05/05/2026
EL FESTIVAL DE WESAK 2026
Existe un valle situado a una altura bastante elevada al pie de las cordilleras del Himalaya Tibetano. Este valle está rodeado de altas montañas por todos los lados, con excepción del noreste, donde hay una estrecha abertura en las cordilleras. El valle tiene la forma de un ánfora embocada hacia el noreste, abriéndose considerablemente hacia el Sur. Hacia el extremo Norte y cerca de la embocadura del ánfora se halla una gran roca plana. No hay árboles, ni arbustos en el valle, que está cubierto con una especie de pasto grueso, pero las laderas de las montañas están cubiertas de árboles.
En el momento del Plenilunio de Tauro empiezan a reunirse los peregrinos de todos los distritos circundantes; los hombres y mujeres santos y los lamas llegan al Valle y ocupan la parte sur y media dejando el extremo noreste relativamente libre. Allí, según cuenta la leyenda, se congrega un grupo de esos Grandes Seres que son los custodios en la Tierra del Plan de Dios para nuestro planeta y para la Humanidad. El nombre que damos a estos Seres no tiene gran importancia. El creyente cristiano preferirá hablar de Cristo y Su Iglesia, y Los considerará parte de esa Gran Nube de testigos que garantizan a la humanidad la salvación definitiva. Los esotéricos del mundo pueden llamarlos los Maestros de Sabiduría, la Jerarquía Planetaria, que en sus diversos grados están regidos y guiados por el Cristo, el Maestro de Maestros, y el Instructor de Ángeles y seres humanos por igual. O pueden también llamarlos los Rishis de las Escrituras Hindúes, o la Sociedad de Mentes Iluminadas, según la enseñanza tibetana. Ellos son los Grandes Intuitivos y los Grandes Compañeros según la presentación moderna y son el conjunto de la humanidad perfeccionada, que ha seguido los pasos del Cristo y ha penetrado, por nosotros, en los misterios, dándonos ejemplo para que hagamos lo que Ellos han hecho. Con su Sabiduría, Amor y Conocimiento constituyen una muralla protectora para la humanidad y tratan de guiarnos paso a paso, {como Ellos fueron guiados en su tiempo) de la oscuridad a la Luz, de lo irreal a lo Real, de la muerte a la Inmortalidad. Este grupo de conocedores de la divinidad son los principales participantes en el Festival de Wesak. Se sitúan en el extremo noreste del Valle, y en círculos concéntricos (de acuerdo con el estado y grado de Su desarrollo Iniciático), se preparan para un gran acto de servicio. Frente a la roca, mirando al noreste, están Aquellos Seres a Quienes sus discípulos llaman "Los Tres Grandes Señores" que son: el Cristo, que se sitúa en el centro; el Señor de las Formas Vivientes, el Manú, que se sitúa a Su Derecha, y el Señor de la Civilización, que se sitúa a Su izquierda. Los Tres se colocan frente a la roca, en la que descansa una gran copa de cristal llena de agua.
Hay un hecho interesante que arroja cierta luz sobre esta ceremonia y su realidad, y es que los que han soñado que participaban a ella, está seguros de la posición exacta que ocuparon en la parte más baja del valle. Una persona que me la describió, me dijo que estuvo a un lado, junto a un árbol en el que estaba atado un caballo; otros parecían conocer muy bien el lugar en el que se encontraban. Pocos se daban cuenta de que el lugar y la posición que ocupaban en el grupo de observadores, indicaba con toda claridad el estado evolutivo del participante.
Detrás del Grupo de Maestros, Adeptos, Iniciados y Colaboradores Mayores en el Plan de Dios, se encuentran los discípulos y aspirantes del mundo, en sus diversos grados y grupos (“en el cuerpo o fuera de él”, citando a S. Pablo), quienes constituyen en esta época el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Los que estaban presentes físicamente, llegaron a allí por medios comunes. Otros estaban presentes en sus cuerpos espirituales y en estado de sueño. El "sueño" que luego relatan, ¿no podría ser el reconocimiento físico y el recuerdo de un suceso espiritual interno?
