20/06/2022
SABIAS QUE…
BELGRANO, Manuel (militar, abogado, teniente de gobernador)
Nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770. Sus padres fueron Domingo Belgrano y Peri (conocido como Pérez), natural de Onella (Italia), de profesión comerciante y María Josefa González Caseros (porteña). Educaron a sus hijos en los mejores colegios del Virreinato.
Fue bautizado con los nombres de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús.
Realizó los primeros estudios en el Real Colegio de San Carlos. En 1787 fue enviado con su hermano Francisco a España.
En 1789 se graduó como abogado en la Cancillería de Valladolid. A partir de entonces fijó su residencia en la casa de su cuñado, José María Calderón de la Barca.
Relacionado con hombres del saber se inclinó por los estudios de derecho público y de economía política. Por estos años se produjo la Revolución Francesa y el joven abogado se inclinaría en esas circunstancias por la igualdad, libertad y fraternidad. Esto, evidentemente signó su vida pues aceptó el liberalismo como único tipo de economía aplicable a los pueblos libres.
En 1794 regresó a Buenos Aires donde publicó “LosPrincipios de la Ciencia Económica – Política”, que consta de una introducción, escrita por él y a continuación una exposición de los principios de la Nueva Ciencia por el “Conde C”, seudónimo que utilizó Belgrano.
Como secretario del Consulado de Buenos Aires propuso soluciones a los problemas existentes en la agricultura, industria y comercio, las que serían luego publicadas en las Memorias Consulares. Apoyó la creación de establecimientos de enseñanza como la Escuela de Dibujo y la de Náutica, aunque ambas tuvieron una vida muy efímera.
Posteriormente, el →Virrey Rafael de Sobremonte le confirió el grado de Capitán Honorario de la Milicias Urbanas. Durante la primera Invasión Inglesa debió emigrar a la Banda Oriental ya que los miembros del Consulado prestaron juramento de reconocimiento al invasor. En su memoria, afirma que dicho cuerpo consular estaba integrado en su totalidad por comerciantes, a quienes “sólo le interesaba comprar por cuatro para vender por ocho”.
Organizada la reconquista pasó nuevamente a Buenos Aires, donde fue adscripto a la plana mayor del coronel César Balbiana. Junto a su ayudante, presenció la rendición del general inglés Guillermo Carr Beresford.
Partidario de la emancipación y del liberalismo, apoyó el proyecto de coronar a la princesa Carlota Joaquina. Al respecto en sus memorias dice “... fue que no viendo yo un asomo de que se pensara en constituirnos, y sí, a los americanos prestando una obediencia injusta a unos hombres por ningún derecho debían mandarlos, traté de buscar los auspicios de la infanta Carlota, y de formar un partido a su favor, oponiéndome a los tiros de los déspotas que se lavan con el mayor anhelo para no perder sus mandos, y lo que es más, para conservar la América dependiente de España, aunque Napoleón la dominara, pues a ellos les interesaba poco o nada, ya sea Borbón, Napoleón u otro cualquiera, si la América era colonia de España...” (sic). Esta cita sintetiza el proceder de Belgrano en todo el período de la emancipación.
Conocidos los sucesos de la caída de la Junta de Sevilla, se dio el paso al primer grito de libertad el 25 de mayo de 1810. En esta oportunidad, M.B. fue designado vocal de la Primera Junta de Gobierno y de inmediato se lo envió al Paraguay. En esas circunstancias, las fuerzas patriotas sufrieron las derrotas de Paraguarí y Tacuarí.
Si bien resultó un fracaso militar, no lo fue en política para Belgrano ya que supo exponer sus intenciones de libertad, Con esta campaña, la idea de la independencia se encendió en los corazones de los habitantes, lo que se concretaría más tarde.
En el año 1811, el gobierno de Buenos Aires ordenaba a Belgrano que tomara el mando de las tropas que se dirigían a la →Banda Oriental, pero en el seno de la Junta se había producido una ruptura. Los partidarios de Moreno (liberales) y los saavedristas (buscaban la revolución pacífica) se disputaban el poder, esto, indudablemente, influyó en las distintas expediciones que se enviaron al interior.
El 9 de agosto de 1811 Belgrano era repuesto en sus funciones y grados, ya que había sido enjuiciado por la campaña al Paraguay. Como muestra de confianza, el gobierno lo había designado junto a Vicente Anastacio Echevarría, en misión especial al Paraguay. Allí firmó en representación de la Provincias Unidas del Río de La Plata, una convención que llevó el nombre de Liga Federal y en cuyo texto se reconocía la independencia de ese país.
