El Profe de Historia
Espacio de Formación e intercambio en Ciencias Sociales , para alumnos de los colegios y escuelas s
28/08/2022
'Un emperador, un militar y un desnutrido'
¿Quién sospecharía que una rutinaria reunión oficial en un pobre país africano en 1959 cambiaría para siempre la historia del deporte? Bueno no sé si para tanto, pero casi. Primero conozcamos a los tres personajes de esta historia.
El primero es el particular emperador de Etiopía Haile Selassie I, ¿saben de quién se trata? Si les digo que su nombre de nacimiento era Tafari Makonnen, ¿les suena? Y si les agrego el dato que a los príncipes herederos del trono etíope se los conoce como 'Ras' ¿tampoco? Resulta que el panafricanismo y el revivalismo afroamericano, creían que dios se reencarnaría en un joven príncipe africano, o sea en un 'Ras'. O sea que este Salassie era el 'Ras Tafari Makonnen', el líder natural del movimiento 'Rastafari' jamaiquino, ¿qué tal?
Haile no se diferenciaba mucho de los líderes personalistas africanos pero tenía ideas humanistas y era pragmático. Luego de la guerra ítalo-etíope impulsó una transformación de las fuerzas armadas. Quería reemplazar cantidad de efectivos por profesionalismo. Para ello pide ayuda al gobierno sueco que se habían tragado el verso que Haile era la esperanza del continente africano. Encantados le enviaron especialistas para todas las áreas del entrenamiento militar.
Para el área de educación física mandaron a Onni Niskanen, nuestro segundo personaje. Este prestigioso entrenador olímpico diseñó y supervisó las rutinas de ejercicios para los efectivos militares que incluían competencias entre los integrantes de distintas fuerzas. Esto fomentaba el espíritu de superación y camaradería.
Nuestro tercer personaje es un joven desnutrido que creció en la miseria y el abandono cuya única felicidad era correr animales en las llanuras etíopes para ver quien se cansaba primero. Su hermano y compañero de aventuras le cuenta un chisme, parece ser que a los integrantes de la guardia de élite del emperador Salassie se les daba hogar y comida. Los hermanos Bikila logran ingresar en el ejército y esperaban con paciencia llegar al ansiado puesto. Por ser efectivos militares fueron incluidos en las competencias deportivas castrenses. Abebe empieza a ganarlas por escándalo. No por triunfar en todas las competencias durante cinco años seguidos, sino por su dedicación, Abebe llega a su objetivo, es nombrado guardia imperial en el Palacio de Adís Abeba.
Los planetas se alinearon el 8 de marzo de 1959, Selassie recibe a Niskanen, quien se lamenta por una enfermedad que afecta al maratonista local Wami Biratu. El mismísimo emperador le dice que tiene a su reemplazo y le cuenta al sueco las proezas deportivas de Bikila. Niskanen incluye a la joven promesa en la maratón local clasificatoria para los siguientes juegos olímpicos. Abebe la gana llegando en 2h 21m 23s, la cara del sueco se transformó. Onni no podía entender como un aficionado sin estilo ni técnica batía por 2 minutos el récord olímpico de Emil Zatopek. Era un hecho que Bikila estaría en Roma 1960, ahora había que entrenarlo.
La maratón de los juegos olímpicos de Roma fue atípica por donde se la mire. Ni empezó, ni terminó en el estadio olímpico y se corrió de noche. El candidato al oro era el marroquí Rhadi Ben Abdesselam sin embargo cuando se separó del pelotón tenía pegado a un desconocido y descalzo. Bikila iba a usar unas zapatillas Adidas pero le parecieron incómodas y decidió correr en patas, como lo hacía en la sabana etíope. Que algunas calles del recorrido fueran empedradas no fue impedimento para el triunfo.
Abebe impuso un nuevo record mundial con 2h 15m 16s con un detalle, había parado a rezar. Cuando promediaba la competencia, al pasar por la plaza Porta Capena se encontró con el obelisco de Axum. Este monumento había sido robado por Mussolini de Etiopía y erigido nuevamente en Italia. Bikila se detuvo unos segundos para honrar a los caídos en la guerra ítalo-etíope.
