22/09/2026
No todo es TDAH. No todo es autismo.
Pero tampoco todo es “cosa de niños, ya se le pasará”.
Veo dos extremos que hacen daño:
1. El extremo que etiqueta todo: el niño se mueve y ya es hiperactivo, no habla mucho y ya es autismo. Se diagnostica sin observar, sin tiempo, sin contexto.
2. El extremo que niega todo: “así son los niños”, “tú también eras así”, “no lo mediques, solo necesita mano dura”. Y dejamos a un niño luchando solo, sin los apoyos que sí necesita.
Montessori está justo en medio. María Montessori fue médica y su pedagogía nació de la observación científica.
Ella nos enseñó a diferenciar con preguntas antes de sacar conclusiones:
A) ¿Es propio de la etapa?
Un berrinche a los 2 años porque quiere algo y no puede expresarlo es neurológico y esperado. La corteza prefrontal aún es inmadura. Necesita contención, no diagnóstico.
B) ¿Es persistente, intenso y en todos los contextos?
Si ese desborde dura más de 40 minutos, varias veces al día, a los 6 años, en casa, en la escuela y en el parque, aunque duerma bien y esté en un ambiente preparado... ya no es solo etapa. Es una señal.
C) ¿Le impide disfrutar su infancia?
¿Le impide jugar, aprender, hacer amigos, sentirse capaz? Si la respuesta es sí, observar no es suficiente, hay que consultar.
Ver a un niño como lo que es —un niño— no significa negarle ayuda. Significa defender su infancia lo suficiente como para darle dos cosas:
* Tiempo y un ambiente respetuoso para madurar a su ritmo.
* Y si lo necesita, las herramientas y terapias que le permitan dejar de sobrevivir y empezar a disfrutar.
Un diagnóstico hecho con rigor, con equipo interdisciplinario y con tiempo de observación, no encierra a un niño en una etiqueta. Le abre la puerta a entenderse mejor.
Montessori no quiere niños medicados. Quiere niños comprendidos. Y a veces, comprender significa pedir ayuda experta.
¿Tú qué piensas?