Educar Taller fueguino

Educar Taller fueguino Aprende de forma dinámica y personalizada.

26/09/2026

Gracias Canal 13 por esta nueva invitación.

Hoy volvió a circular una escena que ya no nos resulta extraña: un profesor enojado, intentando poner orden en el aula, mientras algunos alumnos se ríen y lo graban con el celular.

Un video de pocos segundos puede mostrar una reacción, pero no explica una situación. Estamos viendo una foto incompleta. ¿Qué pasó antes? ¿Cuántas veces pidió silencio? ¿Cuántas veces intentó empezar su clase? ¿Qué ocurrió antes de que llegara ese enojo?

No se trata de justificar cualquier reacción docente. Pero tampoco podemos exigirle una regulación emocional perfecta al adulto mientras naturalizamos interrupciones, burlas, desafíos o que alguien saque un celular y convierta ese momento en un espectáculo.

Hay algo que tenemos que recuperar con urgencia: el límite. Durante años confundimos poner límites con ser autoritarios. No son lo mismo. El límite es cuidado. Un chico necesita saber qué se puede hacer, qué no y qué consecuencias existen cuando cruza esa línea.

La ciudadanía digital también debería enseñar que poder grabar algo no significa que esté bien hacerlo y mucho menos exponerlo. Convertir el enojo, el error o la vulnerabilidad de otra persona en contenido y entretenimiento también merece una conversación educativa.

La escuela necesita recuperar autoridad, límites y consecuencias. Y la familia tiene que acompañar. Ante un conflicto, no alcanza con preguntar “¿qué te hizo el docente?”. También hay que preguntar: “¿Qué pasó? ¿Qué hiciste vos?”.

La alianza familia-escuela es fundamental. Cuando los adultos se desautorizan entre sí, el chico recibe mensajes contradictorios. Necesita adultos que conversen y sostengan criterios comunes.

Los chicos necesitan adultos cercanos. Pero también adultos capaces de decir “hasta acá”.

El alumno tiene derecho a ser respetado. El docente también.

Cómo son hoy sus clases?
Cuánto tiempo real pueden enseñar sin interrumpir para pedir silencio, guardar celulares, frenar burlas o volver a poner un límite?

Los leo.

Un abrazo,
Laura

26/09/2026

Hoy escribo en LA NACION sobre un tema incómodo, pero urgente: qué pasa cuando en el aula empiezan a desaparecer las condiciones mínimas para enseñar.

Cuando pedir silencio se convierte en una batalla, cuando el docente queda expuesto y cuando cada límite debe negociarse infinitamente el problema ya no es solamente de “manejo de grupo”.
Es un problema educativo.

Podemos hablar de innovación, inteligencia artificial, nuevas metodologías, neurociencia o tecnología. Pero nada de eso alcanza si un docente no puede dar clase.

La autoridad pedagógica no significa autoritarismo. Significa que hay un adulto que puede conducir, enseñar, poner límites y cuidar el espacio común para que todos puedan aprender.

Les comparto mi nueva columna en LA NACION: “Caos en el aula”
https://www.lanacion.com.ar/opinion/caos-en-el-aula-nid26092026/

Si la leen, los leo y conversamos!
Un abrazo!
Laura

20/09/2026
20/09/2026

Hoy se murió mi viejo a los 90 años.
O a lo mejor partió hacia una nueva aventura.
No se me ocurre otra cosa que despedirlo con un cuento de un libro inédito, que no hace mucho escribí al descubrir ese atardecer de pasos lentos que nos estará esperando al final de nuestro tiempo.

Pañuelo (historia contada por Guadalupe, sobrina de Antonio).