A medida que se acerca el momento de la Luna Llena, se produce una gran quietud en la muchedumbre, y todos miran al noreste. Entonces, tienen lugar ciertos movimientos rituales, en los que los Maestros agrupados y Sus discípulos de todos los grados, ocupan su lugar en posiciones simbólicas y forman en el suelo del valle símbolos tan significativos como la estrella de cinco puntas, con el Cristo en el punto más alto; o un triángulo con el Cristo en el vértice superior, o una cruz y otras formaciones conocidas, que tienen un significado profundo y potente. Todo esto se realiza mientras se entonan ciertas palabras y frases esotéricas, llamadas mantras. La expectativa de los asistentes aumenta y la tensión se hace mayor, acrecentándose cada vez más. A través de todo el grupo de personas, parece sentirse un estímulo o vibración potente que tiene el efecto de despertar las almas de los presentes, fusionando el grupo en un todo unificado, elevándolos a un gran acto de demanda, disposición y expectativa espiritual. Es el punto culminante de la aspiración mundial enfocada en este grupo expectante. Estas tres palabras: demanda, disposición y expectativa, son las que mejor describen el ambiente que rodea a los presentes en este valle secreto.
El cántico y el movimiento rítmico se intensifican cada vez más y todos los participantes y la multitud elevan sus ojos hacia el cielo, en dirección a la angostura del Valle. Unos pocos minutos antes de la hora exacta de la Luna Llena puede verse, a lo lejos, un pequeño punto en el cielo, acercándose cada vez más y poco a poco su silueta se hace más nítida, se definen sus contornos hasta que la forma del Buda se hace visible: sentado en posición de loto, envuelto en su manto azafranado, bañado en luz y color, y con una mano extendida bendiciendo. Cuando el Buda llega al punto exacto central sobre la gran roca, flotando en el aire sobre las cabezas de los Tres Grandes Señores, un gran mantra, que se pronuncia únicamente una vez al año, en el Festival, es entonado por el Cristo, y todos los asistentes que se encuentran en el valle se postran. Esta Invocación produce una gran vibración o corriente de pensamiento, de tal potencia que se eleva, desde el grupo de aspirantes, discípulos e iniciados, hasta Dios mismo. Señala el momento supremo de intenso esfuerzo espiritual a lo largo de todo el año y la vitalización espiritual de la humanidad, y sus efectos espirituales perduran durante los meses siguientes. El efecto de esta Gran Invocación es universal o cósmico, y sirve para conectarnos con ese Centro Cósmico de Fuerza Espiritual, del que provienen todos los seres creados. Se imparte la Bendición y el Cristo – como Representante de la humanidad – la recibe para distribuirla.
Así, según cuenta la leyenda, el Buda vuelve una vez al año, para bendecir al mundo, transmitiendo a través del Cristo, una vida espiritual renovada. Luego lentamente el Buda se aleja, hasta que nuevamente se puede ver sólo un punto en el cielo que finalmente desaparece. Todo el ceremonial de la bendición, desde su primera aparición en la lejanía, hasta el momento en que el Buda desaparece, tarda sólo ocho minutos. El sacrificio anual del Buda por la humanidad (pues viene a costa de un gran sacrificio), ha terminado y Él retorna nuevamente a ese Lugar Elevado donde trabaja y espera. Año tras Año vuelve a bendecir; y año tras año se lleva a cabo la misma ceremonia. Año tras año Él y Su Gran Hermano, el Cristo, trabajan en la más íntima colaboración para el beneficio espiritual de la humanidad. En estos dos Grandes Hijos de Dios se han concentrado dos aspectos de la Vida Divina, y Ellos actúan juntos como Custodios del tipo de fuerza espiritual más elevado a la que la humanidad puede responder. A través del Buda fluye la Sabiduría de Dios. A través del Cristo el Amor de Dios se manifiesta a la humanidad; esta Sabiduría y este Amor se derraman sobre la humanidad cada Luna Llena de “Mayo".
