20/06/2026
Cuando Erik recibió su diagnóstico de autismo, muchas de las conversaciones giraban alrededor de las dificultades. Era lógico. Había retos importantes y necesitaba mucho apoyo. Sin embargo, con el paso de los años he comprendido que existe un riesgo del que apenas hablamos: cuando una persona recibe un diagnóstico, resulta fácil que los demás empiecen a verla únicamente a través de aquello que le cuesta.
Y, poco a poco, dejamos de ver todo lo demás.
Dejamos de ver al niño que se fascinaba observando árboles, postes eléctricos o trenes. Dejamos de ver a la persona que se preocupa profundamente por las aves y por el medio ambiente. Dejamos de ver al joven que hoy estudia Física en la universidad. Dejamos de ver sus intereses, sus valores, su sentido de la justicia, su forma de pensar y de comprender el mundo.
Por supuesto que las dificultades existen. Han formado parte de su historia y siguen formando parte de su vida. Hay momentos de sobrecarga, días complicados y situaciones que requieren apoyo. Reconocerlo es importante.
Pero una persona autista nunca es únicamente la suma de sus dificultades.
Es una persona completa.
Con fortalezas y desafíos. Con capacidades y necesidades de apoyo. Con sueños, preocupaciones, intereses y proyectos. Con una personalidad propia y una manera única de estar en el mundo.
A veces pienso que uno de los mayores cambios que necesitamos como sociedad es aprender a mirar más allá del diagnóstico. Porque cuando conseguimos hacerlo, dejamos de ver una lista de dificultades y empezamos a descubrir a la persona.
Y ahí es donde empieza la verdadera comprensión.
🌿 Me gustaría leerte. ¿Qué te gustaría que los demás vieran primero cuando conocen a una persona autista?
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