07/09/2013
Acompañando adolescentes en su viaje de estudios, uno descubre muchas cosas. En principio, los descubre a ellos, cómo son en esencia, quiénes son en realidad, cuál es su concepto de las cosas, y cuánto y de qué manera hemos envejecido.
Ellos todo lo hacen intensamente: ríen, lloran, sueñan. La timidez, o el miedo al que dirán, no entra en sus planes, posan para las miles de fotos que se toman, ensayan gestos frente a la cámara mostrando su cuerpo, su sonrisa, sus abrazos abiertos, aún una caída o un golpe; se transforma en la posibilidad de una buena toma, de un momento que luego compartirán en las redes sociales y que será motivo de infinidad de "me gusta".
No estamos ni sentándonos en el lugar elegido para "disfrutar", que ya están preguntando ¿y después adónde vamos?. El paisaje es bello para la cámara, para el click del segundo, para la pose grupal.
En cambio, nosotros lo vemos como ideal para respirar un aire diferente, para admirar la maravilla de la naturaleza y la sabiduría de un Dios Poderoso, o simplemente para desear que alguien de los que se quedaron allá, propios o ajenos, estuviesen con nosotros contemplando semejante vista.
Una montaña nevada, es el lugar elegido para hacer algo: deslizarse, caminar con raquetas, subir en camioneta, montar un cuatriciclo, o un caballo, según se presente la ocasión.
y el show de su vitalidad vuelve a repetirse: arranca una carcajada, una respuesta creativa y rapidísima, un gesto, una mirada:todo es signo de vida burbujeante, arrolladora, tenaz y pujante; en resumen la vida en su mejor expresión.
En ese lugar, los que como yo sienten el no tener 18 años, gozamos de un té calentito al lado del fuego, recreando los ojos de otra manera, tal vez ordenando pensamientos, o por qué no, tomando decisiones solitarias.
No me siento vieja, soy la de siempre, pero este tipo de viajes me hacen ver cómo hemos ido cambiando a lo largo de los años, y cómo la vida tiene para nosotros cosas hermosas, que tal vez no sean kayac o rafting por un río manso, pero que nos llenan el alma de momentos únicos, que en mi caso particular, tuvieron la fortuna de imbrincar en un delgado equilibrio,la hermosa locura de la juventud, y la paz de este momento tranquilo en el que me encuentro.