Según la historia antigua, esta es la leyenda que existe detrás de esta Fiesta popular en Oriente, y es real, si nos atrevemos a creerlo y tenemos la mente lo suficientemente abierta como para reconocer esta posibilidad. Para Occidente es una idea algo nueva y requiere el reajuste de algunas de nuestras creencias más apreciadas. Pero si se puede captar y entender, surgirá en nuestra conciencia una nueva visión y la posibilidad de que la humanidad se conecte conscientemente ahora con una nueva fuente de inspiración y un nuevo centro de fuerza espiritual.
Para algunas personas, actualmente, este Festival representa ciertas ideas muy definidas y claramente marcadas, y ofrece una gran oportunidad. Las ideas que simboliza pueden enumerarse de la siguiente manera:
Primero, este Festival une el pasado con el presente de un modo como ningún otro Festival, relacionado con cualquiera de las grandes religiones del mundo, lo ha hecho jamás. Representa una verdad viva y una oportunidad actual. En su servicio mutuo a la humanidad, el Buda y el Cristo traen esta unión; también fusionan Oriente y Occidente, a la vez que funden en un todo la tradición cristiana con los credos budistas e hinduístas, y la aspiración de todos los creyentes del mundo de hoy, ya sean ortodoxos o no. Así desaparecen las distinciones religiosas.
Segundo, este Festival señala el punto máximo de Bendición Espiritual para el mundo. Es un momento de extraordinaria afluencia de vida y estímulo espiritual, y sirve para vitalizar la aspiración de toda la humanidad.
Tercero, en el transcurso del Festival, mediante el esfuerzo unido del Cristo y el Buda, actuando en íntima colaboración, se abre un canal de comunicación entre la humanidad y Dios, a través del cual el Amor y la Sabiduría de Dios mismo pueden fluir a un mundo expectante y necesitado. Hablando simbólicamente y recordando que los símbolos velan siempre alguna verdad, se puede decir que en el momento del plenilunio, es como si de repente se abriera de par en par una puerta que en otros momentos permanece cerrada. A través de ella, los aspirantes y discípulos pueden ponerse en contacto con energías difíciles de alcanzar de otro modo. Mediante esta puerta se puede llegar a Aquellos que Guían a la humanidad, y a la verdad y a la realidad, que en otra circunstancia, no es posible. Todos aquellos que están a un lado u otro de la puerta pueden valerse de esta oportunidad, y esto ocurrirá de forma creciente. Durante la luna llena de Tauro, es como si se abriera la puerta del “cielo” (hablando simbólicamente) para establecer contacto con aquellas Vidas Mayores, que son para nuestra Jerarquía Planetaria, lo que Ella es para la humanidad. Una vez reconocido esto, será posible desarrollar una Ciencia de Acercamiento hacia las verdades y fuerzas más profundas de la vida ocultas detrás del velo. Esto revelará la Nueva Era, y es parte de la verdadera técnica que emerge del Sendero y del progreso espiritual.
Nuevamente, en este tiempo existe la posibilidad de grandes expansiones de conciencia que no son posibles en otros momentos. Los discípulos e iniciados de todas partes pueden ser ayudados y estimulados espiritualmente para dar esos grandes pasos que llamamos iniciaciones y que permiten al ser humano penetrar un poco más profunda y conscientemente en los misterios del Reino de Dios. Le revelan con más claridad la maravilla de su propia divinidad, la belleza de lo divino en cada persona y algo del Plan que está llevando a cabo la humanidad y con el cual puede colaborar.