Bikila llegó como si hubiera ido de compras a la esquina. No se detuvo en la llegada, lo tuvieron que correr para que parara. El médico que lo revisó no lo podía creer, pulso de 88, ojos brillantes, sin signos de agotamiento y sin ampollas en los pies. El italiano le pregunta: '¿-está para seguir?', Bikila le responde: '-a este ritmo otros 15 kilómetros'. Cuando lo entrevistaron humildemente dijo: '-en Etiopía soy el segundo, Wami Biratu no pudo venir'. El triunfo de Bikila fue tan sorpresivo que no tenían el himno de Etiopia, la banda agarró a las apuradas una partitura al azar que resultó ser una marcha militar italiana.
Después de 64 años, 14 juegos olímpicos y 1656 competencias, Bikila se convertía en el primer africano en ganar una medalla de oro. Al día siguiente se leía en los diarios: 'Mussolini necesitó un ejército para conquistar Etiopía, Selassie necesitó un solo soldado para conquistar Italia'. El héroe etíope Abebe Bikila era una celebridad en todo el mundo. Las marcas de calzado deportivo iniciaron una batalla por conquistarlo. Le esperaban años de gloria hasta la siguiente cita olímpica, sin embargo destinaba gran parte de su tiempo a visitar humildes escuelas etíopes.
Luego de 4 años de vivir junto a su maestro sueco, 40 días antes del inicio de los juegos de Tokyo 1964 sufre una apendicitis. Niskanen le dice que se olvide y empiece a concentrarse en México 1968. Abebe era un profesional, si había una mínima posibilidad de ganar, competiría, esta vez con zapatillas.
Después del affaire con Adidas en Roma 1960 la marca deportiva del alemán Adi Dassler hizo todo lo posible por convencer a Bikila de darle una segunda oportunidad. No lo convencieron pero estaban seguros que no utilizaría un calzado de un fabricante y competidor comercial europeo. Es que antes y después de la maratón de Roma, Bikila siempre utilizaba un calzado japonés llamado Onitsuka Tiger (años después los haría famosos Bruce Lee).
Al pobre Adi Dassler le debe haber dado un soponcio cuando vio que Abebe largaba la maratón con unas flamantes zapatillas Puma, fabricadas por su odiado hermano Rudolf Dassler. Dos horas después Bikila ingresaba sin perseguidores al estadio nacional de Tokyo, ganando la maratón con un nuevo record mundial. Cuando llegó el segundo, Abebe ya se estaba duchando.
Antes del inicio de los juegos de México 1968, Bikila sabía que la altura lo afectaría. Niskanen coincidía e intentó un entrenamiento para remediarlo. Pese a los esfuerzos de ambos, en el kilómetro 17 Bikila abandonó. Ahora debía concentrarse en Múnich 1972, imaginaba una despedida triunfal dando la vuelta al estadio.
La vida le tendió una trampa. Al año siguiente, camino a dar una charla para una escuela de Adís Abeba sufre un accidente automovilismo que lo deja parapléjico. Su despedida fue en Munich, pero no como la había soñado. Apenas fue incluido en la ceremonia inaugural, a la que asistió en silla de ruedas. Su única alegría fue que lo ubicaron al lado de Jessie Owens.
Las complicaciones por las cirugías acabaron con su vida en octubre de 1973. Solo tenía 41 años. Bikila fue un ejemplo de constancia y superación personal. Fue una gloria del deporte que obtuvo 2 medallas de oro olímpicas. Sin embargo decía que su mayor aporte había sido demostrar que ningún animal sobre la tierra puede correr 42 kilómetros sin parar a descansar.
Esta nota forma parte del capítulo 'Más rápido, más alto, más fuerte' del libro 'Pequeñas piezas de la historia I'
31/07/2022
Batalla de La Tablada
Paz se encontró el 22 de junio por la mañana en las alturas del este de Córdoba; Quiroga ocupaba la ciudad con la infantería y su caballería se hallaba en la Tablada. Había que decidir el ataque a los ocupantes de la plaza o a las fuerzas de la Tablada y se resolvió lo último. Remontó el río por la margen izquierda y llegó con la caballería a las cercanías de los vivaques enemigos, dejando la infantería frente a la ciudad para inmovilizar a la del adversario, aunque luego la hizo reunirse con el resto de sus fuerzas.
