13/03/2021
Los incendios del Sur, en la comarca andina, se suman a un patrón que sufrimos a diario con la quema de los . Para tratar de entender qué está pasando, compartimos algunos fragmentos de una entrevista que realizamos desde Diálogo Directo a Eugenia Tedin (Ing. Agrónoma, Técnica de terreno de la la Subsecretaría de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena del Ministerio de Agricultura de la Nación) en octubre del 2020, frente a los incendios vividos en nuestra región. Salvando las distancias, estas ideas nos aportan algunas claves para identificar qué lógicas se esconden detrás del fuego patagónico y qué consecuencias traen.
“¿Por qué se prende fuego? En la provincia de Santa Fe, los incendios responden a un objetivo muy claro y concreto: el cambio de uso de suelo. Tierras que son foresto-ganaderas, ganadería con monte, se las desmonta con distintas estrategias para destinarlas a un uso agrícola. En este sentido, hay un fuerte vínculo entre los incendios y los modelos productivos.
El modelo convencional de monocultivo, el modelo de cambio de uso de suelo, implica la simplificación del ecosistema, avanzando sobre los recursos naturales de la zona. Tiene que ver con la lógica de “ver limpio, simplificado, el sistema” y no poder entender que en esa complejidad de los ecosistemas también se puede trabajar en forma productiva. Hay un traspaso de lógica de un modelo a otro, aun así en los mismos sistemas ganaderos, donde se simplifica a pasto y ganado.
Es difícil entender que los ecosistemas son diversos, complejos y que tienen funciones ecosistémicas en cuanto a retención de suelo, amortiguar los excesos de inundaciones, la biodiversidad.
La lógica de la simplificación viene desarrollándose desde hace muchos años, con el ingreso de la soja al país en los 70. El avance de la frontera agropecuaria con ese paquete tecnológico de semillas híbridas, de aplicación de agrotóxicos, fue avanzando sobre aquellos ecosistemas mucho más complejos y más vulnerables, empujando a la ganadería hacia áreas más marginales y con situaciones más extremas de los recursos.
A nivel social, las consecuencias son nefastas. Todo ambiente perturbado drásticamente, llevado hacia la simplificación de sistemas agrícolas, primero lleva a un proceso de desertificación ambiental y después a un proceso de desertificación social. De la mano del empobrecimiento del ecosistema, va el empobrecimiento de las familias y la expulsión de las y los jóvenes hacia las periferias de las ciudades. Así, vemos que se rompe el tejido social, las comunidades envejecen, las escuelas se ven despobladas y terminan cerrando, los pueblos ven reducidos sus circuitos comerciales y, también, se daña la capacidad productiva de pequeños productores y familias.
Sobre esto último, vemos que al simplificarse los ecosistemas a un monocultivo, se genera todo un proceso de deterioro de suelo, de aire, de agua, llevando a este proceso de desertificación. Por esto, todo lo que podría producirse dentro de un sistema de pequeños productores, donde la principal característica es la diversidad, se ve perjudicado, deteriorando sus producciones. Un claro ejemplo, es la apicultura es una de las actividades más dañadas en los últimos tiempos. Al perderse estos ecosistemas de monte, la diversidad florística se pierde y los niveles productivos de los apicultores es cada vez peor.
Así, cambian las posibilidades de vida no sólo por el fuego sino también por las extremas inundaciones y sequías. Las posibilidades de vida de las comunidades se restringen, se deterioran y llevan a este empobrecimiento y a esta disminución de la vida rural.”
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Frente a lo que está pasando en El Bolsón, El Hoyo, El Maitén, Cholila, Lago Puelo y Cushamen, desde nos organizamos para ayudar a las familias que perdieron todo. Podés acercar tu aporte al Distrito Centro en San Martín 1168 el próximo lunes 15/3 de 9 a 19 hs. Podés sumar ropa de abrigo y calzado, bidones de agua, alimentos no perecederos, barbijos y guantes de trabajo, productos de limpieza, linternas, pilas, colchones.