Volvamos al escenario de los Himalayas: Cuando el Buda ha desaparecido, la multitud se pone de pie, el agua de la copa se distribuye en pequeñas porciones a los Maestros, Iniciados y discípulos, y luego Ellos retornan al lugar del servicio. La multitud bebe el agua, en copas o jarros que han traído y la comparten con los demás. En esta hermosa “ceremonia de comunión del agua” se nos presenta, de forma simbólica, la Nueva Era de Acuario, que está ya en el umbral, la Era de Acuario, la era del Portador de Agua. Es la era del "hombre que lleva un cántaro de agua”, como dijo el Cristo en ese episodio que precedió al servicio de comunión que Él inició. Esta Ceremonia perpetúa para nosotros el hecho de la universalidad del Amor de Dios, la necesidad de nuestra purificación individual y la oportunidad de compartir con cada uno lo que pertenece a todos. El agua, magnetizada por la presencia del Buda y del Cristo, contiene ciertas propiedades y virtudes de naturaleza curativa y beneficiosa. Así bendecida, la multitud se dispersa silenciosamente, los Maestros y discípulos regresan con renovada fuerza para emprender otro año de servicio en el mundo.
Esta leyenda o este relato de un acontecimiento espiritual auténtico y vital, lentamente llega en nuestro días a Occidente, y evoca reconocimiento, curiosidad, admiración, o preguntas por parte de muchos. Algunos aspirantes occidentales piensan que ha llegado el momento, en que Occidente y Oriente pueden unirse espiritualmente en un gran Festival y comunión de almas. Al unísono, y bajo la dirección del Buda, que vino a traer luz a Oriente, y del Cristo que vino a traer luz a Occidente, pueden pedir y evocar tal bendición y revelación espiritual, que el futuro inmediato puede mostrar lo que se necesita tanto: “paz en la Tierra, y buena voluntad para los seres humanos". Así podremos acceder a una era de fraternidad y comprensión que permitirá a cada persona liberarse del miedo y tener más tiempo para buscar a Dios por sí mismo.
El Festival de Wesak es desde el punto de vista espiritual, el acontecimiento más importante en nuestro planeta, y el que mayor efecto tiene sobre la humanidad. Su influencia siempre ha estado presente, pero desconocida para la mayoría. Ahora su influencia debe ser reconocida y utilizada conscientemente. Cada grupo de servidores en el mundo que colabora conscientemente con la Jerarquía Planetaria, actúa según ciertas leyes, y mediante el uso de ciertas palabras de poder y ciertas grandes invocaciones. De esta manera obtienen los resultados requeridos. Mediante el ritmo unido de ciertos grupos y de sus invocaciones, los grupos de aspirantes pueden entrar en contacto con la conciencia de Grandes Vidas e Inteligencias, cuando hayan aprendido a alinear sus personalidades y a establecer relación con sus propias almas. Estos grupos de aspirantes pueden entrar en contacto con el mundo subjetivo de estas Inteligencias por intermedio de dos puntos focales: el Buda, que representa el mundo influyente de las realidades espirituales subjetivas, y el Cristo, que actúa como Representante del mundo de las aspiraciones humanas. Este hecho está simbolizado para nosotros por el rito de la Iglesia, en el que el sacerdote es un punto focal. Sin embargo, aquí hay una diferencia importante: el sacerdocio, en estas grandes "ceremonias de contacto" en el futuro, no será un cuerpo de personas separadas y aisladas. Todos, incluso los profanos podrán oficiar los ritos, siempre y cuando sean capaces de alinearse con el alma y de entrar en contacto con ella con el objetivo de colaborar con las demás almas.
Finalmente, puede decirse que en un período determinado del año, se reúne la Logia de los Maestros. Este término "Logia" no es más que una forma de designar este cuerpo de discípulos y trabajadores consagrados que el Cristiano llama "Cristo y su Iglesia", En este período, que coincide con la Luna Llena de Tauro y el Festival de Wesak, se reúne con tres propósitos principales: entrar en contacto con la fuerza espiritual transmitida a nuestro planeta por medio del Buda y del Cristo; deliberar juntos sobre las necesidades inmediatas y el trabajo que debe realizarse para la humanidad; admitir a la iniciación a aquellos que están preparados y estimular a Sus discípulos para un servicio y una actividad mayor.
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