Primer día
La batalla comenzó cuando el ala izquierda de los federales, comandada por Aldao, y la derecha de los unitarios bajo el mando de Lamadrid, se lanzaron al ataque en sendas cargas de caballería. El objetivo de Quiroga era envolver el flanco derecho de sus enemigos, pues un ataque al centro de Paz no parecía rentable, mientras que el ala izquierda de este último tenía su flanco protegido por el cauce del Río Primero (actualmente llamado río Suquía).
Lamadrid (según cuenta en sus Memorias), al verse superado en número, solicitó refuerzos, pero entretanto sus fuerzas se vieron empujadas contra el centro de los unitarios por las vigorosas cargas de la caballería de Aldao, unos 1.000 jinetes, los mejores de los llanos. Algunos federales llegaron a enlazar varios cañones de la División de Deheza, pero este frustró la maniobra con descargas de fusilería y porque Paz ordenó amarrar entre sí a los cañones.
Pero mientras el esfuerzo principal de Quiroga se hacía contra el flanco derecho de Paz con 1.500 jinetes,47 en el resto del campo de batalla también se combatía, realizando los federales cargas de caballería temerarias pero ineficaces para quebrar la línea de los unitarios. Paz comprometió parte de su reserva (50 coraceros del 2º de Caballería al mando de Pringles) para restablecer la situación en su ala derecha, donde se sucedieron cargas y contracargas de caballería. Tomando la iniciativa, Paz, realizó ataques de tanteo en diferentes puntos de la línea federal, forzando retiradas parciales. Quiroga se vio obligado a acudir cada vez a los sectores amenazados de la línea para reagrupar a sus hombres, pero mientras lo hacía, los unitarios ganaban terreno en otros sectores. De este modo los unitarios lograron hacer retroceder del campo principal de combate a los federales.
El ala izquierda de los federales, pese a ser empujada hacia atrás, todavía era superior en número a sus rivales. Allí se encontraban los Llaneros de La Rioja y los Auxiliares de los Andes, las unidades más organizadas con que contaba Quiroga. Estas tropas continuaban luchando y Paz se vio obligado a empeñar nuevas reservas contra ellos, en este caso el Batallón 5 de Infantería (coronel Larrava) y dos piezas de artillería de tren volante. La acometida de estas tropas finalmente derrotó a la izquierda federal, la cual retrocedió precipitadamente a buscar refugio en un bosque cercano al campo de batalla. Esto marcó el fin de la batalla, pues el centro y la derecha de los federales también abandonaron el campo, que quedó en poder del ejército unitario.
El general Paz recorrió el campo de batalla, donde se apilaban los cadáveres de los combatientes federales. Allí ascendió a coronel al puntano Pringles, en reconocimiento a su mérito en la batalla.
Los unitarios no persiguieron al enemigo sino que establecieron un campamento provisorio y encendieron fogatas para combatir el frío del recién llegado invierno. Allí los soldados comieron por primera vez desde que iniciaron la persecución de Quiroga. Casi a la medianoche, Paz movió su ejército a un campo vecino, donde permitió a sus soldados descansar de las fatigas de la campaña; considerando a Quiroga vencido y en fuga, planeó para el día siguiente el ataque a la infantería federal que había quedado de guarnición en Córdoba. Según Lamadrid, Paz cometió un error al no destacar partidas de exploración para averiguar la dirección y el paradero de Quiroga.
Segundo día
Sin que Paz lo supiera, Quiroga no había renunciado a la lucha, sino que reagrupó sus fuerzas para dar batalla otra vez. Esa noche regresó a la ciudad de Córdoba y sacó de ella a la artillería capturada en el asalto a la Plaza Central, junto a parte de la infantería que había dejado allí el día anterior. Con estos refuerzos, se situó nuevamente fuera de la ciudad en espera de una ocasión favorable.
