09/02/2026
Este instituto fue creado hace 23 años por nuestro papá, junto a un socio.
Lo fundó con vocación educativa, esfuerzo y compromiso.
Ese fue su legado.
Nuestro papá falleció, de manera inesperada.
Y con su muerte comenzó un proceso de exclusión, abuso de poder y violencia institucional que hoy nos vemos obligadas a hacer público.
Hablamos en nombre de ocho hijas del fundador, de las cuales siete trabajábamos en esta institución, y de una niña menor de edad que también es heredera.
En un contexto de duelo profundo:
Fuimos excluidas de toda participación, a pesar de ser herederas forzosas.
Se nos privó del acceso a la información, a las decisiones y a los derechos que nos correspondían.
El socio sobreviviente se proclamó como única autoridad, concentrando el poder y las decisiones.
Se produjo una reestructuración interna colocando en cargos jerárquicos a personas de su entorno familiar.
Lo más doloroso —y grave— es que familia directa del fundador decidió alinearse con este accionar, ocupando cargos y avalando prácticas de maltrato, hostigamiento laboral, quita arbitraria de tareas y vaciamiento de funciones hacia quienes también éramos familia y trabajadoras de esta institución.
No se trata de un conflicto personal.
Se trata de:
de poder,
violencia laboral,
utilización de una figura jurídica para excluir herederas,
y desconocimiento del legado del fundador.
Nuestro silencio hasta hoy fue respeto.
Nuestra palabra ahora es dignidad.
Publicamos esto porque creemos en la verdad, en la memoria y en la justicia.
Porque ninguna institución educativa debería sostenerse sobre el dolor, la exclusión ni la traición.