Nadie me cree:
Mi abuelo es un ave.
Lo puedo ver cada día, cuando se pone encorvado, como al acecho de su presa; también al observar la forma que va tomando su nariz, cada día más puntiaguda, tan parecida al pico de un halcón.
Mi mejor amiga me dijo que cuando las personas se vuelven viejas les pasa eso.
Tal vez sea cierto, pero para nada se contradice con lo que sospecho. Es más, en un punto lo reafirma.
El otro día, sentada en el banco de una plaza me puse a observar a las viejitas y a los viejitos que pasaban. Andaban a paso lento, con sus espaldas dobladas, los ojos mirando de costado y las narices en punta.
¡Son aves!
¡Estoy segura!
En sus bastones hay otra pista. Quienes usan los de madera es porque extrañan a los árboles. Todo el mundo cree que esas viejitas y viejitos están llegando a la última etapa de sus vidas, ¡Eso es porque no se dieron cuenta de que son aves!
Si se supiera esto, la muerte sería de otra manera.
Los familiares correrían a la plaza más cercana, algunos con largavistas, otros con bolsitas de alpiste.
Aquellos viejitos o viejitas que no tienen a nadie serían buscados por picaflores, colibríes, cigüeñas o cualquier ave que ande cerca.
Hablando de las cigüeñas, hay quienes dicen que venimos al mundo traídos por ellas.
¡No se dan cuenta! No nos traen las cigüeñas; cuando llegamos somos cigüeñas que al pisar la tierra terminamos diciendo ajó, ajó, ajó.
Si llegamos siendo aves, ¿qué tendría de raro despedirnos del mundo también como aves?
Por otro lado, en todas las épocas, las mujeres y los hombres quisimos volar. Desde Leonardo Da Vinci y sus máquinas soñadas, el invento de los aviones no fue por avances tecnológicos, sino por nostalgia.
Siempre fuimos y seremos aves.
Alzaremos nuestras alas saludando al tiempo y nos iremos volando.
Cuando le llegue el turno a mi abuelo voy a llevar un pañuelo con flores bordadas en las esquinas que vi en el cajón de su mesita de luz, para saludarlo con el viento.

27/08/2026
26/06/2026

Quizá el arte sea eso: una respuesta desesperada cuando la realidad se llena de canallas. No porque salve el mundo por sí solo, sino porque nos recuerda que no todo está hecho de odio, cálculo y obediencia.
Cuando avanzan quienes solo saben destruir, señalar y embrutecer, crear belleza también es una forma de resistencia. Una manera de decir: todavía queda algo humano que no habéis conseguido arrasar.

27/05/2026

¿Cuántas veces planificás pensando en tus alumnos y cuántas pensando en lo que vos necesitás para sostener el ritmo?

Cuidar de vos es la condición previa para poder enseñar con claridad, empatía e impacto. Dejar la vida en el aula no es vocación, es el camino directo al burnout.

Te comparto 3 estrategias de autocuidado, de las muchas que encontrás en mi nuevo libro Cómo Gestionar Tu Aula Sin Gritar- Ni Enloquecer!

1. Agendá tus "No Negociables": No dejes tu descanso para "cuando te sobre tiempo" (porque nunca sobra). Bloqueá en tu agenda semanal al menos dos espacios de una hora dedicados exclusivamente a lo que te recarga las pilas: entrenar, leer, caminar o no hacer absolutamente nada. Acordate, si no está agendado, no existe.

2. Rompé el sesgo de hiperresponsabilidad: El aula es un espacio compartido, no una carga que tenés que llevar en soledad. Aprendé a delegar roles activos en tus estudiantes para la gestión diaria del aula.

3. Instalá un "Ritual de Desconexión": Tu cerebro necesita un límite físico y mental que marque el fin de la jornada laboral, especialmente si corregís o planificás en casa. Creá un hábito simple: guardar la computadora en un cajón, cambiarte de ropa apenas llegás, o dar una vuelta a la manzana al terminar. Avisale a tu sistema nervioso que el modo "alerta" ya se apagó.

El aula te necesita bien, no agotado.

¿Te sirve alguno de estos tres? ¿Tenés algún ritual propio?
Los leo en los comentarios.
Un abrazo!
Laura

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