Antes de que salieran las primeras luces del 23 de junio, el general Paz organizó al ejército para marchar a la reconquista de la ciudad de Córdoba. Los unitarios comenzaron a bajar de las tierras altas de La Tablada formados en columna por lo abrupto del terreno. En cabeza marchaba el 2 de Caballería; seguían en este orden los batallones 2º y 5º de Infantería; tras ellos la artillería y finalmente la división tucumana y un escuadrón de caballería al mando de Lamadrid. Quiroga observó estos movimientos y decidió atacar, pues el orden en columna impedía que los unitarios desplegaran para presentar batalla.
Los cañones que los federales habían sacado de la ciudad la noche anterior fueron situados en las alturas de La Tablada y desde allí abrieron fuego contra la retaguardia de la columna unitaria. Al mismo tiempo la infantería federal apareció desplegada sobre las barrancas del Río Primero, a la derecha de la columna unitaria, e hizo fuego contra esta. Los tucumanos, atrapados en el barranco que bajaba desde La Tablada, retrocedieron en desorden hacia su izquierda. Al mismo tiempo, varios artilleros abandonaron sus cañones y huyeron hacia el terreno bajo, hacia la cabeza del ejército.
La situación se hizo crítica para Paz, pues la sorpresiva acción de Quiroga había comenzado a desmantelar la columna unitaria desde la retaguardia hacia el centro. Pero el caudillo riojano no se lanzó al ataque, no se empeñó cuerpo a cuerpo contra las fuerzas unitarias desorganizadas. Paz había cometido el error de creer a Quiroga derrotado la noche anterior, y Quiroga cometió el error de no lanzarse al ataque cuando tenía a su enemigo a su merced, en una posición desventajosa.
Dice Paz en sus Memorias:
“Hasta ahora me es difícil explicarme por qué el arrojo sin igual con que el general Quiroga había conducido su atrevida operación, le faltó en aquel preciso momento. Sea que no quisiese dejar la posición, sea que esperase que fuera más claro el día, él suspendió el ataque, sin lo cual hubiera sido nuestra situación más crítica de lo que era ya.”
Paz mandó que su caballería, formada en el bajo, se preparara para atacar; mientras tanto Lamadrid logró reunir a varios dispersos y se mandó a la carga con ellos. A su vez el jefe unitario mandó al ataque al Batallón 5 (Larrava) y al Batallón 2 (Videla Castillo), los cuales ascendieron las barrancas de regreso a La Tablada e intercambiaron fuego de fusilería con la infantería federal. Finalmente los infantes unitarios cargaron a la bayoneta y deshicieron a los federales, ayudados por las cargas de caballería de Lamadrid y Pringles.
Cuando fue visible la derrota, Quiroga abandonó el campo de batalla junto con algunos jinetes que pudieron seguirle. Hubo de sufrir la persecución encarnizada de Lamadrid “hasta las faldas de los cerros que hay al poniente de Córdoba”, según relata este último. En el camino Quiroga debió dejar atrás a dos de sus caballos favoritos, demasiado fatigados para utilizarlos en la huida. Esos caballos fueron capturados por Lamadrid, pero Quiroga y unos cuantos jinetes federales consiguieron escapar
28/07/2022
ORDEN GENERAL DEL 27 DE JULIO DE 1819
“Compañeros del exército de los Andes: ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene á atacarnos: sin duda alguna los gallegos creen que ya estamos canzados de pelear, y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan: vamos a desengañarlos. La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos: sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres, y sino andarémos en pelota como nuestros paysanos los indios: seamos libres, y lo demás no importa nada. Yo y vuestros oficiales darémos el exemplo en las privaciones y trabajos. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de corage.”
San Martin…Buenos Ayres imprenta de la Independencia.
Biblioteca de Mayo. Colección de Obras y Documentos para la Historia Argentina, Buenos Aires, Senado de la Nación, 1963, “Guerra de la Independencia”.Tomo XVI segunda parte. Edición especial en homenaje al 150 aniversario de la Revolución de mayo de 1810.[XIII] [Segunda Campaña al Sur de Chile] Pag.14.744 [40]
(Se respetó ortografía original)
26/07/2022
26 DE JULIO DE 1941: “LA GUERRA ES LA CONTINUACION DE LA POLITICA POR OTROS MEDIOS”
Pregúntenle a un estadounidense promedio cómo entró Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, y casi con seguridad les dirá que los japoneses atacaron Pearl Harbor y los estadounidenses respondieron la agresión. Pregúntenle por qué los japoneses atacaron Pearl Harbor, y probablemente necesitará algo más de tiempo para acomodar sus ideas. Podría responderle que los japoneses eran militaristas agresivos que querían apoderarse del mundo, o al menos de Asia y el Pacífico.
