueños? La persona a la que vale la pena escuchar es aquella que habla constructivamente; y esa gente, generalmente, no te dice lo que no vas a poder hacer. Como dice Will Smith en la película “En busca de la libertad”: “Nunca dejes que alguien te diga que no puedes hacer algo. Cuando otros no pueden hacer algo, te dicen que no podrás. Si deseas algo, ve a por ello. Punto.”
“Estudiar canto toma mucho tiempo. Para cuando pueda cantar bien van a haber pasado muchísimos años.” Los años van a pasar igual, ya sea que estudies o no. La única diferencia es que, si no te dás el permiso para probar, dentro de todos esos años vas a sonar exactamente igual que ahora.
“¿Qué sentido tiene? Yo no voy a ser cantante.” ... ¿Y con eso, qué? Es cierto que vivimos en un mundo que valora todo por su utilidad, pero cantar puede ser placentero, renovador y creativo. Las clases de canto suelen ser el espacio en el que mucha gente se desconecta de las responsabilidades y las obligaciones y se permite disfrutar. Si no querés ser cantante, pero te gustaría tomar clases, no dejes de hacerlo por nada del mundo. Darnos el permiso de hacer algo porque nos hace bien, es sano. No serás un cantante profesional, pero vas a ser más feliz.
“Estoy tomando clases pero siento que no avanzo”. Esto me lo dijo mi primer maestra de canto el primer día: “Cuando uno estudia canto, los logros se miden en años y se ven con lupa.” Armate de paciencia y no busques objetivos a corto plazo. El espacio de las clases es ideal para conectarte con tu cuerpo y tus sensaciones, y el desarrollo de la percepción - que es la base necesaria para el desarrollo de tu voz - toma tiempo. El solo hecho de que te estés dando ese tiempo y ese espacio, es un crecimiento importantísimo. Disfrutá y celebrá eso, y dejá que el resto llegue solo.
“Yo no puedo cantar, soy muy vergonzoso/a...” Tomar clases de canto no significa de ninguna manera tener la obligación de cantar en público. Podés estudiar por el sólo hecho de que te guste aprender y te guste cantar. Además, un buen maestro va a ayudarte rápidamente a que te sientas a gusto en la clase y pierdas la vergüenza de cantar frente a él y, si llegado el momento, tenés la oportunidad de cantar frente a otros, ya verás qué sentís. Pero lo que es seguro es que podés estudiar canto y desarrollar tu voz, aunque sólo cantes en tu casa y cuando nadie te escucha. Te va a hacer feliz de cualquier forma y nadie tiene derecho a decirte que si no cantás en público no tiene sentido cantar.
Hay muchos argumentos que podés utilizar cuando decidís no hacer algo que deseás y no hacerle caso a tu corazón. Ese “otro yo” que te susurra palabras de desaliento siempre está listo para interceder por vos. La pregunta es: la próxima vez que esa vocecita susurre en tu oído... ¿a quién vas a escuchar?