07/04/2014
BULLYING
CARACTERISTICAS DE LA ESCUELA TRADICIONAL QUE INCREMENTAN EL RIESGO (M. J. DÍAZ-AGUADO
REVISTA IBEROAMERICANA DE EDUCACIÓN)
El conjunto de resultados obtenidos sobre el acoso entre
iguales, refleja que determinadas características de la escuela tradicional contribuyen a dicho problema y dificultan su superación, como son:
• La tendencia a minimizar la gravedad de las agresiones entre
iguales, considerándolas como inevitables sobre todo
entre los chicos, o como problemas que ellos deben aprender
a resolver sin que los adultos intervengan, para hacerse
más fuertes, para «curtirse». Como reflejo de su extensión
actual, cabe destacar que, en nuestro estudio (Díaz-Aguado,
Martínez Arias y Martín Seoane, 2004), el 37,6% de los
adolescentes evaluados manifestó su aceptación de la creencia
de que «Si no devuelves los golpes que recibes, los demás
pensarán que eres un cobarde», muy de acuerdo con una de
las frases que con cierta frecuencia siguen transmitiendo los
adultos a los niños: «Si te pegan, pega», en la que se refleja
que la incoherencia escolar respecto a esta violencia expresa
otra incoherencia existente aún más amplia en el resto de la
sociedad en relación con dicho problema.
• El tratamiento tradicionalmente dado a la diversidad, actuando
como si no existiera. En función de esto puede
explicarse que el hecho de estar en minoría, de ser percibido
como diferente, de tener un problema, o de destacar por una
cualidad envidiada, incremente la probabilidad de ser elegido
como víctima de acoso (a través de motes, de aislamiento...).
• Insuficiencia de la respuesta que la escuela tradicional
suele dar cuando se produce la violencia entre escolares,
que deja a las víctimas sin la ayuda que necesitarían para
salir de la situación, y que suele ser interpretada por los
agresores como un apoyo implícito. Esa falta de respuesta
está relacionada con la forma tradicional de definir el papel
del profesorado, sobre todo en el nivel de la educación
secundaria, orientado de forma casi exclusiva a impartir una
determinada materia.
En relación con la falta de respuesta de la escuela tradicional
respecto a la violencia, cabe interpretar el resultado obtenido en nuestra investigación (Díaz-Aguado, Martínez Arias y Martín Seoane, 2004), según el cual el 34,6% de los adolescentes evaluados declaró que nunca pediría ayuda al profesorado si sufriera acoso de parte de sus compañeros, aludiendo, para justificarlo, que «los profesores de secundaria están para enseñarte, no para resolver tus problemas», aunque matizan que «sí pedirían ayuda a un profesor que diera confianza». Tales respuestas reflejan la necesidad de adaptar el papel del profesorado a la nueva situación para incrementar su eficacia educativa, así como para la ayuda que puedan proporcionar en la prevención de la violencia. Aunque cada día es mayor la disponibilidad del profesorado para acabar con los problemas expuestos, y aunque ello debería contribuir a erradicar la
violencia escolar, no siempre sucede así, debido a la dificultad que
supone cambiar pautas muy arraigadas en dicha institución, para cuya superación es preciso dotar al profesorado de los medios que lo hagan posible.