27/12/2025
MARÍA REMEDIOS DEL VALLE: LA MADRE DE LA PATRIA QUE LA HISTORIA OFICIAL QUISO BORRAR
Por Revisionismo Historico Argentino
ORÍGENES Y CONDICIÓN: UNA VIDA INCÓMODA PARA EL RELATO OFICIAL
María Remedios del Valle fue porteña de nacimiento y afroargentina del tronco colonial. En la documentación de época sobre sus servicios militares aparece mencionada como “parda”, denominación utilizada entonces para referirse a personas afrodescendientes. Hija de personas esclavizadas, nació en Buenos Aires entre 1766 y 1767, en los márgenes sociales del orden colonial.
Su vida, desde el origen, rompía con el molde del panteón patriótico tradicional: mujer, pobre, negra y protagonista directa de la guerra de Independencia. Quizás por eso, durante décadas, su nombre fue deliberadamente relegado.
LAS INVASIONES INGLESAS: EL PRIMER COMPROMISO
Antes incluso de la Revolución de Mayo, María Remedios ya estaba en la lucha. Durante las Invasiones Inglesas, se desempeñó como auxiliar del Tercio de Andaluces, asistiendo heridos y colaborando en tareas logísticas. No figuró en partes gloriosos ni recibió honores, pero adquirió allí la experiencia y el temple que luego marcarían toda su vida.
1810: EL EJÉRCITO AUXILIAR Y LA CAMPAÑA AL INTERIOR
El 6 de julio de 1810, acompañando a su esposo, a un hijo propio y a otro adoptivo, marchó con el Ejército Auxiliar al abrirse la campaña sobre las provincias interiores. Se incorporó a la división del comandante Bernardo de Anzoátegui, con la cual llegó hasta la villa de Potosí en diciembre de 1810.
Participó en todos los movimientos del Ejército del Norte. Estuvo en el desastre del Desaguadero, el 20 de junio de 1811, y en el duro retroceso posterior. Marchó desde Potosí a Jujuy, primero con Anzoátegui y luego bajo las órdenes del teniente coronel Bolaños.
No fue una figura ocasional: hizo toda la campaña del Alto Perú.
PÉRDIDAS PERSONALES Y FIDELIDAD ABSOLUTA
Durante la guerra perdió todo lo que tenía: su esposo, su hijo biológico y su hijo adoptivo murieron en campaña. Aun así, nunca abandonó el ejército. No pidió licencia, no regresó a Buenos Aires, no se apartó de la causa.
Siguió sirviendo como enfermera, asistente y combatiente, sosteniendo a una tropa exhausta, mal alimentada y casi siempre derrotada.
TUCUMÁN, SALTA Y EL NACIMIENTO DE “LA MADRE DE LA PATRIA”
Manuel Belgrano no permitía mujeres en el ejército. Sin embargo, durante la batalla de Tucumán, María Remedios se presentó para atender a los heridos. No recibió autorización. Entró igual.
Esa noche caminó entre los cuerpos, dio agua, curó heridas y acompañó agonías. Los soldados comenzaron a llamarla espontáneamente “La Madre de la Patria”.
Belgrano, testigo de su entrega, terminó reconociéndola oficialmente y le otorgó el grado de CAPITANA DEL EJÉRCITO, privilegio único para una mujer en aquel ejército.
VILCAPUGIO, AYOHUMA Y EL MARTIRIO
Asistió a las jornadas de Vilcapugio y Ayohuma. En esta última acción cayó herida de bala y fue hecha prisionera por los españoles. Así lo certifica el coronel Hipólito Videla en un informe fechado en Buenos Aires el 17 de enero de 1827, incorporado al expediente iniciado por ella en 1826.
El castigo fue brutal:
Nueve días de azotes públicos,
Siete veces en capilla,
Seis heridas de bala, todas graves.
Todo por alimentar prisioneros patriotas, facilitar fugas, conducir correspondencia insurgente y combatir con las armas en la mano.