Ahora bien: pregúntenle a la misma persona si los Estados Unidos hicieron algo para provocar a los japoneses, y probablemente les dirá que no hicieron nada. Los japoneses, completamente sin justificación, lanzaron un ataque a traición contra ellos, tomándolos totalmente por sorpresa en Hawai, el 7 de diciembre de 1941.
La verdad, como suele ocurrir, se encuentra en la mitad de camino. La guerra entre Japón y los Estados Unidos había sido una posibilidad que las fuerzas militares de cada nación planearon en la década de 1920. La expansión de los territorios estadounidenses en el Pacífico habían sido una amenaza para Japón, históricamente temeroso de ser invadido, desde la década de 1890 y con el tiempo la situación se fue poniendo más tensa, sobre todo cuando el Imperio del Sol Naciente se presentaba ante el mundo como la única potencia asiática.
Y les dijimos a principios de mes que esta gran tragedia de la humanidad conocida como la Segunda Guerra Mundial, no comenzó en Polonia, ni mucho menos en Pearl Harbor, sino en China, en una escaramuza entre tropas japonesas y chinas a las afueras de Beijing el 7 de julio de 1937, que escaló a un punto tal al que nadie pudo (o quiso) ponerle freno.
Entre mayo y septiembre de 1939 los japoneses se enfrentaron contra los soviéticos y mongoles en la frontera con Manchukuo. No demasiado tiempo después (incluso antes), asesores militares y pilotos soviéticos, como también estadounidenses, comenzaron a llegar a China, al igual que armas y municiones.
Luego, Japón puso sus ojos en Indochina (los actuales Vietnam, Laos y Camboya), la gran colonia francesa de Asia Oriental. La ocupación de Indochina encajaba en los planes a largo plazo de Japón: la Gran Esfera de Co-Prosperidad de Asia Oriental, una coalición económica de naciones asiáticas que, bajo el liderazgo de Japón, expulsarían a los imperialistas y capitalistas occidentales y luego compartirían el comercio, los recursos y las mercancías entre ellos.
En el verano del hemisferio norte de 1940, Alemania derrotó rápidamente a la Tercera República Francesa y la administración colonial de Indochina pasó al Estado Francés (Francia de Vichy). Se otorgaron muchas concesiones a los japoneses, como el uso de puertos, aeródromos y ferrocarriles. Pero no fue suficiente, en septiembre de 1940, las tropas japonesas entraron por primera vez en Indochina y el 24 de julio de 1941, Tokio decidió tomar la colonia francesa por completo, con el “beneplácito” de gobierno títere de Pétain. Así Japón, al ocupar la base naval de Cam Ranh (Vietnam) amenazaba directamente las bases estadounidenses de Filipinas, el bastión británico en Singapur y las Indias Orientales Holandesas.
Ante ello, el 26 de julio de 1941, Roosevelt congeló los activos japoneses en los Estados Unidos, poniendo fin a las relaciones comerciales entre las naciones. Y una semana después, les cortó el suministro de petróleo. Los británicos y los holandeses hicieron lo mismo, prohibiendo las exportaciones a Japón desde sus colonias en el sudeste asiático. Como resultado, Japón perdió el acceso a las tres cuartas partes de su comercio exterior y al 88 por ciento de su petróleo importado.
Japón se enfrentaba ahora a un dilema: retirarse de su ocupación del Sudeste Asiático y esperar que se levantara el embargo petrolero, o apoderarse del petróleo de las colonias de europeas y antagonizar aún más a Occidente, incluso hasta la guerra.