De regreso a Buenos Aires, se lo nombró jefe del Regimiento Nº 1 de Patricios, aunque muy pronto será víctima de lo que conocemos en la historia como el Motín de las Trenzas, lo que motivaría un nuevo destino.
Desde su función de Comandante del Campo Militar, establecido en las barrancas del Rosario, propuso al gobierno la adopción de la Escarapela Nacional. El 18 de febrero el Triunvirato autorizaba su uso para la tropa. Conseguida la escarapela, se propuso entonces crear la →Bandera Nacional. De allí que expresara: “... siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola mandela a hacer, blanca y celeste, conforme a los colores de la Escarapela Nacional...” (sic).
La →Bandera fue enarbolada por primera vez el 27 de febrero de 1812, mientras el sol se ocultaba en el ocaso.
Por otra parte, la revolución en marcha, exigía a los hombres decisiones rápidas; así fue como M.B. debió partir con premura para hacerse cargo del Comando del →Ejército del Norte.
Difícil fue la tarea encomendada, ya que la tropa estaba desgastada debido al fracaso de la campaña anterior.
Belgrano en Jujuy se dedicó fundamentalmente a fortalecer el arsenal bélico y a ordenar el restablecimiento de los soldados. En primer lugar, la moral fue elevada con el festejo de la Revolución de Mayo. Aprovechó entonces para dar a su tropa una insignia por la cual luchar, hizo bendecir la Bandera y se saludó con salvas este histórico acto. Ganada la confianza del pueblo y la de sus hombres, el 29 de julio de 1812 procedió a la lectura del histórico →bando; de esta manera el pueblo entero marcharía hacia el primer →Éxodo Jujeño.
Las victorias de →Tucumán y →Salta permitieron reconquistar el suelo abandonado.
De regreso a Jujuy, M.B. donó la Bandera que creara al sacrificado pueblo. Sin embargo, la euforia no duraría mucho pues →Joaquín de la Pezuela, nuevo comandante de la tropa realista, no tardó en enfrentarlos nuevamente. Ya en territorio altoperuano, se produjo el encuentro en →Vilcapugio, el 1 de octubre de 1813. “ La acción se decidió en favor de los realistas y Belgrano con entereza ordenó la retirada”.
Un nuevo encuentro se produjo más tarde, el 14 de noviembre, en las pampas de →Ayohuma y la victoria resultó nuevamente adversa para los criollos.
La salud del General se encontraba quebrantada y el gobierno central decidió que →José de San Martín se hiciera cargo del Ejército del Norte. En 1814, junto a Bernardino Rivadavia, viajó a Europa como diplomático ante las cortes europeas.
De regreso a Buenos Aires se lo destinó como Comandante en Jefe del Ejército de Observación, que debía combatir la sublevación que acaudillaba José Gervasio de Artigas, aunque se intentaba conseguir la paz por medios pacíficos. Para ello se nombró al general →Eustaquio Díaz Vélez, quien pactó con los sublevados; una de las cláusulas establecía el alejamiento de Belgrano del mencionado ejército, por lo que fue arrestado, y conducido a Buenos Aires. A pesar de esa situación, M.B. no estaba derrotado. Se dirigió inmediatamente a Tucumán y en el Congreso General Constituyente expuso que la monarquía constitucional era la forma de gobierno que el país debía adoptar. Esta postura estuvo avalada por el general San Martín. El Congreso declaró la libertad, pero no estableció la forma de gobierno.
El 3 de agosto de 1816, M.B. era nombrado Comandante del Ejército del Norte, cargo que ejerciera por espacio de tres años y que se constituyó en su último destino.
Después de firmar el armisticio del 5 de abril de 1819, por el que cesaban las hostilidades entre el ejército que comandaba y los caudillos santafesinos, redactó su renuncia motivada por razones de salud. De allí que el 11 de setiembre entregaba el mando a su segundo, el general Fernando de la Cruz.
En estado de suma gravedad regresó a Buenos Aires, donde falleció el 20 de junio de 1820. Sus restos descansan en el templo de Santo Domingo.
D.R.G.
GARCIA CAMBA: Memorias para la Historia de las Armas Españolas en el Perú. CUTOLO, Vicente Osvaldo: Nuevo Diccionario Biográfico Argentino. YABEN, Jacinto: Biografías Argentinas y Sudamericanas. MITRE, Bartolomé: Historia de Belgrano y las Guerras de la Independencia.
Bibliografía: Diccionario General de la Provincia de Jujuy de Antonio Paleari