CON GÜEMES Y ARENALES: LA GUERRA SIN DESCANSO
Logró escapar y se reincorporó a la lucha junto a las fuerzas de Martín Miguel de Güemes y Álvarez de Arenales. Allí continuó cumpliendo su doble rol: combatiente decidida y madre de soldados.
Sirvió también en hospitales de campaña y animó las líneas aun en pleno combate, razón por la cual recibió muchas de sus heridas.
LA PETICIÓN DE 1826: UNA VOZ QUE ACUSA AL OLVIDO
En 1826, ya vieja, enferma y sin recursos, presentó una solicitud al gobierno pidiendo una pensión. El texto, firmado a ruego por Manuel Rico, es uno de los documentos más conmovedores del siglo XIX argentino. Allí decía:
> “He servido a la Patria desde el primer grito de la Revolución… he sido azotada por los enemigos, herida de bala, he perdido a mis hijos y a mi esposo… y ahora la Patria por la que tanto sufrí me deja morir de hambre.”
Pedía seis mil pesos “para acabar su vida cansada”.
El Ministro de Guerra, general Fernández de la Cruz, rechazó el pedido alegando que no estaba en facultades del Poder Ejecutivo.
LA MISERIA Y EL ESCÁNDALO MORAL
Durante años, una anciana encorvada y desdentada frecuentó los atrios de San Francisco, Santo Domingo y San Ignacio, y la Plaza de la Victoria, vendiendo pastelitos o mendigando. Vivía en un rancho en la zona de quintas y se alimentaba de sobras de conventos.
Según relata Carlos Ibarguren, muchos la llamaban “la capitana” sin saber por qué. Cuando mostraba sus brazos llenos de cicatrices y decía que eran de la guerra, la creían loca.
VIAMONTE, ANCHORENA Y LA DEFENSA EN LA LEGISLATURA
En 1827, el general Juan José Viamonte la reconoció y llevó su caso a la Legislatura. Allí dijo:
> “Esta mujer es realmente una benemérita… presenta su cuerpo lleno de heridas de bala y cicatrices de azotes… y no se le debe dejar pedir limosna.”
Tomás de Anchorena, ex secretario de Belgrano, agregó:
> “No había acción en la que ella no tomase parte… Belgrano, tan riguroso, no permitió que ninguna mujer siguiera al ejército, y ella fue la única.”
EL RECONOCIMIENTO EN VIDA TARDO
LLEGO DE LA MANO DEL RESTAURADOR
Tras años de trámites, se le concedió el sueldo de Capitana de Infantería. En 1829 fue ascendida a SARGENTA MAYOR DE CABALLERÍA. En 1830 ingresó a la Plana Mayor del Cuerpo de Inválidos.
Por decreto del 16 de abril de 1835, Juan Manuel de Rosas la destinó a la Plana Mayor Activa con su jerarquía, y desde entonces figura como Remedios Rosas, con un sueldo de 216 pesos.
MUERTE Y MEMORIA
El 8 de noviembre de 1847, en las listas militares figura una sola palabra:
“Baja”.
Había fallecido el Mayor de Caballería Doña Remedios Rosas.
El pueblo, sin embargo, nunca la olvidó:
La Capitana.
La Madre de la Patria.
Su vida fue heroísmo sin bronce, sacrificio sin recompensa y dignidad sin claudicación.
Una deuda que la patria tardó y aún tarda demasiado en saldar.
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FUENTES
Ibarguren, Carlos- Juan Manuel de Rosas.
Galasso, Norberto- Seamos libres y lo demás no importa nada
Puiggrós, Rodolfo- Historia crítica de los partidos políticos argentinos
Fradkin, Raúl; Garavaglia, Juan Carlos- La Argentina colonial. El Río de la Plata entre los siglos XVI y XIX
Andrews, George Reid
Los afroargentinos de Buenos Aires
Archivo General de la Nación (AGN)
Documentos para la historia argentina
Expediente de pensión de María Remedios del Valle (1826–1827) – AGN
Informe del coronel Hipólito Videla (17 de enero de 1827)
Intervenciones de Juan José Viamonte y Tomás de Anchorena en la Legislatura
Decreto de Juan Manuel de Rosas (16 de abril de 1835)