El 6 de septiembre de 1941 el Gozen Kaigi (Conferencia Imperial) fijó una fecha límite para resolver la situación diplomática con respecto al embargo petrolífero estadounidense. El 14 de octubre ese límite había pasado sin haberse alcanzado ningún progreso. En esta situación, el primer ministro Fumimaro Konoe convocó al que sería su último gabinete, donde Hideki Tōjō comentó:
“Durante los últimos seis meses, desde abril, el ministro de Relaciones Exteriores ha realizado denodados esfuerzos para mejorar las relaciones. Aunque lo respeto por esto, estamos estancados... El meollo de la cuestión es la imposición de nuestra retirada de Indochina y China... Si nos sometemos a las demandas de los Estados Unidos, ello destruirá todos los logros obtenidos en China. Manchukuo entonces estará en peligro y nuestro control de Corea se verá socavado.”
Políticamente aislado y convencido de que el Emperador no lo apoyaría, Konoe presentó su dimisión e Hiroito nombró a Tōjō nuevo primer ministro. El nombramiento obedecía en parte a la popularidad que Tōjō gozaba entre las fuerzas armadas japonesas y a la devoción que este tenía por la institución imperial.
Mientras tanto, el embajador de Japón en Washington, Kichisaburō Nomura, y el Secretario de Estado de EE.UU., Cordell Hull, mantuvieron múltiples reuniones para resolver las relaciones entre Japón y Estados Unidos. No se pudo acordar ninguna solución por tres razones fundamentales:
1. Japón honró su alianza con Alemania e Italia a través del Pacto Tripartito.
2. Japón quería el control económico y la responsabilidad del sudeste asiático (proyecto de la Gran Esfera de Co-Prosperidad de Asia Oriental).
3. Japón se negó a abandonar China continental.
En su propuesta final del 20 de noviembre, Japón ofreció retirar sus fuerzas del sur de Indochina y no lanzar ningún ataque en el sudeste asiático siempre que Estados Unidos, Gran Bretaña y los Países Bajos dejaran de ayudar a China y levantaran las sanciones contra Japón. La contrapropuesta estadounidense del 26 de noviembre (la nota Hull) redobló la apuesta: requería que Japón evacuara toda China, incondicionalmente, y concluyera pactos de no agresión con las potencias del Pacífico.
Sin embargo, ya el 2 de noviembre, Tōjō y los jefes de Estado Mayor Hajime Sugiyama (Ejército) y Osami Nagano (Armada) informaron a Hirohito de que las negociaciones con los estadounidenses habían fracasado. El Emperador entonces dio su consentimiento para la guerra y al día siguiente el almirante Nagano, explicó en detalle al Soberano Celestial cómo se desarrollaría el ataque contra la Flota del Pacífico en su base de Pearl Harbor.
Dos días más tarde, el 5 de noviembre, Hirohito dio su aprobación al plan de operaciones bélicas contra las potencias occidentales y el resto es historia.
Como opinión puramente personal, la medida adoptada por los Estados Unidos hace exactamente 81 años, es un claro ejemplo de sanciones que terminan teniendo un efecto negativo, provocando exactamente lo que se suponía que debía evitar. ¿O realmente quería evitarse ese resultado?
"La pregunta era cómo deberíamos maniobrarlos [a los japoneses] para que dispararan el primer tiro sin que sea demasiado peligroso para nosotros” (Henry L. Stimson, Secretario de Guerra de los EE.UU.).
Fortis Leader para Fortis Leader - The Pacific & Asia
📖Referencias (con notas personales)
Mitter, Rana. Forgotten Ally: China's World War II, 1937–1945 (p. 233). Houghton Mifflin Harcourt.
https://www.history.com/this-day-in-history/united-states-freezes-japanese-assets
https://www.independent.org/news/article.asp?id=1930
General Invierno Sitio dedicado al Frente del Este, durante la SGM: personalidades, testimonios, batallas, armamentos.
25/07/2022
En marzo de 1838, Francia bloqueó el puerto de Buenos Aires por un roce diplomático con Juan Manuel de Rosas, empacada porque no se le daba como nación la preferencia que sí se le daba a Inglaterra y porque los franceses residentes en la Confederación Argentina no estaban exceptuados del servicio militar (como sí lo estaban los ingleses). La bronca venía además por la decisión de Rosas de apresar a dos franceses (Pierre Lavié, por robo; y Michel Bâcle, por vender mapas de la Confederación a Bolivia, nación con la cual Rosas tuvo algunos desencuentros limítrofes) y por políticas económicas tomadas por el Gobernador de Buenos Aires que perjudicaban los intereses comerciales franceses. Con el conflicto abierto, muchos argentinos antirrosistas vieron en Francia su salvación. La juventud unitaria, cultora del iluminismo francés, se unió a los enemigos políticos internos de Rosas y a los exiliados del régimen rosista (la mayoría de ellos en Montevideo) y apoyaron la invasión. Alberdi, entusiasmado pero a la vez pareciendo justificarse al apoyar una invasión foránea, escribió: "¿Estará el deshonor, entonces, en ligarse al extranjero para batir al hermano? (...) Todo extranjero es hombre y todo hombre es nuestro hermano (...) La patria es la humanidad, el pueblo es el género". Juan Galo de Lavalle, un eximio militar que aún así se comía un garrón cada vez que enfrentaba a Rosas, fue elegido por los unitarios para enfrentar a las tropas de la Confederación y ser el enlace militar con los franceses. En virtud de este conflicto, de 1840, una escuadra francesa que transportaba al líder militar unitario atacó Rosario. Unos días después, Lavalle desembarcó en San Pedro (provincia de Buenos Aires) para enfrentar a Rosas. Lavalle sería otra vez derrotado y tiempo después los franceses, frente a la resistencia de la Confederación Argentina, terminaron firmando la paz.
20/07/2022
'La Gran Hambruna de la Papa'
Cuando se encara el estudio de un hecho histórico es muy común intentar separar los detalles accesorios que nos puedan apartar de su columna vertebral. Sin embargo en ocasiones lo que considerábamos como la hojarasca del hecho, eran una parte inseparable de la ecuación. La gran migración irlandesa hacia los EEUU, la separación de la Gran Bretaña y un millón de mu***os de mediados del siglo XIX, se deben a un pequeño parásito llamado Phytophthora infestans. Una afirmación cierta pero insuficiente ya que no hubiera tenido esa magnitud de no ser por otros factores en apariencia secundarios como las políticas públicas, las costumbres alimentarias y la explotación de la mano de obra agraria del siglo XIX... y la del XX... y la del XXI. Así de complejo es el contexto histórico, económico y social que derivó en uno de los hechos mas trágicos del siglo XIX, la 'Gran Hambruna Irlandesa' o la 'Gran Hambruna de la Papa'. En esos años Irlanda formaba parte del Reino Unido pero no sacaba mucho provecho de ello. La población católica, cerca del 80% eran casi esclavos, sin derechos de propiedad privada. Para subsistir arrendaban campos a ingleses, para los que cultivaban maíz. Como parte del arreglo y como único pago, se les permitía utilizar una mínima superficie para algún cultivo de consumo personal. Que sembrar para comer, el alimento mas rendidor, la papa, ya que permitía varias campañas al año. O sea que el 80% de la población dependía de la papa para vivir, mejor dicho, para sobrevivir. Irlanda sufría lo que hoy se conoce como monocultivo. Se calcula que para 1840 había medio millón de agricultores en esa situación y 2 millones alimentariamente dependientes de ellos. El Phytophthora infestans se hizo presente en Irlanda en 1845, la ausencia de metodologías de prevención y aislamiento sumada a la inacción política hizo que en un año se perdiera la totalidad de la papa sembrada. Ante la cosecha perdida, la papa en existencia solo duró 3 meses. La primera consecuencia fue la hambruna de las familias agricultoras, la segunda fue la migración en la que abandonaron los campos. Esto derivó en la tercera, no había nadie para levantar la cosecha de maíz. La cuarta, fue la muerte masiva por inanición y la quinta fue el nacimiento de los movimientos nacionalistas que llevaron a la salida del país del Reino Unido. Los números oficiales de la 'Hambruna de Irlanda' son escalofriantes. Para cuando la peste fue erradicada en 1850, un millón de irlandeses habían mu**to de hambre y otro millón había abandonado el país. EEUU fue el principal destino de estos desplazados. Irlanda había perdido a casi el 30% de su población, había que empezar de nuevo.
Esta nota, con algunos agregados, forma parte del libro Pequeñas Piezas de la Historia 1.
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